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Reportaje:Premio Príncipe de Asturias de las Artes

El triunfo de la música como arma social

El Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela ve recompensada su lucha

Nadie podía pensar hace 40 años en Europa que el viento y la fuerza capaz de cambiar la música clásica vendría de Venezuela. Pero un hombre visionario, un idealista peleón llamado José Antonio Abreu estaba dispuesto a utilizar sus violas y violines, sus trombones y tambores en pos de la utopía. Aquel sueño que él junto a otros 11 pioneros fue forjando se ha convertido en el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Una realidad reconocida ahora con el Príncipe de Asturias de las Artes, fallado ayer en Oviedo.

No es sólo una orquesta. Tampoco es simplemente una escuela. Se trata de todo un complejo y efectivo sistema educativo que ha arrancado a muchos jóvenes y niños del arroyo en su país. Uno de sus más firmes defensores, Claudio Abbado, lo ha dicho alguna vez: "¡La cantidad de personas que ha salvado Abreu!". También lo repiten otros como Simon Rattle, actual director de la Filarmónica de Berlín, Plácido Domingo o Daniel Barenboim, que han colaborado varias veces con Abreu acudiendo a dar clases y conciertos a los más de 600.000 niños que allí se han formado desde sus comienzos en 1975.

Expertos en educación musical de todo el mundo estudian el modelo

Es un sistema educativo que ha salvado a miles de críos de la exclusión

El tenor Juan Diego Flórez quiere crear un método similar en su país, Perú

Zubin Mehta: "Abreu busca el talento por todas partes y lo encuentra siempre"

Y también Zubin Mehta, que ayer, desde Valencia, donde ensayaba Siegfried, la tercera entrega de El anillo del Nibelungo, celebraba el premio en conversación con EL PAÍS: "Ha trabajado toda su vida ejemplarmente y se lo merece. Yo dirigí con ellos en los años ochenta, mi padre también le ayudó. Ha buscado talento por todas las esquinas de su país y lo ha encontrado. Todos los Gobiernos le han apoyado, ojalá en Europa pudiéramos decir lo mismo de los nuestros, aquí todo lo que tiene que ver con la música va cada vez peor", clamaba el director indio.

Es cierto que Abreu, que llegó a ser ministro de Cultura con Carlos Andrés Pérez, ha logrado siempre un consenso político continuado para su proyecto. Lo que han conseguido Abreu y sus fieles se encuentra por encima del bien y del mal, ajeno a las luchas de poder. Siempre han sido muy cuidadosos para no colgarse etiquetas. No se dejan llevar al huerto por nadie, pese a que en la Venezuela de Chávez mantener la independencia es algo . Todo el mundo les respeta como un símbolo nacional.

Hoy trabajan en completa libertad. Han ido sumando voluntades y tejiendo una red de 120 núcleos (escuelas) donde actualmente se forman 270.000 niños y jóvenes de todo el país.

Allí, generalmente en barrios oprimidos, en el campo y por la selva amazónica, aprenden un instrumento y, casi inmediatamente, pasan a formar parte de una de las 180 orquestas fundadas con sus métodos. La inmensa mayoría, el 85%, provienen de familias muy pobres y desetructuradas. Se agarran a la música como a una tabla de salvación. Entran de inmediato en las aulas. Son admitidos sencillamente por solicitarlo. No tienen que pasar ninguna prueba. Entonces, su vida adquiere un nuevo sentido. Tienen de qué presumir. Algunos pasan muchas horas al día ensayando: les resulta mucho más apetecible estar en los núcleos que salir a buscarse la vida en el infierno de la calle.

Enseguida pasan a formar parte de una de las orquestas. Las integradas por niños con menor edad desafinan. No importa. Al lado tienen otras que suenan mejor; saben que poco a poco irán perfilando su sonido. No hay miedo al ridículo, como ocurriría en otros sistemas más tradicionales. "No tienen sentido de culpa", comentaba Simon Rattle.

Los mejores se dedican a la música. De ahí ha salido Gustavo Dudamel, el director que con 28 años ha asombrado ya a las mejores orquestas del mundo (a partir de 2009 será titular de la Filarmónica de Los Ángeles) y que es una auténtica estrella.

Está deseando regresar a España para celebrarlo con más música. La pasada semana dirigió en Madrid a la Orquesta Nacional de España y quedó encantado con el rabo de toro que le cocinaron los músicos. "En octubre, en Oviedo, haremos un gran concierto", comentaba por teléfono desde Roma, donde actúa esta semana.

El caso de Dudamel es especial. Muchos otros acaban dando clases en las escuelas, muy implicados en una iniciativa que les hace comprometerse radicalmente, incluso para toda la vida.Son conscientes de pertenecer a una especie de casta a la que mira todo el planeta. Lo logrado por Abreu y los miembros del sistema es tan grande que expertos en educación musical de Italia, Alemania, España, Japón, Reino Unido, Estados Unidos, acuden regularmente a copiar sus métodos de trabajo, conscientes de que los tradicionales están caducos. Y en América Latina, no digamos. El tenor Juan Diego Flórez aseguraba ayer a EL PAÍS que está impulsando un sistema igual en Perú: "Es un proyecto fantástico, muy útil para países como los nuestros, donde los niños y los jóvenes corren más peligro que otros de caer en malos hábitos". Flórez, que está en Madrid para interpretar en versión concierto Orfeo e Euridice, de Gluck, en el Teatro Real, asegura que ha hablado mucho con Abreu y con Dudamel para asesorarse. "Ya hemos empezado. Falta el apoyo del Estado, pero incluso se va a impulsar una ley para acometer todo el proyecto en serio".

La dimensión de esta obra llevó ayer al jurado a premiarlo con el Príncipe de Asturias de las Artes, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró. "Su confianza audaz en el valor educativo de la música para la dignidad del ser humano y su máxima calidad artística", convencieron a 19 de los 24 presentes que votaron a favor. El resto de los apoyos fueron a parar al músico Pierre Boulez y al arquitecto japonés Tadeo Ando.

En el acta se reflejaba, además, que el proyecto combina "la máxima calidad artística con una profunda convicción ética aplicada a la mejora de la realidad social", informa Javier Cuartas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de mayo de 2008