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Crítica:WONG KAR WAI, visto por Isaki Lacuesta | Heterodoxos de la imagen

Asociaciones impensables

Una de las capacidades más raras entre los grandes artistas es la de alterar nuestra memoria colectiva, imprimiendo en ella ideas y asociaciones que antes eran impensables. Kubrick logró que al escuchar un vals pensemos en una nave girando en el espacio, y, del mismo modo, tras ver Happy together, de Wong Kar Wai, la imagen de la catarata de Iguazú quedará impregnada para siempre de la voz de Caetano Veloso.

Después de Leos Carax, Wong Kar Wai es el cineasta del cambio de ritmo: capaz de filmar un estado de ánimo en el momento de su transformación, gradual o inesperado, como si un puñetazo guardara todavía en su trayecto el germen de una caricia acelerada en exceso. En sus manos, el tiempo se dilata y se contrae a voluntad, de tal modo que los amores de un minuto pueden llegar a ser eternos (véase Days of being wild), y las grandes pasiones consumarse como un cigarrillo.

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En su haber podemos contar tres obras maestras: Days of being wild, Happy together y Deseando amar. Pero, sobre todo, le recordamos por el monólogo final de Days of being wild, cuando Leslie Cheung cuenta la historia del pájaro sin patas, que duerme en el aire mientras vuela, y que sólo se posa una única vez, para morir, precipitándose a la velocidad inimitable de los ángeles caídos.

Wong Kar Wai (Hong Kong, 1958) ha marcado el cine y la publicidad con filmes como Chungking express (1994), Happy together (1997) o Deseando amar (2000). El 1 de febrero estrenará My blueberry nights. Isaki Lacuesta (Girona, 1975) debutó en 2002 con el falso documental Cravan vs. Cravan. Su segundo filme ha sido La leyenda del tiempo (2006).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de diciembre de 2007