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domingo, 27 de agosto de 2006
Reportaje:GRANDES REPORTAJES

Gano más que él

Ellas son el motor económico de sus familias. Mujeres que acaban con la figura del varón proveedor y representan un cambio de papeles en las parejas españolas. ¿Están ellos dispuestos a cederles el paso?

Mantenido. A muchos varones españoles les recorre un escalofrío al escuchar esta palabra. En el bar. O en la cena de Navidad. Otros temen que alguien pueda pensar que lo son. Como los que se han negado a participar con sus parejas en este reportaje. Una historia sobre hombres, mujeres y dinero. A Enrique Mira, empleado de banca de 55 años, un familiar le atragantó el pavo hace unos años. "¿No te da vergüenza ganar menos que tu mujer?". Ella, María Manzano, de 51, empezaba entonces a llevar más dinero a casa. La diferencia salarial entre ambos ronda hoy el 50%. Aquella noche navideña, Enrique salió al paso con sinceridad: "No tengo nada de que avergonzarme. Me gustaría que ella ganase todavía más".

En sólo uno de cada cinco hogares españoles es una mujer la que aporta más ingresos

"Hay mucho machista que se resite a dejar de ser el protagonista" (Javier Lara, actor)

Empresaria y profesora de la Escuela Europea de Negocios, María es la que más recursos económicos aporta a este matrimonio de madrileños con dos hijos que vive al sur de la capital, junto a la M-30. En 1998 recibió una oferta difícil de rechazar y antes de decidirse convocó un consejo de familia, en el que anunció a su marido y a sus hijos que tendrían que olvidarse de encontrarla paseando por casa en bata durante las tardes laborables, de que les recogiera en el colegio o les acompañara a hacer la compra. La razón: su nuevo puesto directivo en una cadena de hoteles. La contrapartida: un salario que les subiría a un tren de vida para el que nunca consiguieron billete cuando Enrique era el que prácticamente mantenía a la familia. Después de aquella reunión, todos decidieron apoyarla y asumir el reparto de las tareas domésticas. Y la ascensión profesional y económica de María se tornó imparable.

Hoy es su propia jefa y pasa más tiempo en casa. Pero trabajando a tope. Su pequeño despacho se esconde al fondo del salón, donde asesora a empresas sobre la formación de plantillas. Una labor que María alterna con las clases que imparte en la Escuela Europea de Negocios y sus aportaciones a la Federación Española de Mujeres Directivas. Enrique sigue en el banco. "Yo he elegido la vida cómoda". Y se siente satisfecho. Aunque a veces haya tenido que soportar el reproche de amigos o familiares por jugar el papel de consorte. "La gente exterioriza sus miedos a través de los demás", justifica.

La figura del varón proveedor de recursos económicos a la vida de las parejas españolas empieza a matizarse. Pero lentamente. En un informe sobre Mujer y Trabajo elaborado por la Escuela de dirección de empresas ESADE, publicado en marzo de este año, sólo un 3% de mujeres declaró tener ingresos mucho mayores que sus cónyuges o parejas. Y un 46% de ellas confesó carecer de rentas. "Además, en la mayoría de hogares el sustentador principal sigue siendo un hombre", recuerda Rosa María Peris Cervera, directora del Instituto de la Mujer. En sólo uno de cada cinco hogares españoles (el 22% del total) es una mujer la que aporta más ingresos, según la última Encuesta de Presupuestos Familiares elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Una proporción que se mantiene prácticamente desde 1998.

Para la secretaria de Estado de Políticas de Igualdad, Soledad Murillo, el papel que juegan las mujeres que llevan más dinero a casa adquiere relevancia por la "transgresión de género" que provocan. "Y son el contrapunto a las cifras que establecen en España una brecha del 30% entre el salario de las mujeres respecto al de los hombres", apunta Murillo. Esta diferencia proporcional de sueldos determina que sólo una de cada cinco mujeres españolas gane más que el salario bruto medio anual de los varones (establecido por el INE en 22.169 euros). A la cumbre de la montaña de datos llega el eco insistente de una pregunta: ¿Cómo afecta a la vida en pareja que la mujer sea quien aporta más recursos económicos?

"En la medida en que hoy se identifica el dinero con el estatus, los hombres que ganan menos que las mujeres con las que comparten su vida pueden ver amenazada su posición social. La estructura del patriarcado se hace añicos cuando los menores ganan más que los mayores y las hembras más que los varones", explica el sociólogo Mariano Fernández Enguita. Autor del Informe sobre negociación conyugal y estrategias de negociación en las parejas, Fernández Enguita piensa que las consecuencias del sistema patriarcal no operan en las parejas del mismo sexo. "Las uniones heterosexuales son las que manifiestan, con verdadera intensidad, las consecuencias derivadas de la transgresión de género que puede provocar la independencia económica de las mujeres".

Cuando a Virginia Woolf le pidieron que disertara sobre la condición femenina y la literatura, escribió el librito A room of one's own (Una habitación propia), donde resumió: "Para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio". Inmaculada Montalbán, magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y experta del Observatorio Contra la Violencia de Género, no recuerda una síntesis más acertada que la formulada por la escritora británica sobre la importancia de la independencia económica para las mujeres. Inmaculada recuerda que una vez habló sobre libertades femeninas ante la concurrencia de la plaza de un pueblo. Al finalizar la charla, uno de los asistentes, de avanzada edad, se acercó para comentarle: "Lo del respeto a las mujeres está muy bien, pero mientras sea yo el que lleva el dinerito a casa… ¡la mía hace lo que yo le diga!".

La magistrada rememora la anécdota en uno de los patios del edificio renacentista de la Real Chancillería de Granada, sede del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. El mismo lugar donde fue condenada a muerte la mártir liberal granadina Mariana Pineda, ajusticiada en 1831 e inmortalizada por Federico García Lorca en su obra de teatro Mariana Pineda. Romance popular en tres estampas (1925). A sus 46 años, Inmaculada tiene tres hijos y un marido: Antonio Espinosa, de 45, agente de la Policía Local. Juntos forman un matrimonio en régimen de separación de bienes, que funciona a efectos prácticos "como una caja única".

Los dos se conocieron en Torrevieja (Alicante), donde se encargaban de vigilar el cumplimiento de la ley. Antonio, patrullando las calles de su pueblo; Inmaculada, en los tribunales que la mantenían alejada de su Granada natal. Se casaron en 1989 y al año siguiente nació Inma, su primera hija. A Inmaculada le ofrecieron poco después hacerse cargo de un juzgado de instrucción penal en la ciudad de la Alhambra y la familia se trasladó allí con una sola pregunta en el equipaje: "¿Quién de los dos se va a encargar de cuidar a la niña?". Antonio tomó la iniciativa y pidió una excedencia para el cuidado de hijos menores de tres años. "Dimos prioridad a su carrera judicial", recuerda el padre, quien prorrogó su excedencia hasta 1997 para seguir cuidando de los dos hermanos que siguieron a la pequeña Inma.

Cuando Ségolène Royal empezó a perfilarse en el Partido Socialista francés -cuyo primer secretario es el padre de sus cuatro hijos, Françoise Hollande- como posible próxima candidata a las elecciones de 2007 a la Presidencia de la República, el elefante socialista Laurent Fabius pronunció una desafortunada frase sobre su vida familiar: "Si gana, ¿quién cuidará de los niños?". Muchos amigos de Antonio le preguntaron algo parecido cuando él pidió la excedencia en la policía: "¿Te vas a quedar tú con los niños y dejar que ella se vaya a trabajar?". Él llevaba a sus hijos al pediatra mientras Inmaculada redactaba sentencias penales. Y así se convirtió en un hombre de su casa. Pero durante su prolongada excedencia también tuvo tiempo de licenciarse en Derecho, "contagiado por Inmaculada". Gracias a este esfuerzo, desde que retomó su profesión, Antonio compagina su papel de agente con tareas de asesoramiento jurídico a la Policía Local de Motril (Granada).

El papel que desempeñó su marido durante aquellos siete años sin trabajar convirtió a Inmaculada en la cabeza de su familia. "Ella paga hoy de impuestos lo que yo gano al año", calcula Antonio en voz alta mientras repasa en el salón de la casa familiar de Granada sus declaraciones de la renta del año pasado.

Y a pesar de arrastrar muchas horas de toga sobre los hombros, Inmaculada asegura no haberse perdido nada de sus hijos. Ellos cuentan que, desde que Antonio volvió al trabajo, su madre es la que les prepara el desayuno y los lleva al colegio. Después, Inmaculada pasa el día en la Real Chancillería granadina, donde para un momento al mediodía para comerse un bocadillo. "Así puedo volver antes a casa", comenta, "en la justicia no es fácil conciliar trabajo y familia: faltan suplentes para las ausencias por maternidad y a muchas mujeres les descoloca la vida el ascenso de juez a magistrado; es una tarea que exige muchas horas y a la que no se permite renunciar".

Con la intención de promover la conciliación de la vida laboral y familiar y luchar contra la discriminación por razón de sexo, el Consejo de Ministros aprobó el pasado mes de junio el Proyecto de Ley de Igualdad entre Mujeres y Hombres. Tras las modificaciones presentadas por el Consejo de Estado, algunas medidas del proyecto no han contentado a los sindicatos ni a la mayor parte de asociaciones de mujeres, que consideran insuficiente la ampliación del permiso de paternidad de dos a ocho días. La secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo, explica que "para que la sociedad llegue a ver normal que un ejecutivo, en vez de su mujer, deje su puesto para quedarse en casa cuidando a los niños, hay que empezar dando pequeños pasos. Esta ley no pretende entrometerse en el ámbito privado, sino luchar para que ese ámbito no afecte al trabajo".

El cuidado de la familia es la razón por la que muchas mujeres trabajadoras optan por una jornada a tiempo parcial, ocupando sus horas libres en otras actividades no remuneradas. Carmen Bravo, secretaria del Área de la Mujer del sindicato Comisiones Obreras, recuerda que "estas mujeres acaban realizando una doble jornada; en la empresa y en casa". La contratación a tiempo parcial es una posibilidad que todavía muchos hombres ni se plantean. La Encuesta de Población Activa del primer trimestre de este año reflejaba que, de los 2.413.900 contratados mediante esta fórmula en España, sólo 525.200 eran varones.

Cuando el lastre que pesa sobre las mujeres que asumen demasiadas obligaciones familiares empieza a asfixiarlas, muchas de ellas deciden abandonar el trabajo para poder atenderlas. El INE calcula que 380.000 mujeres, frente a sólo 14.500 varones, dan ese paso cada año en España. Pilar González de Frutos, vicepresidenta de la CEOE, admite la preocupación de la patronal por estas cifras: "Las empresas también deben convertirse en motor de cambio social y no dejar que se escape ese 50% de su talento. Pero para frenar a las mujeres que se plantean dejarlo todo para volver a casa también se requieren ayudas públicas. Las compañías pueden afrontar servicios de guardería, pero no establecer una red de servicios sociales para el cuidado de personas mayores o dependientes. Por eso es también importante que hombres y mujeres se comprometan por igual a conciliar vida laboral y familiar".

Pero conciliar no siempre es posible. Ángeles Heras, directora general de Consumo y Atención al Ciudadano del Ministerio de Sanidad y Consumo, reconoce que las dificultades para compaginar el trabajo con la pareja o la familia se acrecientan al ostentar un puesto directivo. Ahora tiene 51 años, y desde que accedió al cargo, en 2004, Heras lleva más dinero a casa que su marido. Pero también pasa menos tiempo con él. Javier López Facal, de 62 años, es profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y nunca ha protestado por el horario absorbente de su esposa. "Yo también ocupé hace años puestos de responsabilidad en las instituciones públicas", justifica. Pero Javier también reconoce que no es plato de buen gusto para nadie comer y cenar solo muchos días. "Siempre le recuerdo a Ángeles que, por importante que sea, el cargo que ocupa es voluntario y puede dejarlo cuando deje de compensarle".

El teléfono de la directora de Consumo no cesa de recibir llamadas del ministerio. Poco antes del encuentro con este matrimonio estalló el escándalo de la estafa masiva por la que están acusadas las empresas Fórum Filatélico y Afinsa. Durante aquellos días, los más de 350.000 afectados reclamaron una respuesta del Gobierno. Algo sobre lo que Ángeles se niega a conceder declaraciones. "¡Hemos quedado para hablar de hombres y mujeres!", sentencia. Y empieza a recordar su infancia en un pueblo de Córdoba, donde estudió bachiller sin que su padre lo supiera. "Él tenía otros planes para mí", recuerda Ángeles, "quería que fuera peluquera para que no tuviera que marcharme del pueblo. ¡Menuda sorpresa se llevaría si viviera para enterarse de que hoy gano más que mi marido!". Ángeles se casó con Javier en 1996 en régimen de bienes gananciales. "Todo los beneficios van al mismo saco, pero la que ha decidido que nos compremos una casa nueva ha sido ella", reconoce el marido.

En el matrimonio formado por la marroquí Rajae Boumediane el Metni, de 41 años, y el español Tomás Calvo, de 42, también es ella la que toma las decisiones económicas importantes. La pareja ha adoptado recientemente a dos niños pequeños en Tánger y están casados en régimen de separación de bienes. Forman parte del 14% de matrimonios españoles en los que al menos uno de los miembros es extranjero. "Todo el dinero de la familia lo gestiono yo. Éste tiene un agujero en la mano", comenta Rajae junto a la mesa del salón de su casa, repleta de pasteles árabes, frutos secos y pequeños vasos de cristal humeando el aroma del té a la menta.

Rajae paga íntegramente la hipoteca de este pisito en el madrileño barrio de El Pilar, en el que viven desde hace nueve años. A su pequeña cocina llegan muchos olores de la medina de Tánger: café con cardamomo, comino, jengibre, curry y pimienta negra. Rajae dejó en la ciudad marroquí que linda con el estrecho de Gibraltar a sus padres y a sus 13 hermanos en 1990, cuando vino a Madrid para doctorarse en Filología Hispánica gracias a una beca. Tras compaginar sus estudios con la limpieza de chalés en el barrio de Salamanca, consiguió regularizar su situación legal en España y se casó con Tomás. Ella trabaja hoy como secretaria en la sede española de la Embajada de Kuwait. Y su marido trabaja como conserje dos semanas al mes en un centro social del pueblo cacereño de Hervás.

Tomás explica cómo logró desfigurar el rostro de su madre cuando le anunció que pensaba casarse con Rajae. "Hoy, como gana más que yo, ella es su nuera favorita", comenta entre risas. Él destina la mitad de los 1.100 euros mensuales de su salario al pago de la hipoteca de su casa en Hervás. El resto se esfuma entre sus gastos personales. Los cerca de 1.600 euros que Rajae reúne a final de mes entre la embajada kuwaití y diversos trabajos de traducción sirven para solventar el resto de deudas matrimoniales. "Yo soy la cabeza de esta familia", asume orgullosa la marroquí.

Muchos estudios y ensayos de referencia, como La dominación masculina, de Pierre Bourdieu, o La tercera mujer, de Gilles Lipovetsky (ambos traducidos al castellano en la editorial Anagrama), analizan la relación entre el dinero y la vida cotidiana de las parejas. En nuestro país, un equipo de investigadoras de la Universidad de Oviedo que navega entre la economía y la sociología lleva casi diez años observando los comportamientos de las parejas españolas con dos sueldos. Sandra Dema, miembro del equipo coordinado por la doctora Capitolina Díaz, explica que "la figura del varón proveedor que se resiste a ceder protagonismo a la mujer se explica por la distinta concepción que unos y otras tienen del dinero". Dema argumenta que ellos todavía piensan más en los grandes gastos y ellas atienden a los más pequeños y cotidianos. Aquellos que son vitales para salir adelante. "La mayoría de ellos se preocupan más por el precio de la casa o la letra del coche, mientras que las mujeres establecen sus prioridades en lo que les cuesta el colegio de los hijos o el carro de la compra. Incluso en parejas en las que ella gana más que él".

El equipo de la Universidad de Oviedo también destaca la dificultad de cambiar los papeles asignados tradicionalmente a mujeres y hombres. "Los hombres que llevan menos dinero a casa que sus parejas femeninas no suplen, por norma general, su menor aportación con una mayor implicación en el trabajo doméstico. Algo que sí hacen la mayoría de mujeres que ganan menos que sus cónyuges", apunta Sandra Dema. A la doctora le preocupa que la incorporación de las mujeres al mercado laboral y su ascenso a puestos de responsabilidad no venga acompañada en muchos casos de un cambio de roles con sus maridos en el hogar. "Romper el techo de cristal que frena el progreso de las mujeres cuesta más en el ámbito privado que en el público. En el trabajo se puede legislar; en casa, no".

En algunos casos, la vida en pareja se torna insoportable. Sandra Dema recuerda que muchas mujeres con un trabajo mejor o que llevan más dinero a casa que sus maridos acaban dejándolos cuando ellos reniegan de su éxito profesional. Como escribió Pierre Bourdieu en La dominación masculina: "La realidad de las relaciones estructurales de dominación sexual se deja vislumbrar a partir del momento en que se observa, por ejemplo, que las mujeres que han alcanzado puestos muy elevados (ejecutivas, directoras generales de ministerio, etcétera) tienen que pagar de algún modo ese éxito profesional con un éxito menor en el orden doméstico (divorcio, matrimonio tardío, soltería, dificultades o fracasos con los niños, etcétera)". Para que los augurios del prestigioso intelectual francés no se cumplan, las investigadoras de la Universidad de Oviedo recomiendan que las parejas apliquen el cariño a la gestión de los recursos económicos. "Comprar un piso juntos puede llegar a significar un acto de amor", concluye Sandra Dema.

Javier Lara y Leticia Rodríguez no llegan a reconocer que la hipoteca de un piso en Vicálvaro (Madrid) que están a punto de firmar sea un acto de amor. Pero admiten que consolidará su relación. "Nunca hemos pensado en casarnos, pero estuvimos, sin embargo, informándonos sobre la regulación de las parejas de hecho por si tenía algún tipo de ventaja a la hora de comprar una casa", comenta Leticia. Ella es directora de empresas en un banco; él es actor. Tienen 28 y 27 años, respectivamente, y llevan cinco viviendo juntos. "Sin el apoyo económico de Leticia, yo nunca hubiera conseguido ser actor profesional", confiesa Javier.

Su punto de encuentro fue Peñarroya Pueblonuevo (Córdoba), donde Javier vivía y Leticia pasaba los veranos. Pero la relación se materializó en Madrid, cuando él se trasladó a la capital para estudiar Arte Dramático. En 2001, Javier se fue a vivir con Leticia al barrio de la Elipa, donde ella pagaba casi la totalidad de un alquiler de 700 euros. Poco después, Leticia abrió una cuenta de ahorro para la vivienda cuyos fondos ella ha mantenido hasta hoy.

Cuando empezaron a convivir, Leticia realizaba tareas de gestión en una empresa de trabajo temporal, mientras su novio seguía estudiando para ser actor. "Yo ponía la pasta para el día a día que ganaba en los curros que Leticia me buscaba. Unos trabajos que compaginaba con la escuela: descargaba camiones, repartía cartas, vigilaba edificios… Un día estaba fregando las torres KIO y me pasó lo mismo que a la protagonista de Solas, cuando un ejecutivo le pisa el suelo todavía mojado. Entonces me dije: ¿Qué coño hago aquí si lo que quiero es ser actor?", recuerda Javier.

A medida que aprobaba cursos en la Escuela de Arte Dramático, empezó a aparecer en pequeños papeles de series de televisión. Javier participa hoy en la obra Divinas palabras, producida por el Centro Dramático Nacional. Gracias a este trabajo, su salario empieza a acercarse al de su novia, quien proyecta hoy día su carrera profesional en el mundo de la banca.

Javier reconoce haber escuchado en varias ocasiones la palabra "mantenido", pero nunca se ha dado por aludido. "Es que no es mi caso, yo nunca he parado de trabajar. Pero por buscar el sueño de mi vida he tenido que hacer otros oficios muy mal pagados. Todavía hay mucho machista suelto que se resiste a dejar de ser el protagonista absoluto de la comedia de la pareja. Y los hombres también tenemos que aprender a actuar en papeles secundarios".

Familia en la que el motor económico es la mujer en vez del varón. / SILVIA VARELA

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