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Malestar entre los viticultores del Penedès por la caída en picado del precio de la uva negra

Vilafranca del Penedès

La producción de uva negra se ha convertido en un nuevo quebradero de cabeza para los viticultores del Penedès, que ven como el mercado está cerrando la puerta a este producto. Hace sólo 10 años fueron muchos los que plantaron variedades negras, estimulados por los mensajes que les llegaban de las empresas elaboradoras de vino y con la voluntad de recuperar para la zona la tradición de caldos tintos de calidad. Pero una década después, todo apunta a que una parte importante de esta producción tendrá problemas para encontrar comprador y sus precios caen en picado.

El viticultor y coordinador comarcal del sindicato agrario Unió de Pagesos en el Alt Penedès, Josep Esteve, asegura que lo que está pasando con la uva negra es "caótico". Reconoce que se ha plantado demasiada vid de variedades tintas, y sitúa el origen del problema en "la falta de planificación y de diálogo entre los productores de uva y las empresas". Además, asegura que no siempre se ha plantado en las zonas más idóneas para conseguir un producto de calidad. A esto hay que añadir que algunas empresas ya tienen sus propias viñas para elaborar sus vinos, lo que restringe aún más las posibilidades de mercado de los productores.

La vendimia de este año en la Denominación de Origen Penedès será prácticamente calcada a la del año pasado, con la previsión de que tanto la cantidad como la calidad sean similares a las de la recolecta de 2006 y con los viticultores molestos por el precio a que se les pagará la uva, que consideran que será bajo. Aunque la vendimia empezó hace tres semanas con la variedad chardonnay, esta semana arranca de lleno con la recolecta de variedades tradicionales de la zona, como el macabeo. El Consejo Regulador del Penedès espera una producción de unos 250 millones de kilos de uva, una cifra muy ligeramente inferior a la cosechada el verano pasado. La calidad de la uva será muy buena.

Las lluvias de la pasada primavera y las de agosto han favorecido la calidad de la cosecha. "Ha llovido justo cuando tenía que llover", apunta el director del consejo regulador, Josep Ribas, confiando en que a partir de ahora no haya lluvias torrenciales que precipiten que la uva se pudra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de septiembre de 2007