Rajoy es Aguirre con barba
Mariano Rajoy es Esperanza Aguirre con barba y viceversa. Bueno, o cualquier cosa que haga posible que por dentro sean la misma persona aunque por fuera a veces parezcan uno y a veces la otra. Juan Urbano llegó a esa conclusión por diferentes motivos. El primero de ellos, naturalmente, la categórica respuesta de la presidenta de la Comunidad de Madrid cuando los periodistas le preguntaron si estaba de acuerdo con las teorías de su jefe sobre el cambio climático y contestó que ella "comparte todas y cada una de las opiniones de Mariano Rajoy". De manera que está claro, ¿no? ¿Acaso pueden dos personas distintas compartir todas y cada una de las opiniones de alguien sobre lo que sea, sin oponerles dudas ni disidencias de ningún tipo? Juan Urbano se preguntó eso sabiendo que no se debe decir "dos personas distintas", lo cual es una obviedad, porque creyó que era lo contrario de "dos personas la misma", que es lo que por lo visto son Rajirre, Aguijoy o lo que sea.
Ya se sabe que el dinero está en la construcción y la construcción es la destrucción
En segundo lugar, es evidente que el propio Mariano Rajoy es algo así como una dualidad pendular en sí mismo, dado que si ahora se apunta muerto de risa al negacionismo del cambio climático, en abril del 2002 firmó en Luxemburgo el protocolo de Kioto. Lo cual es raro, por mucho que a esta gente nadie les tenga que decir lo que tienen que beber antes de ponerse al volante, y tal.
En cuanto a su otra él, qué vamos a decir de Esperanza Aguirre, que si hoy cuestiona adjuntamente el peligro que sufre nuestro planeta, hace un rato alardeaba de poner en marcha un plan de repoblación forestal para Madrid que nos salvaría de la amenaza medio ambiental. A lo mejor es que si uno sigue esa clase de argumentos contra termina por mancharse la suela de los zapatos de polvo rojo, porque en esto la sensación es la de siempre, que al fondo de todos estos laberintos hay algún sendero que lleva al patio trasero de la especulación urbanística, que en unas ocasiones consiste en levantar una casa y en otras una carretera. "No se preocupen", nos dicen, "podemos talar árboles, contaminar ríos y subir al cielo todas las chimeneas que nos vengan bien, y no pasará nada. No hagan caso, ni las selvas desaparecen, ni los hielos polares se derriten, ni la desertización acecha, ni suben las temperaturas, ni nada de nada, eso no son más que montajes de los ecologistas...". Salvando todas las distancias que van de un vegetal a una persona, a Juan Urbano esa clase de negacionismo le recordó tanto a la otra que casi prefirió ni pensarlo.
La verdad es que no hace falta más que mirar lo que pasa en la Comunidad de Madrid para ver lo poco que les importa a sus gobernantes la ecología, que más bien da la impresión de ser su enemigo, o al menos el enemigo de su dinero. Y ya se sabe que aquí y ahora el dinero está en la construcción y la construcción es la destrucción. Imagínense la de millones que iban a perder algunos y sus amigos si los Estados del mundo se pusieran a luchar sin retórica y en serio contra la contaminación de toda clase que causa el cambio climático.
Juan Urbano terminó de leer el periódico y se fue a trabajar pensando en que el prietas las filas de Esperanza Aguirre es, entre otras cosas, una negación de la política, que supuestamente debiera ser una de las hijas de la reflexión. Y si la reflexión tiene muchos rivales de todo tipo, que nadie niegue que entre los peores están la obediencia, la fe ciega, la falta de criterio o como quiera llamarse lo que afirma pensar la presidenta de la Comunidad de Madrid: si el argumento es de Mariano Rajoy, lo hago mío. Bueno, o igual es que si Carlitos Brown decía que lo único que necesitan los indecisos son menos opciones, podría deducirse que lo único que necesitan los confusos son menos ideas propias. ¿Los confusos o los oportunistas? Lo dejamos ahí y que cada uno de ustedes subraye la opción que más le guste.
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