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Tribuna:

Ciberliteratura, ¿y por qué no?

Quienes hemos optado por mezclar en la creación literaria elementos del cibermundo, y en particular quienes hemos admitido que eso puede incluir alguna forma de interactividad con el lector y de hibridación de las fórmulas narrativas tradicionales con los lenguajes y recursos desarrollados en la Red, nos exponemos a ser tildados por ello de oportunistas o frívolos. Para los guardianes de las esencias, este proceder desvirtúa la pureza de la creación literaria, sometiéndola a unas tensiones intolerables que afectan a su autenticidad o directamente la despojan de cualquier potencial de excelencia artística.

No diré, desde mi experiencia, que la escritura interactiva, o cualquier otra posible combinación con recursos procedentes de la cibercultura, es el ideal al que todo escritor debe tender, ni siquiera por ir con el signo de los tiempos o conservar su influencia en la sociedad de la información. Yo sigo disfrutando de la vieja escritura solitaria y de escribir historias que apenas me interesan a mí y a cuatro más, y no pienso renunciar a ello.

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Pero haber probado lo otro me demuestra que es una posibilidad válida, no exenta de riesgo y desafíos creativos, y que propicia a veces sorprendentes hallazgos. Además de implicar de una forma peculiarmente intensa al lector; ese personaje, no lo olvidemos, sin el que quienes escribimos no seríamos nadie, y al que, en los tiempos que corren, no nos sobran formas de atraer.

Lorenzo Silva es autor de la novela El blog del inquisidor (Destino).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de octubre de 2009