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Reportaje:58ª Feria del Libro de Francfort

De la literatura oral a la edición electrónica

India, el país invitado de honor, da muestras de su compleja realidad social

Hasta los nueve años, Girish Karnad no supo lo que era la electricidad. Las diversiones de su niñez consistían en los artistas ambulantes que pasaban por el pueblo y, a diario, los relatos que se contaban en casa. En especial por las mujeres, que iban ilustrando mediante la ficción y las antiguas historias ciertos modelos de comportamiento, costumbres y lecciones morales a partir de las aventuras de héroes y dioses. "Con menos de 10 años ya estaba familiarizado con la literatura medieval de mi país", dice el dramaturgo, director de cine y actor nacido en Kannada en 1938. "No eran las sagas de la literatura oficial. Las mujeres perpetuaban otras historias, más cercanas, a veces con connotaciones sexuales, una especie de contracultura literaria en el ámbito doméstico".

Girish Karnad: "Las historias sólo tienen sentido si se las cuentas a otra persona"

Kunal Shah: "Nuestros precios son un 50% más bajos que los de otros países"

Esta formación lo convirtió muy pronto en fabricante de ficciones. "En la India se dice que hay tres cosas que no se pueden guardar en casa: las hijas, la comida y las historias", recuerda Karnad. "Las hijas porque se van al casarse; la comida porque si no se usa se pudre, y las historias porque si no son compartidas sufren". Según él, en la cultura occidental la catarsis la vive el oyente, el lector, el espectador; mientras que en la India la catarsis la vive el que cuenta la historia. "Las historias sólo tienen sentido si se las cuentas a otra persona".

Quizá por eso buena parte del programa literario de la India en la Feria del Libro de Francfort consiste en lecturas de cerca de setenta autores que a lo largo de cada jornada se suceden leyendo sus poemas o fragmentos de sus escritos en lenguas como el bengalí, hindi, punjabi, marahti, kannada, urdu, assamiya, telugu, malayalam, oriya, tamil, rajastaní, cachemir, guyarati, dogri o konkani. Son parte de las 24 lenguas oficiales de la India. Un país, casi un continente, de más de 1.100 millones de habitantes que se expresan en 120 idiomas regionales y dialectos. Algunos tan antiguos como el sánscrito, con 5.000 años de historia, usado hoy sólo en el ámbito académico, u otros como el dogri, el rajastaní y el konkani, reconocidos como oficiales en 1992.

La diversidad lingüística lleva a que las escuelas indias enseñen 58 lenguas y se publiquen en el país periódicos diarios en 87 idiomas. Muchas familias hablan una lengua en casa, otra en su vida social y una tercera con sus empleados domésticos ya que el ancestral sistema de castas así lo impone. Uno de los objetivos del Consejo Nacional del Libro de la India en la Feria de Francfort ha sido el de sufragar las traducciones al alemán, francés y español de 50 libros que hasta ahora no habían sido traducidos de sus idiomas originales. Han sido tres títulos los traducidos al español: uno de Mahatma Gandhi, otro de Vandana Singh y una antología de relatos.

La industria editorial de este país, el séptimo más grande del mundo, se ha desarrollado mucho. Existen 120.000 empresas editoriales que publican cerca de 80.000 títulos al año (España edita unos 60.000), el 40% en inglés y el resto en los 24 idiomas oficiales, entre los que domina el hindi, hablado por 250 millones de personas. El nivel de analfabetismo es muy alto, por lo que cuentan con un mercado potencial de 600 millones de lectores.

Con este panorama, no sorprende que el idioma en el que escribe cada autor se convierta a veces en un asunto político. Hace unos años, en 1997, hubo una sonada disputa lingüística en torno a una antología publicada en el Reino Unido, coeditada por Salman Rushdie, quien también escribía el prólogo. En ese texto, el autor angloindio sostenía categóricamente que la prosa escrita actualmente por los autores indios en inglés era muy superior a toda la publicada en los últimos 50 años en los otros idiomas regionales de la India. El panorama puede haber empezado a cambiar con el crecimiento de títulos publicados en otros idiomas del país. De los 38 autores indios de la delegación oficial en Francfort sólo 12 escriben en inglés.

Los efectos de la globalización han empezado a cambiar la industria editorial del subcontinente en el último lustro. India es el tercer país editor de libros en inglés tras Estados Unidos y el Reino Unido. Dos siglos de historia como colonia británica dejaron su huella. Ahora que este país cuenta con cerca de 2,5 millones de técnicos de informática, el negocio del outsourcing, la subcontratación de servicios editoriales, es de los más pujantes.

En la feria se ha querido poner de relieve esta actividad con un grupo de casetas. "Nuestros precios son un 50% más bajos que los de otros países más desarrollados", explica Kunal Shah, portavoz de este colectivo. "Las grandes editoriales británicas y norteamericanas han abierto filiales en India para aprovechar esta disminución de costes".

Pero no sólo las de habla inglesa usan estos servicios. Arup Deb, de la empresa PHi, explica que sus 400 empleados son capaces de recibir un libro impreso en inglés y realizar todo el proceso de preparación del manuscrito para su impresión en otro idioma. "Podemos traducir un libro al español, teniendo en cuenta las diferencias lingüísticas particulares si se va a distribuir en España, México o Ecuador". La sede de esta empresa y muchas otras como ella está en Chandigarh, al norte de Delhi, donde el visionario arquitecto Le Corbusier levantó una ciudad en la que prospera ahora una interesante plataforma para el futuro de la edición internacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de octubre de 2006