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Pamuk cree que el mal momento actual de Turquía es transitorio

Leyó a Unamuno, Ortega y Gasset, Borges y Vargas Llosa, entre otros, porque sus libros estaban en las estanterías de la biblioteca de su padre. Se impregnó de la cultura occidental e investigó en la otomana para construir un mundo literario de grandes historias, de ahí que Orhan Pamuk diga que en su obra se pueda encontrar su vida y de la de su país, Turquía. "Mis libros son una prueba de la alianza, no del choque de civilizaciones".

El Nobel de Literatura 2006 fue investido ayer doctor honoris causa por la Universidad Complutense y participó junto al escritor Juan Goytisolo en un debate sobre La ciudad, dentro del programa Miradas turcas, que se celebra en Madrid hasta el 14 de enero, organizado por los Gobiernos de España y Turquía. El ministro de Cultura, César Antonio Molina, mantuvo un encuentro con el escritor en el que conversaron sobre el diálogo intercultural, la alianza de civilizaciones y el panorama literario mundial. El eje central de las jornadas es la exposición Líneas de Oro en la que se muestran 96 obras de caligrafía otomana en el museo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

"Cada obra es como una confesión continua", dice el autor de 'Estambul'

El autor de El libro negro, ferviente defensor de la entrada de Turquía en la Unión Europea, sostiene que la falta de libertad de expresión en su país no puede ser un impedimento o excusa para que permanezca fuera. "El incremento de grupos ultranacionalistas está apagando los vientos favorables al ingreso que soplaban hace cinco años. Detrás de estos nacionalismos existe una lucha de poderes por intentar controlar el país, pero no puedo predecir el futuro, porque siempre me equivoco", reconoció Pamuk, quien apuesta porque gracias a la modernización y la democratización aflore la multiculturalidad turca. En una reciente encuesta realizada en ese país el 40% de la población se mostraba favorable a la incorporación de Turquía en el UE, hace tres años los partidarios eran el 80%. Para el Nobel, la situación actual negativa que vive Turquía es "transitoria" y se muestra convencido de que su país "camina hacia otro nivel de convivencia y de relaciones".

Habló de su experiencia vital y de las conclusiones a las que ha llegado sobre las diferentes culturas: "la cultura oriental y la occidental no son diferentes; es una misma cosa con distintas caras. Lo que une a los pueblos no es la política, sino el sonido del corazón, la música de los cuerpos".

Los grupos ultranacionalistas que cohabitan en Turquía consideran al escritor un traidor a "la identidad del pueblo turco" desde que se denunció el genocidio armenio ocurrido en 1915 y fue capaz de hablar del conflicto kurdo, compartido con países como Irán e Irak. Sus constantes denuncias sobre la falta de libertad en su país le han acarreado más de un problema con el Gobierno y algún "castigo". A pesar de ser conocidas sus denuncias, el autor de Me llamo Rojo y Estambul expresó su deseo de ser conocido "no como un escritor activista que se pronuncia sobre los distintos acontecimientos políticos, sino como alguien que es capaz de sentarse frente a una mesa en su estudio de Estambul y escribir porque cada obra que uno es capaz de crear es como una confesión continúa".

El escritor, que en marzo publicará Museo de inocencia, una crónica sobre la obsesión de un hombre por una mujer a lo largo de 20 años en el Estambul contemporáneo, dijo que la concesión del Premio Nobel de Literatura ha modificado poco su vida. "Me lo han otorgado en un momento en el que aún soy joven y tengo mucho tiempo por delante para escribir. Trato cada día de crear un universo de ficción en los libros y trato de comprender el mundo a través de ellos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de diciembre de 2007