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El desafío iraní

Ahmadineyad mejora su imagen internacional por el manejo de la crisis de los rehenes

El líder iraní celebra el lunes el Día de la Energía Atómica y anunciará su "buena noticia nuclear"

¿Todos ganadores? Londres ha conseguido el regreso a casa de sus 15 marinos por medios pacíficos y sin disculparse, al menos en público, por su presunta violación de las aguas territoriales iraníes. El Gobierno de Teherán también aseguraba ayer haber logrado sus objetivos, tal vez el más importante, dejar claro que no se le puede ningunear. Pero si hay que elegir un vencedor, los analistas se inclinan por el presidente Mahmud Ahmadineyad, cuyo manejo de la escena mediática le ha permitido llevarse todos los aplausos, aunque está por ver que pueda replicar el éxito con la crisis nuclear pendiente.

Hace tiempo que la República Islámica busca un reconocimiento regional e internacional que Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, le viene negando desde la revolución de 1979 y, más recientemente, desde su inclusión por George Bush en el ominoso "eje del mal". En ese sentido, no cabe duda de que el acceso a un interlocutor de la talla de Nigel Sheinwald, principal asesor de Tony Blair en política exterior y próximo embajador británico en Washington, ha ayudado a encontrar una salida al caso de los marinos.

Algunos observadores han visto en la decisión de liberarles un gesto de compromiso por parte iraní que augura buenas perspectivas en la crisis nuclear, provisionalmente aparcada durante dos semanas. Ahora bien, el entusiasmo generado por las "nuevas e interesantes líneas de comunicación con Irán", tal como las calificó Blair, debe contrastarse con la realidad. La diplomacia de alto nivel entre Sheinwald y Alí Lariyaní, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, ha resultado productiva, pero no hay que olvidar que el incidente de los marinos era al fin y al cabo una diversión táctica, no un objetivo estratégico de Irán.

Y la estrategia de Teherán no ha cambiado, tal como dejó claro Ahmadineyad durante su discurso del miércoles y repitió ayer Lariyaní durante una entrevista telefónica con el alto representante europeo Javier Solana. "La República Islámica sólo está dispuesta a negociar que no va a desviar [uranio enriquecido para fines militares], pero no sus derechos nucleares", aseguró el responsable citado por la televisión iraní. El presidente denunció las resoluciones sancionadoras del Consejo de Seguridad como "fruto de la presión de ciertas potencias". "Si quieren crear problemas en nuestra economía o sistema bancario, tomaremos represalias", advirtió. Además, no hay que olvidar que esa muestra de pragmatismo es también, en gran medida, resultado del aislamiento que ha sentido Irán durante la crisis. La condena unánime a su acción y la mediación entre otros de Siria, su mejor aliado regional, han podido convencer a la élite política que dirige Irán de que había ido demasiado lejos. La repentina intervención de Lariyaní, a todas luces, a instancias del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, parece una prueba de ello, aunque sea el presidente quien ha protagonizado la escena final.

Aquí es preciso hacer un inciso y recordar lo poco que se conoce del proceso de toma de decisiones internas en Irán. Diplomáticos y periodistas observamos e interpretamos, pero nuestros análisis no dejan de ser especulaciones más o menos informadas. Nadie está seguro de si las aparentes discrepancias internas son una muestra de disidencia o una refinada forma de negociación. Como tampoco se sabe si la liberación de los británicos se ha hecho desde una percepción de fuerza o de debilidad. Todas las explicaciones son posibles.

Empeño nuclear

Ahora bien, en la medida en que la inyección de publicidad favorable que ha supuesto la operación de los marinos pueda haber envalentonado a Ahmadineyad en su empeño nuclear, Occidente se encontrará en un nuevo callejón sin salida dentro de seis semanas cuando venza el nuevo plazo del Consejo de Seguridad para que Irán renuncie al enriquecimiento de uranio. Las intenciones iraníes al respecto tal vez queden más claras el próximo lunes cuando la República Islámica celebre el Día de la Energía Atómica y su presidente haga pública una largamente anunciada "buena noticia nuclear".

En cuanto al Gobierno iraní, la demostración de que está dispuesto a pararle los pies a Occidente -y el mensaje implícito a Estados Unidos en Irak-, sin duda ha beneficiado a corto plazo su imagen antiimperialista. Más aún, si se confirma que Washington abre finalmente negociaciones bilaterales con su representante en la próxima reunión ministerial de vecinos de Irak. Sin embargo, no deja de transmitir un cierto perfil de país fuera de control que eventualmente puede volverse contra él, en especial cuando busca aliados para frenar el progresivo cerco a que le está sometiendo el Consejo de Seguridad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de abril de 2007