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Editorial:

Fractura alimentaria

Es urgente una gran acción global para frenar los conflictos por la carestía de los alimentos

Las causas son varias: la sequía en África o en Australia, las inundaciones en Asia o la producción de cereales para biocombustibles, entre otras. El resultado es el mismo: los precios de los alimentos, especialmente de los cereales, aceites y productos lácteos, según el Banco Mundial, han doblado en tres años, y siguen disparándose, generando conflictos sociales desde Etiopía, Egipto y Zimbabue, hasta Haití o México y Bangladesh, pasando incluso por Italia. Esta inflación castiga sobre todo a las capas más pobres de los países más pobres. Pero el mundo desarrollado no puede contemplar esta situación como si no fuera con él. Pues también afecta a sus ciudadanos. Los organismos internacionales, la ONU, la FAO y el Banco Mundial, advierten sobre la necesidad de tomar medidas urgentes.

Según la FAO, 36 países de casi todos los continentes están inmersos en esta crisis alimentaria. En América Latina puede llevarse por delante el progreso económico de los últimos años. Y nadie está al abrigo de este contagio inflacionario. En China, por ejemplo, las autoridades han anunciado que los precios de los alimentos han subido un 21% en lo que va del año, es decir, casi lo mismo que en el conjunto de 2007. Si el mundo no dispone de los instrumentos necesarios para luchar contra las causas de esta carestía a corto plazo, debería al menos ser capaz de paliar sus peores efectos. Y, sin embargo, los esfuerzos que se están realizando internacionalmente son insuficientes. Y a largo plazo, el problema no es menor.

El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, resume el efecto inmediato de esta crisis en que 100 millones de personas en el mundo están cayendo en la pobreza más baja, y ha propuesto como estrategia "un nuevo pacto para la política alimentaria global", que contempla una ayuda inmediata de emergencia de 500 millones de dólares (unos 350.000 euros), de los cuales, dice, se han recaudado la mitad, además de nuevos préstamos, programas de trabajo por alimentos y nuevas plantaciones.

La Administración de Bush ha dado órdenes esta semana de emplear 200 millones de dólares en ayuda alimentaria de emergencia para "necesidades no previstas en África y en otros lugares". Europa y sus Estados también se han movilizado. Pero todo esto son sólo algunos pasos, por importantes que sean, que se revelan insuficientes ante la magnitud del desastre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de abril de 2008