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Crisis financiera mundial | La intervención de Washington

EE UU acaba con 80 años de banca de inversión forzado por la crisis

La Fed permite a Goldman Sachs y Morgan Stanley operar como bancos comerciales - Mitsubishi compra el 20% de la segunda entidad del sector

Estados Unidos remató ayer el fin de una era en el sistema financiero internacional. El Banco Central norteamericano, la Reserva Federal, aprobó la conversión de Goldman Sachs y Morgan Stanley, los dos últimos bancos de inversión independientes, en bancos comerciales regulados y supervisados como el resto de entidades. Ambas compañías llevaban meses reclamándolo.

La virulencia de la crisis financiera barre de un plumazo un modelo bancario de casi 80 años de historia, que permitía a estos grupos tomar grandes riesgos con menos controles que los bancos tradicionales. La Administración Bush cierra así, prácticamente con mano militar, la mayor intervención de un Gobierno en la economía: punto final para la banca de inversión, que los expertos señalan como uno de los catalizadores de la crisis, y amplios poderes del Tesoro sobre el sistema financiero, con 700.000 millones de dólares (475.317 millones de euros) para sacar a Wall Street del atolladero.

Ambas firmas podrán captar depósitos y tendrán mayores controles

"Ser como Goldman Sachs", ése ha sido el mantra de Wall Street y de la banca internacional en los últimos años. Ya no. El huracán financiero ha herido a la aristocracia del sistema: Bear Stearns desapareció en marzo, Lehman Brothers quebró la semana pasada y Merrill Lynch se vendió a toda prisa a Bank of America. Sólo quedaban Goldman Sachs y Morgan Stanley. Pese a tener los balances más saneados por la limpieza practicada en los últimos trimestres, la especulación se cebó en ellos. El nuevo golpe de mano de la Reserva Federal supone un cambio de estatus y un rediseño del modelo bancario estadounidense.

Morgan Stanley unió ayer a esa nueva condición de holding bancario un socio adicional, que se hará con hasta un 20% del capital. Tras los rumores que situaban en la órbita de una operación corporativa al grupo a CIC -el fondo soberano del Gobierno chino- o a Washington Mutual, el banco japonés Mitsubishi UFJ anunció un acuerdo con la entidad por unos 8.400 millones de dólares (5.703 millones de euros), en función de la cotización. Las acciones de Morgan Stanley subieron un 10%. Tanto la entrada de un nuevo accionista como la transformación en holding bancario tradicional "aseguran que Morgan Stanley estará en una posición sólida, con estabilidad y flexibilidad para acometer nuevas oportunidades", explicó el primer ejecutivo, John J. Mack.

Ambas entidades seguirán en lo alto de todas las listas. Goldman será el cuarto mayor holding bancario y persigue ahora elevar sus depósitos "tanto con el crecimiento normal del negocio como con adquisiciones". "Bajo la supervisión de la Fed seremos un banco más seguro y con fuentes de ingresos más diversificadas", admitió Lloyd Blanktein, presidente de Goldman Sachs. De este grupo, por cierto, procede el secretario del Tesoro, Henry Paulson, el hombre fuerte de Bush para suavizar el huracán.

Las crisis barren con todo y después preguntan: "Destrucción creativa", lo llaman los libros de economía. Prácticamente todo el sector financiero está contra la pared, con desplomes en Bolsa y un agujero en forma de activos dañados que no se detiene tras unos años de excesos, de beneficios sensacionales y de una gestión del riesgo discutible. En los últimos años, los bancos comerciales se lanzaron a hacer banca de inversión, y viceversa, con endeudamientos que ahora pasan factura. Las turbulencias dejan como ganadores a los bancos tradicionales: Bank of America, Deutsche Bank o Santander, por ejemplo, con ingresos más recurrentes y más protegidos contra turbulencias. Aunque la banca de inversión se resiste al cambio.

La medida transforma la operativa de los dos gigantes, que obtuvieron buenos resultados en el último trimestre. En los últimos años han asesorado a Gobiernos y al sector privado en fusiones, adquisiciones, salidas a Bolsa y prácticamente toda la compleja operativa de las altas finanzas. El cambio exigirá más garantías de capital, pero a la vez aumentará los controles con la supervisión directa de la Reserva Federal, añadida al examen del supervisor bursátil. Les dará más acceso a la liquidez del banco central y más posibilidades de crecer con depósitos. Pero en el fondo es un duro golpe para la púrpura de Wall Street, para la aristocracia que manejó los mercados hasta acercarse demasiado al ojo del huracán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de septiembre de 2008