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Rusia y China rechazan el despliegue del escudo antimisiles estadounidense

Medvédev acuerda con Hu Jintao la venta de tecnología y combustible nuclear

El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, y su colega chino, Hu Jintao, expresaron ayer inquietud y oposición a los planes estadounidenses de un sistema de defensa antimisiles global. El rechazo al escudo antimisiles, que figura en la declaración conjunta firmada en Pekín con ocasión de la visita del nuevo líder del Kremlin, es uno de los puntos de coincidencia entre Rusia y China. Ambos países temen que EE UU despliegue elementos del escudo en cercanías de sus fronteras (en la República Checa y Polonia, por el oeste, y en Japón y Taiwan, por el este).

El suministro de energía rusa a China se ha multiplicado por 13 entre 2001 y 2007

La instalación de un sistema antimisiles en algunas regiones del mundo "no contribuye a mantener el equilibrio estratégico y la estabilidad, socava los esfuerzos internacionales de control de armamento y no proliferación, así como la confianza entre los Estados", señala la declaración. Medvédev y Hu Jintao, que reiteraron su voluntad de seguir desarrollando la relación estratégica ruso-china, se pronunciaron además por resolver el problema nuclear iraní mediante el diálogo y, en general, recomendaron "precaución" a la hora de imponer sanciones internacionales.

La primera visita oficial de Medvédev a Pekín propició un contrato para la industria nuclear rusa por valor de más de 1.000 millones de dólares (636 millones de euros). A tenor del mismo, Rusia construirá una planta de enriquecimiento de uranio por centrifugación en la provincia de Gansú (la cuarta en el marco de un acuerdo bilateral que data de 1992) y la empresa Techsnabexport suministrará además uranio de bajo enriquecimiento. Serguéi Kiriyenko, el jefe de Rosatom (la corporación estatal responsable de la energía atómica), manifestó que el contrato dará trabajo a las empresas rusas que producen centrifugadoras. Moscú, añadió, ha iniciado conversaciones con Pekín para montar un reactor de neutrones rápidos de gran capacidad en el territorio chino.

En una entrevista con periodistas chinos, Medvédev manifestó que los suministros de energía rusa han pasado de 500 millones de dólares en 2001 a 6.700 millones en 2007.

Moscú está interesada en exportar su producción industrial, tecnología y armamento, mientras China se concentra en la energía, aunque los grandes planes de cooperación energética esbozados en 2006 se están retrasando. Las discrepancias entre la petrolera estatal Rosneft y la CNPC, la compañía de petróleo nacional de China, sobre los precios del crudo están paralizando la construcción de un desvío (hasta la frontera china) del oleoducto destinado a unir Siberia oriental con la costa rusa del Pacífico. Rosneft calcula que perdería 40 dólares por cada tonelada de crudo que suministre a China y no a Occidente, según un analista citado por Kommersant. Medvédev, sin embargo, dijo que Rosneft y CEPC están en la "fase final" de sus conversaciones. En el transporte de gas existen dos proyectos de gaseoducto y, según el presidente, se están manteniendo conversaciones sobre la fórmula del precio al que se venderá el gas a los consumidores chinos. Mientras Rusia regatea, China ha negociado suministros de hidrocarburo desde Kazajistán y Turkmenistán.

Pekín, por otra parte, ha disminuido el número de pedidos militares a Rusia y la comisión mixta de cooperación técnica y militar está prácticamente paralizada desde 2006.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de mayo de 2008