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Reportaje:

Platonov, un héroe moderno

El CDN y Gerardo Vera estrenan un Chéjov de juventud poco representado

"A Hamlet le da miedo soñar, a mí me da miedo vivir". Ese dolor producido por el simple hecho de existir y que se encuentra en los grandes textos de Anton Chéjov ya aparece en una obra de juventud, Platonov, autor además de la reveladora frase.

El teatro español, a lo largo del siglo pasado, ha transitado mucho por Chéjov y sus obras fundamentales del teatro universal, pero poco se conoce Platonov (tan sólo un montaje en catalán de Pere Planella). Con él se ha atrevido Gerardo Vera, director del montaje y del Centro Dramático Nacional. El espectáculo que ultima estos días es una producción conjunta con el Festival Internacional Chéjov de Moscú, que acogerá el espectáculo en junio de 2010 en la capital rusa, que celebrará el 150 aniversario del nacimiento de Chéjov. Será después de su estancia entre el 19 de marzo y el 24 de mayo en el teatro María Guerrero de Madrid, y después de la gira.

La versión de Juan Mayorga deja la obra de ocho horas en menos de tres

La versión del dramaturgo Juan Mayorga ha dejado el original de casi ocho horas en poco más de dos y media, aunque él habla de concentración y no de reducción. La llaman Platonov, uno de los muchos títulos que se han dado a esta obra, que tras estar años desaparecida, se encontró en 1922 en una caja fuerte de un banco y cuyo nombre original es Pieza inacabada para un piano mecánico, título que le dio el cineasta Nikita Mikhalkov en su filme de 1977.

"Platonov es una obra sobre la caída de un hombre y sobre la extinción de un mundo; Chéjov descubre en ella personajes, espacios, atmósferas y tensiones que dominarán posteriormente sus obras de madurez", dicen Mayorga y Vera de este texto que sienten atravesado por una línea de fiebre, de locura, de vértigo que le proporciona algo diferente y singular con respecto a todo su teatro. "Platonov es un pedagogo de la destrucción", dice Mayorga, "un hombre que tiene una mirada severamente crítica hacia cuanto le rodea, pero finalmente dirige contra sí mismo esa mirada, sólo destructora, no hay alternativa ni utopía posible; él es el testigo lúcido del viaje hacia la muerte de una sociedad que cree ser eterna, cuando en realidad está mortalmente enferma, desenmascara a una sociedad podrida, pero esa lucidez va a hacer más dolorosa su propia caída".

A Vera le interesa mirar el texto con una sensibilidad acorde con el espectador de hoy: "Pero no he querido actualizarlo, sino trabajar los conflictos dramáticos, que en Chéjov surgen como un río tranquilo, transformándolos en torrentes caudalosos con una importante violencia emocional", señala Vera quien cree que Platonov es un héroe rabiosamente contemporáneo: "Le falta preparación para la vida y posee un descomunal egocentrismo, es un espejo perverso que saca todo lo malo y turbio de los demás", dice del personaje que interpreta Pere Arquillué, quien sostiene que Platonov tiene una profundidad interminable. Su compañera Carmen Machi, que se enfrenta a su primer Chéjov, añade: "En la obra aparentemente no pasa nada y sin embargo encierra todos los vicios, las carencias y los entresijos del alma humana".

Vera, que habitualmente se encarga del espacio escénico, ha dejado ese trabajo a Max Glaenzel y Estel Cristiá que han creado una escenografía austera y moderna, alejada de las que suelen ambientar textos de Chéjov y en la que se mueven los actores, entre los que están también Mónica López, Pep Cortés, Gonzalo Cunill, Jordi Dauder, María Pastor, Sonsoles Benedicto, Paco Obregón, Elisabeth Gelabert, David Luque, Toni Agustí, Jesús Berenguer, Raúl Fernández y Antonio Medina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de marzo de 2009