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Editorial:

Terremoto catalán

El PSC capitaliza el rechazo que ha suscitado la campaña del PP contra el Estatuto

Las elecciones generales han supuesto un auténtico terremoto en Cataluña. El Partit dels Socialistes (PSC) ha obtenido 25 de los 47 diputados en liza, le ha sacado 900.000 votos a Convergència i Unió y más de un millón al Partido Popular. De los cinco diputados que ha ganado el PSOE respecto a 2004, cuatro son catalanes. Por la izquierda, los grandes perdedores han sido Esquerra Republicana (tres diputados de ocho que tenía) e Iniciativa (uno de dos). Ambas formaciones se quedarán recluidas en el grupo mixto del Congreso, hecho que tendrá como gran beneficiaria a CiU. Los convergentes han resistido el tirón, aunque pierdan 60.000 votos y quedan lejos de esos 15 diputados de 2000. El PSC ha capitalizado el voto del rechazo al PP y a sus campañas anticatalanas, voto que en los comicios de 2004 fue a parar en buena medida a ERC. Si ha habido voto del miedo, es que a muchos catalanes el retorno del PP les ha inspirado terror. Los populares, a pesar de mejorar sus resultados y obtener ocho diputados -tenían seis- tienen en Cataluña su agujero negro. Girona es la única circunscripción española en la que el Partido Popular no cuenta con representación parlamentaria. Toda una metáfora y un elemento de reflexión que parte de una de las provincias con mayor renta per cápita de Cataluña y de España.

Cataluña encabeza pues esa España de periferia mayoritariamente pintada en rojo (con Andalucía, y ahora también el País Vasco) que rodea un enorme centro azul en manos del Partido Popular. Los resultados han venido a incrementar el capital político que gestiona el PSC. Los socialistas catalanes cuentan ahora con 25 de los 169 diputados socialistas de toda España, una marca que iguala la de 1982, aunque entonces fueron 25 de una mayoría absoluta de 202 parlamentarios socialistas. El socialismo catalán está en una posición de privilegio para demostrar que el desarrollo autonómico es posible sin la confrontación permanente. Para ello es preciso el apoyo y la comprensión acompañados de realidades por parte de PSOE y Gobierno central. El federalismo puede mostrar que es capaz de ganar la batalla al nacionalismo.

Todos esos activos políticos del PSC pueden ir a más o caer en saco roto. Porque al margen de la actitud del Gobierno central, es una incógnita saber si el tripartito catalán será capaz de resistir la ducha escocesa periódica al que lo somete Esquerra. Los independentistas andan inquietos por los malos resultados y sumidos en una guerra de liderazgo que a estas alturas nadie oculta. Convergència i Unió, en cambio, intenta sacar rédito de sus 10 diputados en las negociaciones con el PSOE. Después de una campaña centrada en esa fórmula tan pujolista del "pago por adelantado" al que iban a someter al presidente Rodríguez Zapatero, los nacionalistas se dejan querer a la espera de que el pacto en Madrid les permita a medio plazo la vuelta al palacio de la plaza de Sant Jaume.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de marzo de 2008