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54º Festival de San Sebastián

El rey del pecho palomo

El hombre occidental tiene dos formas de envejecer conocidas. A saber: la manera mas convencional que es con una barriga grande redonda y dura; y la mas sofisticada que es con un tórax prominente y con los hombros ligeramente para atrás, lo que se llama síndrome del pecho palomo. En cualquiera de los dos casos, del culo carpeta no te salva nadie.

Bien, David Hasselhoff es el rey del pecho palomo. También es uno de los reyes de la tele de los ochenta, junto a Lorenzo Lamas. No sé si lo he soñado, pero recuerdo que en un programa de Nochevieja, de esos en los que Concha Velasco despedía el año con una versión de There?s no business like show business, David Hasselhoff cantó una canción cuyo estribillo era "Torero, te quiero" ataviado con un pantalón de pitillo y una cazadora de piel con un águila en la espalda hecha a base de tachuelas. Debajo de la cazadora no llevaba nada.

David Hasselhoff, el jefe de los socorristas, nunca se ha depilado el pecho y eso le honra

David Hasselhoff nunca se ha depilado el pecho, ni siquiera cuando protagonizaba Los vigilantes de la playa, y eso le honra. En un documental contaba que estuvo a punto de no hacer la serie, porque la experiencia de hacer El coche fantástico le había dejado exhausto actoralmente hablando.

"Me llamaron y les dije que no, y pensé, si me vuelven a llamar les digo que sí. Y me llamaron y les dije sí". Por lo visto las reservas que tenía de que la serie fuera sólo un desfile de chicos y chicas guapas en bañador se disiparon cuando leyó el guión del piloto, entonces se dio cuenta de que "detrás había auténticas historias que reflejaban la vida real de los vigilantes de una playa, los incidentes, los pequeños dramas que tienen lugar, los salvamentos etcétera, todo eso es lo que me hizo aceptar la oferta".

Mitch Buchannon, el jefe de los socorristas estuvo 11 años en pantalla y no pasó ni un solo capítulo donde no corriera a cámara lenta.

Pero en el corazón de este actor de padre alemán, siempre ha estado el rock, y ésa es su verdadera vocación. Pero ¿es David Hasselhoff un buen cantante? Me temo que hay que rellenar la casilla del no. Es bastante malo, malísimo. Pero él parece no saberlo, ni siquiera se lo huele, de hecho en una ocasión, decepcionado porque solo triunfaba en Alemania y Austria, decidió hacer un concierto televisado para el público americano, en un canal de pago. La hora que eligió para el show coincidió con la que eligió O J Simpson para su huida por la autopista de Los Ángeles. Nadie vio el recital de David, ni siquiera sus propios cámaras. La broma le costó un dineral.

Esta mañana leía que este actorazo que a la muchachada española nos hipnotizó con esa imagen vigorosa, ese pelazo y esos ojos gatunos, iba tan borracho en San Sebastián que se tragó la puerta de un restaurante. Las debilidades humanizan, sobre todo si tienes el pecho palomo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de septiembre de 2006