Reportaje:

El hueco Rojo subterráneo

La idea era sencilla: un lugar para artistas jóvenes. Abierto, sin barreras. Con el talento como única frontera. Y el invento funcionó. Seis años después de su creación, el colectivo Rojo estrena espacio en Barcelona y se presenta como una de las organizaciones más activas del panorama alternativo internacional.

Barcelona, Estambul, San Petersburgo, Rosario, São Paulo, Milán, Auckland... No es el calendario de la gira de The Police, sino el de los eventos que la organización Rojo celebrará en septiembre. Creada en Barcelona en 2001 con muchas ideas en la cabeza y una concreción en forma de revista de arte, Rojo es hoy una de las organizaciones más internacionales y, a la vez, subterráneas del panorama artístico español. "Aunque parezca que estamos todo el día en un avión, lo cierto es que tampoco viajamos tanto", comenta David Quiles, uno de los tres responsables del colectivo, sentado en la oficina de su flamante nuevo espacio, Rojo Artspace, en el Eixample barcelonés y con una vocación que trasciende la de mera galería de arte. Sus otros dos compañeros hoy no vendrán. Marc Mascort está durmiendo. Alejandra Raschkes, en Argentina. "Los artistas nos pedían un lugar en el que exponer los originales. Aunque la idea de tener un espacio propio siempre estuvo allí, hasta junio realmente no pudimos abrirlo. No es sólo una galería de arte, es un lugar abierto a todo el mundo. Cualquiera puede venir con su obra, enseñárnosla, comentarla, lo que sea". Además de establecer una relación más directa y cercana con los creadores y mostrar las obras de algunos de los miembros de la escudería Rojo, que va desde la fotografía en vena de Tofer hasta el ubicuo Boris Hoppek, pasando por la atención al detalle de Aya Kato o el pop naif de Catalina Estrada, el proyecto también ofrece interesantes novedades en el campo de la adquisición de arte. Aquí se pueden comprar reproducciones en tela (lavable, como los cojines de Ikea) de algunas piezas del fondo de catálogo del colectivo. A precios razonables y en formatos estándar que permiten su sustitución, ya sea por cansancio, cambio de gustos o de color de las paredes. De lo profundo a lo prosaico sin perder un ápice de autenticidad.

Se autodefine como una organización independiente dedicada a la promoción del arte y la creatividad. Rojo ofrece servicios creativos a marcas, ya sea en forma de eventos, campañas o acciones puntuales. Su escudería la forman 650 artistas de todo el mundo. En sus seis años de vida ha realizado 273 eventos y cuenta con una extensa red de directores asociados repartidos por el globo. "La idea es que este año aumente la red de espacios Rojo, abriendo uno en São Paulo. Si todo va bien, durante 2008 llegarán los de Nueva York, Los Ángeles, París y Bucarest", informa Quiles mientras juega con un póster que anunciaba la inauguración del Artspace con una exposición de Aya Kato. "Es increíble. La gente los cogía para llevárselos a casa y así nadie se enteraba del evento. No se puede hacer promoción con algo bonito y fácil de pispar", comenta entre ufano y resignado. Algo parecido le sucedió a la revista en sus primeros años de vida. "Era gratuita. Dejábamos 400 ejemplares en una galería de arte a las once de la mañana y nos llamaban a la una para decirnos que ya no quedaba nada. Era algo muy bonito y gratis. La gente las cogía a montones", recuerda David.

Para solucionar este problema, que dañaba seriamente la visibilidad de la publicación, la organización decidió hacer la revista de pago, algo que obviamente no cayó bien en ciertos sectores de su incipiente base de fans. "Todavía hoy me encuentro con gente que me dice que tiene todos los números hasta que fue de pago. Pues vale. Lo cierto es que nos dimos cuenta de que, además de perder visibilidad, con el sistema gratuito había otro problema incluso más grave: no ganábamos todos". En la actualidad, David afirma orgulloso que todos ganan; poco, pero ganan. El magacín sigue siendo el principal activo de Rojo. Cada número coloca 50.000 ejemplares, una cifra muy parecida a la que venden biblias anglosajonas de la tendencia como iD o Dazed and Confused. El 80% de las obras que conforman cada número viene firmado por artistas nuevos.

"Rojo era una idea de despliegue para todos los medios. Radio, televisión, Internet, actuaciones en espacios, hoteles...", recuerda Quiles. "La idea sigue igual, lo que pasa es que vamos paso a paso. Más lentos de lo que pensábamos. Estamos en una media de seis eventos al mes; en vez de quedar en bares, pues hacemos estos saraos". En un principio, la organización la formaba mucha más gente, pero ya al segundo número el colectivo quedó reducido a lo que es hoy. Poco a poco, la red de artistas fue creciendo y con ello las posibilidades comerciales de tener tanto talento a su disposición. La manera de capitalizar toda esa creatividad se encontró en la elaboración de acciones y proyectos para marcas. Rojo Out es uno de los más exitosos. Se trata de la creación de vallas publicitarias con la firma de artistas Rojo para la marca J&B, con la que también colaboran en el proyecto Electric Hotel, que este verano recorre hoteles de España y Portugal. "En la revista nadie cobra", apunta David. "Eso sí, en el momento en que el artista entra en nuestra red puede colaborar en proyectos lucrativos, como lo de Rojo Out. Ahí vamos al 50%". Una de las claves para el éxito de esta relación, basada ciertamente en la confianza, es el trato que se da a los creadores. Quiles afirma que aquí la tensión está prohibida. "Todo debe estar siempre basado en términos de amistad. Nadie es mejor que nadie, y nadie recibe un trato de favor. Todo muy hippy. Somos un poco abrazaárboles".

El eclecticismo es lo único que se puede concluir cuando se analizan las formas y maneras de sus artistas. Todo cabe en Rojo. Sólo hay algo prohibido: el arte dictado por los telediarios. Nada de crítica social, ni denuncia provocada por una sobreexposición a la CNN y a los discos de Coldplay. Aquí se busca la poesía y se evitan las tendencias.

www.rojo-magazine.com

Rojo Artspace se encuentra en la calle de Girona, 61. Barcelona.

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Sobre la firma

Xavi Sancho

Forma parte del equipo de El País Semanal. Antes fue redactor jefe de Icon. Cursó Ciencias de la Información en la Universitat Autónoma de Barcelona.

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