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Reportaje:

Mortier dice 'sí, quiero' al Teatro Real

El gestor musical más deseado de Europa ocupará la dirección artística desde 2010

Al final, la jugada ha salido como una auténtica carambola. El relevo en la dirección artística del Teatro Real va a producirse en 2010 a lo grande. Gérard Mortier, el gran pope de la gestión cultural internacional y el más deseado por los teatros de ópera y festivales de todo el mundo, desarrollará un ambicioso proyecto artístico en el Teatro Real de Madrid. Ayer, el actual director de la Ópera de París, cargo que dejará el año que viene, llegó a un primer acuerdo con los responsables del coliseo madrileño para unirse, en principio, al teatro por espacio de cinco años.

El acuerdo fue alcanzado en París entre Mortier -justo al día siguiente de festejar su 65 cumpleaños y tras estrenar un triunfal Fidelio en el Palais Garnier-, Gregorio Marañón, presidente del patronato, y Miguel Muñiz, director general del teatro. Ambos se mostraron "ilusionadísimos" ante la nueva etapa del Real con Mortier al frente. Cultura y la Comunidad de Madrid, que son los pesos pesados públicos del patronato, apoyaron totalmente la apuesta, según Muñiz y Marañón.

El ex director de Salzburgo hará rotar a varias batutas en el foso

El nuevo 'patrón' del Real exige tener las manos libres en su gestión

La negociación ha resultado muy fácil y muy fructífera. "Desde el principio hemos coincidido plenamente en las grandes líneas que debe seguir el teatro y en los problemas y los retos a resolver", señaló el director general. Ya sólo falta estampar la firma. Todo quedará preparado para principios de diciembre. La primera semana del mes que viene, Mortier llegará a Madrid, donde el día 2 protagonizará una conferencia de prensa en compañía de Miguel Muñiz. Ese día, ambos avanzarán las líneas del proyecto artístico y algunas cuestiones importantes por resolver como, por ejemplo, quién se hará cargo de la orquesta. Ambos puestos, la dirección artística y la musical habían quedado sin confirmación a partir de septiembre de 2008. Este pasado verano, la comisión ejecutiva del teatro comunicó a Antonio Moral y a Jesús López Cobos, los responsables de ambas áreas, que no continuarían en el coliseo madrileño.

El primero, en principio, iba a ser reemplazado por Stéphane Lissner, actual director de la Scala. El teatro comenzó serias negociaciones con él. Pero en mitad de ellas, la opción de Mortier, muy ilusionante para los responsables y para el ministerio de Cultura, entró en juego. El gestor belga anunció que no se incorporaría a la New York City Opera después de que le redujeran drásticamente los presupuestos. Mortier iba a pasar de París a Nueva York en 2009 pero, de repente, quedó libre.

Lissner, además, anunció que seguiría en la Scala, algo que cayó como un jarro de agua fría para quienes estuvieron tres meses negociando con él. Toda la ofensiva se centró a partir de entonces en Mortier. Sus reticencias eran varias. Algunos de los montajes ya comprometidos para dentro de dos años no le convencían. Mortier cree que los cuerpos estables del Real -coro y orquesta- no están hoy por hoy preparados para asumir espectáculos de semejante nivel de exigencia.

Al futuro responsable artístico le preocupa especialmente la parcela musical. Quiere tener las manos libres para hacer y deshacer en este terreno. Su idea es disponer de un equipo de directores de confianza, en un plan según el cual varias batutas se turnarían al frente de la orquesta. Todos coinciden en señalar a la Sinfónica de Madrid como el talón de Aquiles del Teatro. La base del futuro proyecto empieza por plantear un revulsivo serio en este campo.

Gregorio Marañón asegura que la propuesta de Mortier para el Real era la que más se ajustaba a las expectativas. Su nueva fórmula, según Marañón, permitirá "el paso de diversos directores de orquesta por el teatro, que se volcarán, además de en la parte musical, en la parte docente de la orquesta y el coro". Mortier hará rotar a un plantel de directores con los que trabaja habitualmente. Uno de ellos es Sylvain Cambreling; otro puede ser el joven granadino Pablo Heras, a quien Mortier y otros músicos de culto como Pierre Boulez han puesto bajo su manto.

Con Mortier en el teatro se abre una etapa apasionante. Su trabajo en el Festival de Salzburgo en la década de los noventa le reveló como un auténtico intelectual, agitador de conciencias y creador ambicioso. Él ha colocado la música y el arte escénico en el siglo XXI como algo vivo y vigente. Su trayectoria posterior en la Ópera de París también ha estado labrada de éxitos. Y de polémica. Nunca rehuye la agitación y el debate. No deja a nadie indiferente. Con su llegada se abren unas expectivas y unos interrogantes apasionantes: ¿cómo encajará el público conservador de Madrid los golpes de Gérard Mortier?

Todas las miradas internacionales quedan puestas en el Real de Mortier. Haga lo que haga, de eso no hay duda. "Será este teatro quien marque la pauta con los montajes, no otros", comenta Marañón. La temporada 2010 se abrirá con una propuesta suya. Comienza el espectáculo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de noviembre de 2008