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COMME DES GARÇONS

Radical y libre

La creadora japonesa Rei Kawakubo ha definido una moda abstracta y conceptual. Y ha creado un imperio rabiosamente independiente a partir de ella. Una historia que no atiende a convenciones

¿Cómo se queda Rei Kawakubo el día después de un desfile? Adrian Joffe asiente y traduce al japonés la pregunta. Su mujer, Rei Kawakubo, masculla una larga respuesta. El británico Adrian le responde. Ella suelta otra larga frase. Adrian se vuelve y finalmente transmite. Una sola palabra. "Vacía", dice él. Pero ella, rápida, añade algo. Se inicia otro breve diálogo en japonés. "Perdón", agrega Adrian. "No lo había entendido bien. No se siente vacía; simplemente, no siente nada en particular".

Esta escena, propia de Bill Murray en

Lost in traslation, sucede en París. En las oficinas de Comme des Garçons. Están en la lujosa Place Vendôme, frente al Ritz, pero su interior no tiene nada de suntuoso. Pasado el luminoso espacio de ventas en el que los compradores pueden palpar la colección masculina que ayer se vio en pasarela, unas escaleras conducen a un cuarto pequeño. Todo es extremadamente funcional y austero, lo que encaja con la personalidad de la creadora de esta marca. Rei Kawakubo (Tokio, 1942), que hoy desafía el sofocante calor con una cazadora de cuero negro, se sienta al otro lado de la mesa, hiératica. Una mujer extremadamente compleja que lleva más de 25 años definiendo una estética radicalmente abstracta, conceptual. Nadie ha conseguido dinamitar de igual forma las reglas de la moda, y desde luego nadie ha conseguido crear un rentable grupo al mismo tiempo. Ella, sí. Comme des Garçons tiene 12 líneas distintas de producto y, se calcula, unos ingresos anuales que rondan los 160 millones de euros. Una cifra notable para una mujer que se niega a exhibir nada en los escaparates de sus tiendas y que no acata ninguna, pero ninguna, de las leyes del marketing que en la actualidad rigen el circo.

Después de 20 años, ¿aún hay pasión y lugar para experimentar? Largo intercambio en japonés. "Es duro, cada vez es duro", es la conclusión que transmite Adrian. ¿El trabajo le supone sufrimiento y dificultad? "No sería interesante si fuera fácil", empieza la traducción. "Nada en lo que pones tu corazón y tu alma puede serlo". Y si ha costado tanto esfuerzo, ¿no siente nada después de soltar una colección? "Ella ya ha contestado a eso", dice Adrian sin consultar. "No hay ningún sentimiento en particular. Ya está pensando en la siguiente. No mira atrás".

Rei Kawakubo es una mujer opaca. Estudió filosofía y literatura en la Universidad de Keio, donde se graduó en 1964. Se colocó como estilista en el departamento de publicidad de la compañía textil y química Ashai Kasei y luego se estableció como freelance, hasta que decidió crear su propia ropa, en 1973, harta de no encontrar piezas que le satisfacieran. A primeros de los años ochenta decidió saltar a Occidente y se fue a París a presentarla. Para el final de esa década, el experimento Comme des Garçons ya facturaba casi 100 millones de dólares y contaba con casi 300 puntos de venta. Aun así nunca dejó Tokio. De hecho, nunca pasa más de seis días seguidos en Francia.

Rei Kawakubo defiende con ferocidad la creatividad, pero se niega a hablar de ella, de cómo funciona la suya. Aunque se conocen algunos detalles. Siempre cerebral, no toca una tijera, a menos que sus ocho patronistas se sientan incapaces de entender lo que quiere. Hasta entonces se expresa mejor con las manos y con sus escuetas palabras. Trabaja los siete días de la semana desde las 7.30, duerme cuatro horas al día y sólo se toma vacaciones entre el 1 y el 4 de enero. Una personalidad tan inescrutable no puede tener un discurso estético fácil. El suyo, desde luego, no lo es. Aunque en 1992 ella justificara su silencio (apenas concede entrevistas) declarando a la revista i-D: "No necesitas hablar conmigo. Sólo tienes que mirar la ropa. Lo que quiero decir está ahí".

¿Se siente inmersa en el sistema de la moda? Tras una larga conversación y varias matizaciones: "Ella acepta el sistema de la moda. Lo entiende, pero lucha contra él. El hecho de que lo acepte no significa que tenga que compartirlo ni adaptarse a él. No le gusta el gran sistema. No participa en esa industria que compra gente, que compra diseñadores y luego los vende. Donde el dinero tiene todo el poder… En lo que respecta al pequeño sistema, a las rutinas, puede aceptar sus necesidades; por ejemplo, hacer dos desfiles al año en la semana de la moda. Pero no en lo que respecta al grande, el que lava el cerebro a la gente y pretende inculcarla lo que es bueno y lo que es malo. El que, con la ayuda de los medios, dicta qué bolso es el que hay que comprar esta temporada, y que compra y vende a las personas… Ahí ella no entra". ¿Y hay espacio para la revolución dentro de él? "Bueno, eso esperamos", responde Adrian entre risas antes de iniciar la habitual conversación en japonés. "No hay un espacio muy grande. Por eso tengo que luchar, para abrirme el hueco". "Comme des Garçons no se basa en hacer dinero…", añade Adrian por su cuenta. Ella le interrumpe. "Dice que en el sistema de la moda hay poco lugar para gente que no se preocupa por el dinero y sí por hacer cosas nuevas. La prioridad principal de la industria es generar beneficios. Para Comme, es la creatividad. Aunque, por supuesto, el interés secundario es hacer un buen negocio", explica Adrian.

Como era de esperar, pocos han visto nunca el apartamento de Rei en Tokio. Muchos de sus colaboradores no saben ni siquiera dónde vive. Pero se dice que es extremadamente austero. En Comme des Garçons, todos los beneficios se invierten en la empresa. Enriquecerse no es un objetivo porque la bonanza económica mata la creatividad y la libertad. "Mira Suiza", dirá con sorna Adrian, que además de su marido es el presidente y director general de la empresa. "No me gusta poseer cosas. Me siento más libre cuando no poseo nada", dijo ella 14 años atrás. En cualquier caso, hay dinero para reinventir. Además de esa primera línea de complicado lenguaje, hay camisetas, monederos y productos mucho más comerciales. También hay otras etiquetas. Al abrigo y la sombra de Rei han crecido creadores como Junya Watanabe y Tao, que trabajan a sueldo para el grupo que ha creado sus marcas. No hay mucha gente que pueda llevar su ropa, así que la forma de crecer es con nuevas marcas. Y con colaboraciones. Su tienda Dover Street Market, en Londres, es un bazar de seis pisos en el que se puede conocer lo más vanguardista del mundo y del momento. Su declaración de intenciones: "Quiero crear una especie de mercado donde varios creadores de diferentes campos se encuentren en una atmósfera de bello caos: la mezcla y la unión de almas afines que comparten una fuerte y personal visión". Todo ello sin olvidar el acuerdo con Puig. El grupo catalán comercializa el único de sus perfumes que puede calificarse de comercial. El resto, con olor a pastel o a garaje, a laca de uñas o a goma quemada, tienen una distribución acorde con su peculiaridad. Un terreno de experimentación sin precedentes para una firma de moda. Enigmas encerrados en frascos sublimes que a veces están más cerca del arte que del packaging.

Propone un modelo de mujer que dista mucho de la visión arquetípica y a veces banal de otros diseñadores. ¿Diría usted que le ofrece un espacio único para expresarse? "Muchas veces me han dicho que cuando la gente lleva mi ropa se siente poderosa y libre. No es ésa mi intención ni mi objetivo cuando empiezo a diseñar una colección, pero es el resultado natural de luchar tanto en su creación. Eso implica, por tanto, un esfuerzo para llevarla. Y si la gente lo consigue, si supera con éxito esa dificultad, obtendrá una recompensa al final, se sentirá más fuerte. Por supuesto estamos hablando de ciertas piezas. Porque también hacemos ropa más convencional, pero las piezas del desfile requieren un esfuerzo para apreciarlas y para, finalmente, vestirlas. Pero espero que sirva de algo".

El punto de partida de su colección femenina para este otoño fue, por ejemplo, un escueto Persona. Un tema que le llevó a utilizar como material bruto la relación entre hombre y mujer en tanto que las dos caras de una persona. Una idea que acabó traduciéndose en un estudio minucioso sobre la apariencia, la fachada y el equívoco. Aunque, advierte, su interés no era hablar de la identidad de géneros, sino mostrar las dos caras que puede ofrecer una persona. Floreados vestidos victorianos cosidos sobre masculinos trajes de raya diplomática. Un pantalón de lana cuya parte trasera se ha convertido en una falda de volantes. Medias que engañan al ojo y simulan el efecto de un calcetín de ejecutivo. Persona. Un discurso sin concesiones y una actitud vital e ideológica que se traduce en la política de la empresa. Hace un par de años, por ejemplo, Rei se inventó las Guerrilla Stores. Tiendas que se abren sólo durante un breve periodo de tiempo en espacios no especialmente habilitados para ello. Sin inversión. Sin escaparates. Sin decoración. Un concepto que recaló en un local de Barcelona en 2004.

¿Cuál es el mensaje de las Guerrilla Stores? "Somos de los pocos que podemos hacer algo así. Las marcas necesitan un gran montaje para vender lo que hacen. Nosotros queremos demostrar que hay otras formas de tener tiendas y nuevas estrategias de venta. La gente cree que tienes que tener un gran espacio, mucho dinero…, pero nosotros pensamos que hay formas alternativas y montamos las tiendas Guerrilla. Sin inversión, sin grandes gastos. Rompemos la regla de la moda para demostrar que se pueden hacer tiendas sin dinero".

La llegada de Comme des Garçons a París coincidió en el tiempo con la de otros muy célebres creadores japoneses (Yohji Yamamoto, Issey Miyake). Y en el espíritu, con la de una moda intelectualizada e intensa. Oscura y reflexiva. Teñida de profundo y significativo negro cuando este color no era todavía moneda común. Una de esas corrientes que se odian o se aman. Que despiertan pasiones o el más absoluto desprecio. Caricaturizada como antifemenina, siempre negra y austera. Monacal. "Hiroshima chic", la llamaron algunos críticos. Pero lo cierto es que la armada japonesa trajo una nueva sensibilidad, menos frívola, a los salones parisienses y, por extensión, a la estética del mundo. Una década después, el trabajo de Kawakubo había evolucionado y poco quedaba de ese tópico en negro. Con colecciones variopintas, ricas y siempre sorprendentes, en poco tiempo demostró la profundidad de su discurso y el error que suponía encasillarla. En lo que fuera.

¿Alguna vez se ha sentido parte de un grupo? "Nosotros nunca nos vimos así", responde. "Fue cosa de los medios. Nosotros éramos seres individuales, y tres de nosotros coincidimos en llegar a París al mismo tiempo. Pero no entiendo por qué los medios de comunicación se empeñaron tanto en juntarnos, porque incluso antes de Comme ya estaba Kenzo. Y Miyake, en realidad, vino un poco antes. No vine como parte de un grupo de diseñadores japoneses. Fueron los medios los que señalaron y hablaron de una invasión japonesa".

En un reportaje dedicado a Rei Kawakubo publicado el pasado septiembre, la revista Vogue Paris afirma que los admiradores de Comme des Garçons aconsejan no hacerse tantas preguntas sobre la marca, sus intenciones y motivaciones. Si te gusta, ya está, vienen a decir. Pero lo cierto es que la ropa que concibe Kawakubo sí interroga, sí genera un debate. En el mismo artículo, Karl Lagerfeld declara: "La llegada de Rei supuso revisitar la noción de lo bello. Una cierta belleza dentro de una cierta fealdad". Y no es de extrañar que el director creativo de Chanel muestre su admiración por la creadora. Tal como una exposición se encargó de demostrar en Amberes en 2001, Rei y Coco, con sus abismales diferencias, comparten un mismo destino: remover y revolucionar su tiempo.

La constancia de Missy

La chica de River Falls, Wisconsin, ha tenido una carrera que no encaja en los clichés de su profesión. Por su longevidad, su constancia y su coherencia. Su primera portada, para la edición francesa de Marie Claire, se remonta a 1997. El mismo año en el que debutó en las pasarelas y desfiló, entre otros, para Missoni, Chloé o (qué coincidencia) Comme des Garçons. Nunca fue una estrella fugaz de brillo estratosférico, pero poco a poco fue haciéndose un hueco. Su propio hueco. Se lo debe, además de a su luminosa mirada, a uno de los fotógrafos más poderosos, Steven Meisel, quien la ha convertido en una de sus mujeres fetiche y la ha retratado en innumerables ocasiones para Vogue Italia. Este otoño, con 28 años y casi una década después de su llegada, se la considera una de las 10 mejores modelos del mundo y aparece en las publicidades de Vuitton, Lanvin o DKNY. Sus números hasta la fecha apabullan: cerca de 40 marcas de primer orden (Prada, Celine, Jean Paul Gaultier, Missoni, Gap…) la han contratado para alguno de sus anuncios, y en las últimas 18 temporadas nunca ha faltado a los desfiles de alguna de las grandes semanas de la moda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de octubre de 2006