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Europa acusa a China del fracaso de Copenhague, pero pide realismo

Los 27 recuperan la voz para pedir que se optimice el pacto de mínimos - Merkel: "Es un primer paso hacia un nuevo orden climático mundial"

La UE ha optado por el realismo para analizar el resultado de la Cumbre del Clima. "Ha sido decepcionante", declaró ayer a Sky News el ministro británico Ed Miliband, el único líder capaz de salvar el acuerdo a las siete de la mañana del sábado tras una noche de discusiones. El principal fallo del acuerdo, dijo, es que no incluye cómo hacer vinculantes los compromisos para lograr contener el ascenso de la temperatura en un máximo de dos grados. En el texto no se establece ni la concentración de CO2 necesaria para lograr ese objetivo, ni el año del máximo de emisiones, entre 2015 y 2020, ni la necesidad de que en 2050 sean la mitad que en 1990. Y Miliband culpó abiertamente de ello a Pekín: "Un pequeño número de países en desarrollo, entre ellos China, no querían un acuerdo vinculante", lamentó. Pero, aún así, lo juzgó un mal menor: "Las alternativas eran: falta de acuerdo o esto".

"Las alternativas eran esto o la falta de acuerdo", dice el ministro británico

La cumbre pone en entredicho la norma de la ONU de decidir por consenso

Miliband expresó en voz alta las impresiones de la mayoría de los delegados europeos en Copenhague. Durante los tres días perdidos por las protestas africanas sobre el procedimiento de diálogo, los negociadores europeos veían detrás una táctica de China, perteneciente al mismo grupo. "Los africanos daban la cara y los chinos estaban muy cómodos callados detrás poniendo palos en las ruedas. Quedabas en una reunión bilateral con ellos para desbloquear el proceso, te decían que sí pero luego no aparecían", resumió en los pasillos uno de ellos.

Los Veintisiete constataron con sorpresa que Pekín llegó a vetar la inclusión de objetivos de reducción de emisiones del 80% en 2050 para los países desarrollados. "Decían que si poníamos eso tarde o temprano se les exigiría a ellos", resumió el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. El resultado final es un texto no vinculante.

Pero Europa, relegada a un papel secundario en la cumbre, está empeñada en resaltar lo positivo del acuerdo. "Aquellos que sólo critican Copenhague se alinean con los que frenan" la lucha contra el calentamiento", afirmó la canciller alemana Angela Merkel, al diario Bild am Sonntag. "Copenhague es un primer paso hacia un nuevo orden climático mundial", señaló. El primer ministro danés, Lars Loekke Rasmussen, presidente de la cumbre, se pronunció en la misma línea: "Un acuerdo es mejor que nada".

Rasmussen ha dirigido la cumbre climática los días clave con una mentalidad cuadriculada, sin cintura ninguna para atraer a los países desarrollados ni autoridad para imponerse, como se vio en la última noche, cuando cinco países sin peso (Venezuela, Bolivia, Niacaragua, Cuba y Sudán) bloquearon durante 10 horas el plenario por su oposición al acuerdo. La representante de Bolivia cuya capital está a 3.000 metros de altura, llegó a decir que lo hacía por el futuro de las pequeñas islas, que sí aceptaban el acuerdo como única opción. El presidente de Maldivas, Mohamed Nasheed, presente hasta el final de la cumbre, les imploró que dejaran de bloquear el acuerdo, ya que con su postura, el llamado bloque bolivariano y Sudán impedían la puesta en marcha del fondo de arranque de 10.000 millones de dólares al año (6.900 millones de euros) a partir de 2010 para los países en desarrollo.

El mejor termómetro del resultado es que Pekín se felicitó ayer por los resultados "positivos y significativos", según el ministro de Exteriores, Yang Jiechi. Pekín cedió ante Obama en la transparencia y aceptó crear un nuevo sistema "internacional de consultas y análisis" que no interfiera en la "soberanía nacional". A cambio de ese sistema aún por definir, limó lo poco que tenía el acuerdo.

La duda que planea entre muchos delegados y observadores es qué va a pasar ahora. El sistema de Naciones Unidas, en el que las decisiones se toman por consenso, parece que ha llegado al límite. Si, como ha ocurrido, los acuerdos se resuelven entre los grandes en una sala a puerta cerrada, en un pabellón tomado por la policía, sin apenas ONG y con el pleno vetado a la prensa, entonces eso se parece poco a la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas y más a la Organización Mundial del Comercio. Oxfam espera que la ONU cambie su sistema de gobernanza para que el consenso no sea imprescindible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de diciembre de 2009