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Reportaje:La política exterior de Chávez

Un socio cada vez más incómodo

Los excesos del presidente venezolano empiezan a cansar en América Latina

Nadie quiere hablar ya del "¿por qué no te callas?" que le espetó el rey Juan Carlos al presidente venezolano, Hugo Chávez, en la reciente Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile. Hay un cierto tedio en las delegaciones que ven cómo cada año, de cumbre en cumbre, lo que le llega a la opinión pública no es lo que se debate ni lo que se decide, sino lo que va a decir o no Chávez, o con quién se va a meter esta vez. Y todo espectáculo que se repite acaba cansando.

El rifirrafe de la cumbre de Santiago dejó especialmente molestos a la mayoría de los presidentes latinoamericanos. "Fue la reunión que dio los mejores resultados y en la que éstos quedaron más ocultos", dice con tristeza el ministro de Exteriores peruano, José Antonio García Belaúnde. Se refería, sobre todo, al convenio iberoamericano de la Seguridad Social, que permitirá a más de cinco millones de emigrantes jubilarse en el país firmante del convenio que deseen. También a la constitución del Fondo del Agua, dotado con más de 1.000 millones de euros para los primeros cuatro años. Todo esto acabó en segundo plano tras la intervención de Chávez y la respuesta del Rey. El hartazgo se empieza a notar hasta en los aliados de Chávez en la región. Evo Morales sigue siendo muy cercano a Chávez, todavía recibe los cheques del Tesoro venezolano que reparte entre los alcaldes acólitos, al igual que el nicaragüense Daniel Ortega. Sin embargo, en la imagen de la cumbre en la que se ve al Rey saliéndose de sus casillas, Morales aparece al fondo petrificado, como ajeno a todo.

El ecuatoriano Correa se desmarcó de su homólogo venezolano

La candidatura de Venezuela a Mercosur suscita dudas en Brasil

Más evidente fue el desmarque del presidente de Ecuador, Rafael Correa, que no sólo no hizo ningún comentario a favor de su homólogo venezolano, sino que tampoco se dejó ver en la cumbre paralela orquestada por Chávez en la capital chilena. "No me sorprende", explica un importante empresario ecuatoriano. "Hace un tiempo, cuando me reuní con él, le pregunté: presidente, ¿por qué Chávez ha venido tantas veces a Ecuador? Correa me respondió: 'Yo sólo lo invité una vez'". El presidente ecuatoriano es realista y se precia de ello: "En mi Gobierno hay gente muy preparada y somos muy pragmáticos, no se confundan", dijo recientemente refiriéndose a cómo conjugará el creciente poder del Estado en la economía con la participación de las empresas privadas, nacionales o extranjeras.

Correa, sin embargo, es un aprendiz de adaptación política si se le compara con el de la presidenta electa argentina, la peronista Cristina Fernández de Kirchner. "Chávez es tan necesario para Suramérica como Putin para Europa" y "Argentina y Venezuela no tienen por qué compartir los mismos amigos" son dos frases clave de Fernández. La primera cita implica que si Venezuela tiene petróleo y dinero para comprar deuda pública argentina, por qué no estar a bien con ese país. La segunda frase alude a que Argentina está, por un lado, dispuesta a impulsar la entrada de Caracas al Mercosur. Pero, por el otro, ataca a Irán, un íntimo aliado venezolano, para contentar a EE UU. La candidatura de Venezuela al Mercosur suscita también controversia en Brasil, por la posibilidad de pérdida de protagonismo regional.

"Las relaciones diplomáticas de Venezuela son cualquier cosa excepto respetuosas con las normas internacionales", ha escrito el ex presidente boliviano Jorge Quiroga. "Chávez habla de imperialismo, pero busca coparnos a todos". Las acusaciones de injerencia brotan en todos los procesos electorales del continente, desde México a Perú pasando por El Salvador o Nicaragua y los enfrentamientos verbales se suceden. El más reciente lo ha sostenido el ministro de Exteriores chileno, Alejandro Foxley. Cansado de las críticas de Chávez, el canciller desafiaba el pasado domingo al líder venezolano a comparar los procesos en Chile en Venezuela. "Hemos construido", dijo Foxley, "una sociedad más solidaria, con medios de comunicación y con una oposición fuerte que pueden decir lo que piensan".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de noviembre de 2007