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Crisis financiera mundial | Impacto en los mercados

La crisis financiera pone contra las cuerdas a los países emergentes

Hungría, Ucrania, Islandia, Bielorrusia y Pakistán piden ayuda al FMI - Brasil y México intervienen masivamente en defensa de sus divisas

Ya no hay refugio donde guarecerse. La teoría del desacople -según la cual los países emergentes podrían, por una vez, amortiguar el impacto de la crisis financiera de EE UU y Europa- ha saltado por los aires. Países de Europa del Este, Latinoamérica y Asia han visto desplomarse sus Bolsas, sus bonos y sus divisas. Algunos han tenido que pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras que otros, como Brasil o México, intervienen para defender sus monedas.

La impresión general de que la nacionalización de los fondos de pensiones privados en Argentina obedece a las dificultades financieras del país ha provocado un efecto en cascada. El fantasma del impago ha disparado la prima de riesgo de la deuda de los países emergentes hasta su máximo en seis años y ha acelerado la depreciación de sus monedas.

El desplome de las materias primas y la retirada de capitales elevan la presión

Las grandes economías emergentes afrontan la retirada masiva de capitales de inversores, que necesitan dólares para cubrir sus devaluadas posiciones en los mercados de valores y deuda de países avanzados. Además, las perspectivas de una recesión en las economías industrializadas ha provocado una fuerte caída del precio de las materias primas, claves en la balanza comercial y financiera de buena parte de los emergentes.

La fuga de capitales, la especulación o el pánico se ha cebado con monedas como las de Brasil, México, Turquía, Hungría, Polonia o Corea del Sur, lo que ha llevado a algunos de esos países a salir en defensa de sus divisas.

Brasil tuvo que sacar la artillería pesada y anunciar una intervención masiva en el mercado de divisas. Su banco central, que ya ha destinado este mes unos 18.000 millones de euros a la defensa de la cotización del real, ha decidido gastarse otros 40.000 millones. El mero anuncio dio un respiro al real, que aun así pierde un 28% de su valor frente al dólar en tres meses. El banco central mexicano también elevó ayer a unos 10.500 millones de euros la cifra empleada en defender a su moneda, que acumula una devaluación del 26%. Incluso Chile, la economía más estable de la región, padece los rigores de la crisis: el precio del cobre, su principal producto de exportación, cae un 57% por el enfriamiento de la demanda mundial.

Los países emergentes afrontan esta crisis en mejor situación que otras veces, pero la acumulación de reservas y el superávit exterior son mucho más abultados en Asia y los productores de petróleo árabes que en Latinoamérica y Europa del Este.

Precisamente, los países del antiguo bloque soviético son el otro foco de preocupación. Bielorrusia crecía aún al 10,6% a principios de año. Pero su expansión, basada en las exportaciones de materias primas y el endeudamiento para alimentar inversiones y consumo, se enfrenta a un drástico parón. Acaba de lograr un préstamo de 1.800 millones de Rusia y es el último país en sumarse a la lista de peticiones de ayuda al FMI, porque apenas cuenta con 4.000 millones de reservas cuando debe pagar en 2009 casi 3.000 millones en intereses de deuda. Ucrania también negocia con el Fondo un crédito de 12.000 millones para evitar el colapso de su sistema bancario. Hungría, Islandia y Pakistán también han recurrido al FMI.

La presión sobre los países emergentes dio ayer otra vuelta de tuerca cuando la agencia Standard & Poor's anunció que estudia bajar la calificación de la deuda de Rusia. El Ejecutivo de Dimitry Medvedev ha tenido que desembolsar ya 200.000 millones de euros para afrontar la crisis (con inyección de capital a los bancos incluida). Y la sangría de reservas (24.000 millones de euros en dos semanas) para sostener al rublo se acelera, minando una posición que se creía inexpugnable (con 480.000 millones de euros, Rusia es el tercer país con más reservas, sólo tras China y Japón).

Las dificultades por las que pasan varios países para sostener la cotización de sus monedas ha devuelto cierto protagonismo al FMI, cuya actividad fue casi nula (sus préstamos no llegaron a 1.600 millones) en 2007. Ahora, el Fondo pone a prueba su nuevo credo: menos condiciones a los receptores de los préstamos y más facilidades para devolverlos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de octubre de 2008