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Reportaje:LA CUENTA ATRÁS DEL CLIMA / 13: IRÁN | La cumbre de Copenhague

La gran marea roja

Una repentina eclosión de algas en el golfo Pérsico pone en alerta las costas y daña la pesca - El Gobierno cifra en 30 toneladas los peces muertos al año

Una eclosión de algas amenaza con teñir de rojo las costas iraníes del golfo Pérsico. La marea roja es un fenómeno natural de esta región que suele producirse en verano, cuando aumenta la temperatura de las aguas. Sin embargo, por segundo año consecutivo, la anormal concentración de microorganismos responsable de ese enrojecimiento del mar ha sido detectada fuera de temporada. Los expertos locales lo atribuyen al calentamiento global del planeta, pero en Irán aún queda mucho trabajo de educación pendiente para sensibilizar a la población sobre este problema.

El color rojizo que muestran algunas playas procede de un alga, la Cochlodinium polykrikoides, endémica del golfo Pérsico y que no es tóxica para los seres humanos. Sin embargo, el repentino aumento en su concentración la convierte en letal para los peces, ya que produce radicales de oxígeno dañinos para sus agallas y que pueden llegar a causarles la asfixia. Esa eclosión se ve favorecida por temperaturas del agua de entre 22 y 27 grados centígrados en condiciones de elevada salinidad (28%-32%) como las que prevalecen en ese mar, y también por actividades humanas como el dragado o los vertidos de aguas residuales y productos contaminantes.

El cambio climático "es un castigo de Dios por la relajación moral", dice Ramín

Su impacto en la vida marina ha puesto en alerta a la industria pesquera. La Organización para la Protección del Medio Ambiente de Irán estimó el invierno pasado que la marea roja había acabado con 30 toneladas de peces, pero la Organización Veterinaria eleva esa cifra a 45 toneladas, con un coste estimado de 500 millones de dólares (342 millones de euros). Los científicos, por su parte, advirtieron del daño al ecosistema y en particular a las formaciones coralinas.

En algunas áreas se llegaron a detectar concentraciones de hasta 27 millones de microorganismos por litro, según un estudio de la Organización Regional para la Protección del Medio Marino (ROPME). Las lluvias de primavera refrescaron el agua y lograron reducir la concentración hasta las 10.000 unidades por litro. Sin embargo, el fenómeno ha vuelto a detectarse el mes pasado frente a las costas de Emiratos Árabes Unidos y es sólo una cuestión de tiempo que alcance el litoral iraní, entre 50 y 150 kilómetros más allá.

Pero la marea roja no fue el único signo del calentamiento que los iraníes percibieron el invierno pasado. Para sorpresa de un país de clima continental extremo, los meses de abrigo y bufanda resultaron excepcionalmente cálidos, hasta el punto de que en algunas ciudades se encendieron los aires acondicionados ya a principios de marzo. Las inusuales temperaturas se suman a la ausencia de lluvias. En su último informe sobre el cambio climático, la Asociación de Naciones Unidas de Irán, destaca que "en la última década, al menos ocho años han sido de sequía en Irán y los países vecinos".

"Los caudales de agua en algunos de los ríos iraníes se están reduciendo, la nieve de las montañas se derrite como mantequilla calentada, muchos pozos se han quedado secos y los agricultores", escribía M. A. Saki de la agencia Mehr el pasado marzo. El reportaje estaba ilustrado por unas fotografías que mostraban el cauce seco del Zayandeh, a su paso por Isfahán. Las imágenes eran de un gran simbolismo, ya que las riberas de ese río han sido el centro de la vida social de esa ciudad histórica y, sin embargo, pocos de sus habitantes parecen conscientes de la catástrofe.

"Es un castigo de Dios por la relajación moral de la población", contesta Ramin cuando se le inquiere por la ausencia de agua bajo el famoso Puente de los Treinta y Tres Arcos (Pol-e Si-o se). Otros interlocutores, más materialistas o más cínicos, lo atribuyen a un supuesto "desvío para regar las plantaciones de pistachos" de un influyente hombre político o a un "lucrativo proyecto secreto de las autoridades para vender agua a los kuwaitíes".

Cualquier explicación es válida para no abordar la realidad. Los iraníes, como millones de ciudadanos en todo el mundo, están contribuyendo al calentamiento con su forma de vida y su falta de atención al medio ambiente.

"Irán es el séptimo emisor de gases con efecto invernadero a nivel mundial y el primero en Oriente Medio, por delante de Arabia Saudí", ha declarado Farrokh Mostofí. Este investigador iraní, una de las escasas voces críticas en el país, ha advertido que las consecuencias de no tomar medidas suponen "una amenaza más grave que las sanciones por el asunto nuclear", que sin embargo parece monopolizar la atención de sus gobernantes.

Mostofí defiende del desarrollo de "nucleares para frenar la emisión de gases derivada del procesamiento del crudo". Pocos se atreven a abordar el núcleo del problema: el desmesurado consumo de energía que propicia el sistema de subvenciones públicas.

Esmail Kahrom, otro especialista, estima que ese consumo es 2,5 veces el de Japón (un país que tiene 125 millones de habitantes frente a los 75 de Irán) y denuncia además la falta de eficiencia que hace que "Irán bata todos los récords mundiales en pérdida de energía". Kahrom ha denunciado en los medios locales que su Gobierno no haya enviado un grupo de especialistas a Copenhague, ni consultado con organizaciones para elaborar un plan.

Antes de viajar a Copenhague, el presidente del Centro para el Cambio Climático de Irán, Mohammad Soltanieh, aseguró que el 75% de las emisiones de CO2

que produce su país se derivan del consumo de energía.

Punto de partida

- Emisiones. Irán, con 471 millones de toneladas de CO2 emitidas al año, era en 2006 (último año con datos) el décimo país más contaminante del mundo. Los últimos datos oficiales indican que ya es el séptimo.

- Postura ante Copenhague. Como potencia petrolífera, es reacio a poner límites estrictos en las emisiones. Además, aduce que tiene derecho a aumentar los gases que libera, ya que lo necesita para su desarrollo.

- Qué se juega. El golfo Pérsico, cerrado y con intenso tráfico marítimo, es uno de los brazos de mar más contaminados del planeta. Además, la sequía es una amenaza constante, y los ríos han perdido caudal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de diciembre de 2009

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