Reportaje:

Billete de vuelta a la ciencia

Ikerbasque recupera a investigadores consagrados en el extranjero - El matemático Enrique Zuazua ha regresado para dirigir el BCAM

La Fundación Ikerbasque, adscrita a Educación, ha incorporado en dos años al sistema científico vasco a 75 investigadores procedentes de los centros más prestigiosos del mundo. A algunos les tentó unirse a los equipos más reconocidos de la UPV, mientras que otros querían participar en el nacimiento de proyectos prometedores como el CIC Nanogune. Entre esos 75 fichajes se cuentan seis investigadores vascos de tanta talla como el biólogo Ugo Mayor, el filósofo Javier Echevarria o el matemático Enrique Zuazua. Materializan el segundo objetivo que persigue Ikerbasque: recuperar a los talentos autóctonos que han consolidado su carrera fuera de Euskadi.

Zuazua (Eibar, 1961), Premio Euskadi de Investigación 2006 y Premio Nacional de Investigación Julio Rey Pastor, ha regresado para dirigir uno de los tres centros de ciencia básica impulsados por Educación. El BCAM (siglas en inglés de Centro Vasco para las Matemáticas Aplicadas) ha supuesto el proyecto profesional ideal para que este investigador hiciese realidad su anhelo de volver a Euskadi. El trabajo de su equipo abarca aplicaciones dispares como la aeronáutica, la detección de petróleo o incluso de tumores cancerígenos.

"La renovación se hace sin dar la espalda a los mayores que la hicieron posible"
"Centros como el BCAM deben aumentar la vocación científica con divulgación"

Su cambio de rumbo coincide con el de la sociedad vasca, inmersa en una apuesta por la innovación que Zuazua considera "viable y necesaria". "Me alegra comprobar que esta renovación se esté haciendo sin dar la espalda a los mayores que la hicieron posible", reflexiona. Él también acostumbra a echar la vista atrás: cuando sale de su laboratorio, busca en las cercanías de la Ría que aún no han sido maquilladas vestigios del Bilbao que dejó en 1984. Abandonó para desarrollar su carrera investigadora una ciudad marcada por la reconversión industrial y la tensión social, en la que "hasta parecía que hacía peor tiempo", asegura.

Tras dos décadas de "la vida nómada propia de los científicos" que le llevó a investigar en centros de EEUU, Reino Unido, Francia y Brasil, se había asentado como catedrático de la Autónoma de Madrid, pero el cuerpo le pedía regresar al País Vasco. Cuando pudo conciliar ese deseo con las necesidades de su familia y una oferta profesional jugosa, no lo dudó .

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Pese a que en su caso pesara la nostalgia, no le sorprende que científicos de prestigio abandonen universidades como Harvard o Cambridge por una región con escasa tradición investigadora y en plena transformación. "La vasca es una sociedad acogedora, con una riqueza natural indiscutible y un buen desarrollo económico. Euskadi es un destino atractivo, porque los científicos no sólo buscamos producir más, sino tener calidad de vida", argumenta. Por ello, frente a quienes hablan de fuga de cerebros, prevé la consolidación de un polo científico vasco del que los investigadores salgan y entren con fluidez. "Para lograrlo, centros como el BCAM deben contribuir a aumentar la vocación científica a través de actividades de divulgación", concluye.

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