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Los marineros que limpiaron el chapapote del 'Prestige' sufren secuelas a largo plazo

Un estudio sobre 6.869 pescadores detectó problemas respiratorios dos años después del vertido

Tos crónica, dificultades para respirar por la noche y obstrucción nasal. El fuel vertido por el Prestige ha hecho mella en la salud de los marineros y mariscadores gallegos que salieron a combatir la marea negra en noviembre de 2002. Un estudio realizado por un equipo científico multidisciplinar sobre 6.869 pescadores ha detectado que los daños respiratorios que sufrieron quienes participaron en tareas de limpieza en la costa persistían dos años después de haber estado en contacto con el vertido del petrolero. El informe sanitario será publicado en breve en una revista científica de gran prestigio.

Los síntomas a largo plazo que sufren los pescadores los padecen también los voluntarios y otras personas que colaboraron en la extracción del fuel y que se protegieron con una mascarilla, aunque en este caso los efectos son menores.

En el mismo momento en que el Prestige empezó a emponzoñar el Atlántico, en noviembre de 2002, los científicos emprendieron investigaciones sobre las consecuencias de la catástrofe y cuyos resultados empiezan a llegar ahora. Es el caso de un equipo de neumólogos, epidemiólogos, toxicólogos y expertos en genética de hospitales y centros de investigación de A Coruña, Barcelona y Madrid.

Estos investigadores realizaron entre enero de 2004 y febrero de 2005 un cuestionario entre 6.869 marineros de 44 cofradías gallegas. A través de diferentes preguntas sobre su salud pulmonar, el estudio concluye que las personas que participaron en la limpieza del fuel sufrieron daños a largo plazo que persistían dos años después.

Los autores del trabajo, que está a punto de ser publicado en la revista científica American Journal Respiratory and Critical Care Medicine, subrayan que la limpieza del vertido del Prestige "no fue inocua" y que "produjo trastornos respiratorios que han persistido transcurrido un tiempo prolongado desde la exposición". Los investigadores han contrastado en las personas que estuvieron en contacto con el fuel una "mayor prevalencia" de tos y expectoración crónicas, de dificultades respiratorias por la noche y de obstrucción y goteo nasal.

Estos síntomas son además más intensos en los pescadores que arrimaron el hombro en las tareas de limpieza durante más días y horas seguidas, y entre aquellos que tuvieron más cometidos. El informe se refiere específicamente a aquellos marineros que, además de retirar el hidrocarburo del mar, de las playas y de las rocas, se dedicaron a descontaminar los barcos. Las mascarillas repartidas por la Administración aliviaron los efectos, pero no los anularon.

Medidas de protección

Los marineros que utilizaron la protección de las mascarillas "a menudo o siempre" sufrieron trastornos menos intensos que los que recurrieron a ella "nunca o sólo a veces".

Los investigadores recomiendan que la próxima vez que se produzca una marea negra se extremen las precauciones para evitar efectos respiratorios crónicos en las personas que colaboren en las tareas de limpieza. Estos voluntarios deberían someterse además a revisiones médicas para detectar cualquier alteración clínica a largo plazo, advierten.

Los responsables de las cofradías de pescadores que participaron en el estudio sanitario fueron informados ayer de los resultados en una reunión que el equipo investigador organizó en A Coruña.

Los responsables del proyecto, cuyo investigador principal es Héctor Verea, jefe del Servicio de Neumología del hospital Juan Canalejo de A Coruña, han observado indicios de que los daños respiratorios podrían disminuir conforme pase el tiempo, aunque no se atreven a asegurarlo. Para establecer de manera certera el alcance de los trastornos sufridos por los marineros, el equipo está elaborando nuevos trabajos que, una vez concluidos, deberán ser sometidos a la certificación de datos y procedimientos por parte de institutos científicos internacionales.

En el estudio, que fue impulsado por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica al producirse el naufragio del Prestige, en 2002, participan investigadores del Hospital Juan Canalejo de A Coruña; del Hospital 12 de Octubre de Madrid; del Clinic de Barcelona; de la Un

iversidad Autónoma de la capital catalana y del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental de la Ciudad Condal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de mayo de 2007