"La globalización lleva al mundo gris"
Abraham B. Yehoshúa (Jerusalén, 1936) estuvo en Barcelona el día después de que la ciudad fuera elegida sede de la Unión por el Mediterráneo para hablar sobre la identidad de los judíos sefardíes, expulsados de España en 1492. En su opinión, las raíces de esa identidad se hallan en el espacio mediterráneo cuya característica es la de integrar al "otro": el judío, el musulmán, el cristiano. De familia supuestamente sefardí procedente de Grecia, establecida en Israel en el XIX, Yehoshúa ha afrontado la identidad en todas sus novelas, desde El amante (1977) hasta Una mujer en Jerusalén (editada ahora en España por Anagrama y Proa, en catalán), la búsqueda de los orígenes de una mujer humilde muerta en un atentado suicida en Jerusalén.
Galardonado con importantes premios (Booker, Israel de Literatura y el Grinzane Cavour, entre otros), forma parte de una generación de autores israelíes (Amós Oz, David Grossman) muy comprometida con su país. Yehoshúa ha sido un activo militante de Shalom Ashraw (Paz Ahora), movimiento sionista democrático que aboga por la reconciliación y rechaza la ocupación de territorios.
Pregunta. ¿Cómo ha vivido la elección de Barack Obama?
Respuesta. Con emoción. Cuando oí su discurso en el Grant Park, lloré. No me ocurría desde la visita de Sadat a Israel y el entierro de Isaac Rabin. Me gusta cómo integra códigos tan diferentes: sus raíces africanas, indonesias y musulmanas. Una esperanza para el mundo.
P. ¿Especialmente para Israel, tan unido a EE UU?
R. Esta dependencia ha hecho daño a Israel. Es una relación basada en el mito: el mito del sionismo, de la Tierra Prometida, por un lado, y el de la tierra americana, como el lugar de las oportunidades y libertades, por el otro. En ambos casos, lo religioso es determinante; yo desconfío de eso.
P. ¿Tanto daño hace el mito en la construcción de identidades?
R. Enorme. El fanatismo árabe se basa en el mito, como la identidad israelí forjada en el siglo XX, que ha tenido como terrible destino el fracaso de Auschwitz. Por eso defiendo la búsqueda de los orígenes en el Mediterráneo: es el regreso a la historia.
P. ¿Qué le parece la elección de Barcelona como sede de la Unión por el Mediterráneo?
R. Hubiera preferido Sicilia. Es una isla, está en el centro mismo y presenta una gran densidad de cultura mediterránea: romanos, griegos y árabes estuvieron ahí.
P. Pero usted defiende un sionismo político, no sólo cultural.
R. Es como el vestido y la piel. La defensa de la lengua sefardí, el ladino, el folclore, todo eso está bien, pero debe concretarse en un sionismo civil que defienda el territorio, la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. Es lo que llamo la identidad israelí total, la responsabilidad basada en decisiones morales, esto es, políticas.
P. ¿La defensa de la lengua hebrea es también piel?
R. Por supuesto, es parte fundamental de nuestra identidad. Es un milagro que estando medio muerta a principios del XX hoy sea hablada por todos los israelíes. Y hay que defenderla: la presión del inglés es enorme. Todo eso, el territorio, la lengua, la seguridad, es sionismo civil opuesto al sionismo religioso, responsable de la gran catástrofe de la historia judía reciente.
P. Aboga pues por la defensa de las identidades locales.
R. La globalización lleva al mundo gris. Sólo las culturas locales pueden defender la pluralidad.
P. ¿Y qué hacer con la identidad palestina?
R. Pues también debe ser civil, contar con su Estado. En Israel, el 20% de la gente es árabe. Son ciudadanos israelíes, con sus derechos, y desde hace 60 años convivimos, con diferencias y dificultades. Eso honra a las dos identidades y a nuestra historia común."El fanatismo árabe se basa en el mito, como la identidad israelí del siglo XX" "Me gusta cómo Obama integra sus raíces africanas y musulmanas"

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