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62º edición del Festival de Cannes

Otra inmersión violenta y controvertida en la venganza

"La venganza es un plato que se sirve frío". Bajo esta premisa, el polifacético y controvertido Quentin Tarantino (Knoxville, 1963) ha logrado cimentar su filmografía y su prestigio cinematográfico, que ya despuntó hace 17 años con Reservoir dogs. Recibió la Palma de Oro en 1994 por la insólita Pulp fiction. Presento en competición Kill Bill: vol 2 y Death proof. Presidió el jurado en 2004. Vaca sagrada del certamen francés, retornó ayer a la Croisette con su Malditos bastardos, fabula violenta y sarcástica protagonizada por un reparto encabezado por Brad Pitt.

"Estar en Cannes es un sueño. Son los juegos olímpicos del cine, el nirvana del séptimo arte, porque aquí las imágenes realmente importan. Y yo soy un director estadounidense que hace películas para todo el planeta", alardeó Tarantino, sonriente frente a una multitud de periodistas.

Con esta nueva extravagancia, que viaja en el tiempo hasta la ocupación alemana de Francia durante la II Guerra Mundial, el realizador se aproxima al cine bélico. "Un género en el que aún no había trabajado", aseguró. Se trata de una versión, al estilo Tarantino, de Quel maledetto treno blindato, de Enzo Castellari, cuya esencia es, una vez más, la venganza. "En realidad, sólo he tomado aquel momento histórico y le he incorporado mis ideas, mis personajes, con mi estilo muy personal".

Diversos acentos

Estructurada en cinco capítulos, la historia arranca con el clásico "Érase una vez, en la Francia ocupada por los Nazis...". Es 1940. El teniente Aldo Raine recluta un grupo de soldados judíos, "los bastardos", para tomar brutales represalias contra los nazis. "No se trata de una fantasía judía en clave humorística. Obviamente nada de esto ocurrió. Son mis personajes los que cambian la guerra. Si ellos hubiesen existido podrían haber alterado el futuro de la historia. Amo a mis personajes porque, como un Dios, soy su creador". "Y ésta es una metáfora sobre el poder del cine", añadió.

Perspicaz y ocurrente, Tarantino destacó la relevancia del reparto internacional: "Los franceses debían tener acento francés; los estadounidenses, inglés, y los alemanes, claro está, el alemán. El único que debía ser un genio políglota era el coronel nazi, personaje brillante que me ha obsesionado durante los 10 años que he dedicado al guión. Fue muy difícil encontrarlo. Y pensé tirar la toalla y cancelar el rodaje; apareció Christoph Waltz, provocándome un maravilloso efecto liberador". El actor alemán, que encarna a este voraz "cazador de judíos", aseguró: "Con un director como Tarantino, tú sólo haces lo que debes, sin dudar. Estás en las mejores manos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de mayo de 2009