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Felipe González aboga en Rabat por un recorte de poderes del rey de Marruecos

Felipe González, el ex presidente del Gobierno español, se atrevió ayer a pedir en Rabat aquello que ningún otro huésped de Marruecos osó hasta ahora sugerir en público: un recorte de los inmensos poderes del rey. Lo hizo con numerosas cautelas, pero aun así sus palabras contrastan con las alabanzas sin matices que los políticos españoles, empezando por los socialistas, suelen hacer de la evolución del sistema marroquí.

Entre su auditorio estaba un consejero del monarca, André Azoulay, así como los ministros de Educación, Ahmed Akhchichine; de Justicia, Abdelwahed Radi, y de Asuntos Económicos, Nizar Baraka. Diplomáticos y profesores de universidad formaban el grueso del público. González participó en el VII Encuentro Euro-Magrebí, organizado por el Círculo Mediterráneo y el Instituto de Estudios Hispano-Lusos. Juan Luis Cebrián, fundador de EL PAÍS, presidió el debate inaugural.

González achacó la baja participación en las elecciones de septiembre en Marruecos (63% de abstención y 19% de los sufragios nulos o en blanco) al hecho de que "los marroquíes no tienen la sensación de que su voto vaya a ser decisivo". "Tienen dificultad para identificar quién es el responsable". "Los que tienen que tomar decisiones miran por el rabillo del ojo para saber si pueden o no actuar". Para clarificarlo, el poder ejecutivo del rey, prosiguió González, debería estar circunscrito a "un área reservada, consensuada" con los demás actores políticos. Incluiría la política exterior y de seguridad, el ámbito religioso y, acaso, algunas competencias del Ministerio de Interior.

"Consciente o inconscientemente ha comenzado en Marruecos una transición", señaló Cebrián. "Ahora bien, me gustaría saber si hay una meta en esa transición", añadió. A diferencia de países europeos o latinoamericanos que pasaron por ese proceso, no está claro hasta dónde llegará en Marruecos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de enero de 2008