Caballé inaugura en Kazajistán la Pirámide de Foster

La soprano catalana Montserrat Caballé inauguró anoche junto a la orquesta Sinfónica Nacional de Kazajistan el Gran Teatro de ópera de la Pirámide de la Paz que ha diseñado el arquitecto británico Norman Foster en Astana, nueva capital oficial del país centro asiático.

La rueda de prensa previa dada por el arquitecto Norman Foster en el ensayo general de anteayer habían sido cuanto menos desoladores, llenos de inquietud: el teatro y su entorno estaban por terminar en multitud de detalles, pero Caballé no quiso ni oír ni hablar de cancelar o aplazar los fastos inaugurales, según relatan algunos invitados: "Estamos aquí para trabajar, hemos venido hasta aquí para cantar y mucha gente nos está esperando. Hay que seguir adelante", dijo la soprano entre bambalinas, y aquellas palabras de la diva surtieron un efecto mágico sobre operarios, ingenieros, músicos y tramoyistas.

La cantante ensayó estoicamente entre nubes de polvo y andamios ha comentado a este periódico Sinan Nargis. Y ayer, a las ocho de la tarde hora local (cuatro de la tarde en España) el inmenso escenario se iluminó de rosa y azul y aún estaba por venir una iluminación impresionante y única que era la voz de Montserrat Caballé.

Vestida de amarillo

En la primera parte, desafiando los hados del teatro, salió vestida de amarillo y encaje negro; tras la primera aria de Otello y con el público entregado, se mostró inquieta porque habían cambiado de posición el podio desde donde cantaba. Ni corta ni perezosa salió a escena la Caballé dispuesta a mover ella misma el treatro. Solícitos, enseguida, músicos y maromos acudieron en su ayuda. A partir de allí, miel sobre hojuelas.

Tras la intervención de varios solistas vocales, en la segunda parte del espectáculo Caballé, para cantar música española salió vestida de rojo sangre y a veces sola y otras acompañada de su hija Montserrat Martí, bordó las partes. "Los músicos kazajos estaban lelos; tocaban mirándola como si de una aparición se tratara, y comentaban tras el brillante concierto que era un verdadero prodigio en el tono y el poder de la voz, en la rotundidad y el rigor del estilo con que aún se presenta" comentaba anoche por vía telefónica a este periódico el productor musical Vito Montaluri, uno de los artífices de esta larga y compleja excursión artística hasta el centro de Asia para inaugurar un teatro que nace con la voluntad de convertirse en una de las maravillas arquitectónicas del mundo contemporáneo.

Según declaraciones del sobreintendente del nuevo y flamante coliseo "El concierto de Caballé pone en lo más alto el listón de calidad de lo que pensamos ofrecer desde este escenario".

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 01 de septiembre de 2006.

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