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Editorial:

El mandato de Uribe

El presidente colombiano insinúa que no será candidato en 2010 a una segunda reelección

Álvaro Uribe, presidente de Colombia, parece ir acercándose, aunque tortuosamente, al día en que anuncie atinadamente que no piensa presentarse a un tercer mandato. Pero que nadie dé nada por seguro hasta entonces, porque, pese a toda la evidencia en contrario, es probable que el líder, que concluirá su segundo periodo en agosto de 2010, aún no haya tomado una decisión definitiva sobre su futuro.

Esta semana Uribe llegó a decir que sería "inconveniente" un tercer mandato; hace unas semanas el aún ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, dimitía para postularse como candidato, aunque sólo en caso de que no lo hiciera el presidente; y ayer éste le agradecía en una carta pública su labor en el desarrollo de la política de "seguridad democrática", con la que ha hecho retroceder decisivamente a la guerrilla de las FARC, y devuelto la confianza en sí mismo a gran parte del país.

Uribe, según las mejores fuentes, estaba de acuerdo en no presentarse de nuevo si, de entre sus partidarios, surgía una candidatura con buenas posibilidades de victoria que garantizara la continuidad de su política, como podría ser Santos. Y esa situación es la que hoy se perfila ante la división de la izquierda colombiana. Su encarnación, el Polo Alternativo Democrático, heterogénea coalición que va desde el liberalismo al comunismo, parece hoy con escasas posibilidades de victoria, porque su voto estará previsiblemente dividido entre tres: el candidato oficial, el senador Carlos Gaviria; un más que probable candidato escisionista, el también senador Gustavo Petro; y el centrista, Lucho Garzón, que ayer anunciaba que dejaba el partido para presentarse como independiente.

Uribe tiene hasta noviembre para decir la última palabra, porque para que pueda ser candidato hay que llevar a cabo una reforma constitucional que implica el voto de las dos Cámaras, la aprobación de la Corte Constitucional y un referéndum, todo lo que obligaría a trabajar con el tiempo justo para presentarse en junio de 2010, pero sin garantía de éxito. El presidente colombiano debería dar paso a otros aspirantes, aunque no saquen matrícula de honor en uribismo, porque todo lo que podía hacer por su país ya está hecho. Justamente cuando alguno de sus vecinos parece creerse enviado de la Providencia, es el momento de demostrar que el presidente no está hecho de esa pasta mesiánica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de mayo de 2009