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Problemas legales de un presunto monopolio

Si se compra una canción en la tienda iTunes sólo se puede oír en un iPod, en ningún reproductor multimedia más. Las canciones están protegidas con un sistema digital de gestión y control de derechos de autor (DRM, por sus siglas inglesas) que lo impide. El éxito del iPod refuerza iTunes, la tienda de Apple en Internet, y viceversa.

Esto fue así desde el principio, cuando iTunes abrió sus puertas. A nadie le importó la exclusividad: lo había hecho con sus ordenadores. El sistema operativo y la máquina sólo podían ser Macintosh, y acabó fracasando.

Sin embargo, en esta ocasión Apple ha triunfado. Su dominio del negocio de la música en Internet ha levantado las suspicacias de varios países. Dinamarca, Suecia y Noruega tienen iniciativas legales para forzar que la música comprada en la tienda iTunes pueda escucharse en aparatos de otra marca. El Defensor del Pueblo noruego, país de origen del joven DVD Jon, determinó incluso que el DRM de Apple era ilegal.

En Francia, una propuesta de ley establecía que toda canción adquirida en cualquier tienda de Internet pueda escucharse en cualquier reproductor digital, sea cual sea el DRM que albergue. La iniciativa francesa suponía que Microsoft, Apple, Real Networks y Sony (los principales suministradores de DRM) debían ofrecer suficiente información para que sus sistemas digitales de gestión se entendieran entre sí.

Mientras Microsoft licencia su tecnología a terceros, Apple se ha negado a suministrar la suya a otras tiendas en la Red. Sin embargo, al final, el Consejo Constitucional francés tumbó esta medida por ser "demasiado vaga" e inconstitucional, y este otoño, las tiendas francesas de música en Internet, Virgin y Fnac, han decidido no vender canciones protegidas.

La adaptación a las legislaciones nacionales de la directiva comunitaria de los derechos de autor, como en el caso francés, ha sido muy polémica. En España se traspuso en julio pero la discusión se centró en el canon digital.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de octubre de 2006