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Los científicos logran el primer genoma de un árbol: el álamo

La información genética será útil para hacer mejores biocombustibles, dicen los expertos

La colaboración de un centenar de científicos de 34 instituciones de todo el mundo ha permitido la descripción del primer genoma completo de un árbol, un álamo considerado la cobaya de laboratorio de los experimentos forestales. Los investigadores han empezado ya a analizar funciones de algunos de los 45.000 genes del árbol, como la formación de madera. El genoma, además, servirá para desarrollar biocombustibles y para abordar problemas ecológicos.

El Populus trichocarpa, la especie de álamo elegida por los científicos para hacer el primer genoma de un árbol, crece muy rápido. Esta característica, por una parte, facilita la experimentación en laboratorio sin tener que esperar mucho tiempo a que crezca, y por otra lo convierte en un árbol muy útil para producir papel, madera o biocombustible. Los álamos ocupan más de 75 millones de hectáreas en todo el mundo.

Esta es la tercera especie vegetal secuenciada, después de la Arabidopsis thaliana (una herbácea también utilizada como modelo de laboratorio) y del arroz, de obvio interés alimentario para millones de personas.

El Populus trichocarpa, con 19 cromosomas, tiene 45.000 genes, informan los científicos del consorcio mundial que ha secuenciado su genoma y que hoy lo presentan en la revista Science. Es un genoma grande, en comparación con el humano, que tiene unos 25.000 genes, y aun así, con sus 485 millones de pares de bases (las letras químicas de los genes), es aproximadamente 40 veces menor que el del pino.

Los investigadores, liderados por Gerald A. Tuskan (del Laboratorio Nacional Oak Ridge, EE UU) y con una importante participación de instituciones europeas y canadienses que han trabajado durante cuatro años en el proyecto, han empezado ya a analizar las funciones de genes concretos del genoma del álamo. Por ejemplo, han identificado 93 genes asociados a la producción de celulosa, hemicelulosa y lignina, elementos constituyentes de las paredes de las células de la planta.

Los mismos científicos apuntan en su artículo algunas posibles aplicaciones prácticas de su trabajo, como el "desarrollo de fuentes de energía alternativas" y de nuevos enfoques para abordar problemas medioambientales.

Bajo óptimas condiciones, los álamos pueden crecer hasta tres metros cada año y alcanzar la madurez en cuatro años. La nueva información genética puede ayudar a seleccionar las mejores variedades para la explotación a gran escala de estos árboles y a facilitar la obtención de bioetanol a partir de su materia prima.

Un equipo de científicos belgas que han participado en la secuenciación del genoma, incluso han empezado ya a investigar qué genes pueden ser importantes para la formación de la madera del álamo y podrían intentar modificar genéticamente la formación de la pared de las células para facilitar la extracción de la celulosa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de septiembre de 2006