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Crítica:Feria de San Fermín

El rey y los labradores

Se ha dicho famosamente que ni el rey comería si el labrador no labrase. Eso acaece en el mundo del toro. Para que las llamadas figuras del toreo pervivan hace falta que existan los toreros que apechugan con las corridas duras, como la que se lidió ayer en Pamplona.

Los labradores (toreros) de ayer no pudieron con los toros de Dolores Aguirre. Estuvieron por debajo de la corrida enviada por la ganadera bilbaína. Por tanto, el comentario merece inclinarse por el juego de los toros. Y así el primer toro era grande, con bella estampa, con dos perchas en la cabeza. Salió huido del primer encuentro con el picador. Apretó la segunda vara. Le dieron una tercera vara. La segunda fue tremenda. En banderillas los peones no estuvieron en profesionales. Toro con peligro si se le toreaba mal. Había que ponerse y consentir, porque el toro embestía aunque no acabara de humillar del todo. Un buen toro. Murió en los medios.

Aguirre / Uceda, Dávila, Robleño

Toros de Dolores Aguirre: con poder, con inmejorables hechuras, destacaron primero y quinto. Uceda Leal: pinchazo y estocada (vuelta); estocada (silencio). Dávila Miura: pinchazo hondo, pinchazo y estocada (silencio); dos pinchazos, pinchazo hondo y estocada caída (silencio). Fernando Robleño: pinchazo y estocada caída (silencio); estocada caída (silencio). Plaza de Pamplona. 8 de julio. Segunda corrida de lidia ordinaria.

El segundo de la tarde también lucía unas hermosas garrochas por pitones. Se le pegó mucho en varas. Medía al torero. Pedía el carnet de profesional. Murió en los medios. Un toro duro y con poder.

El tercero fue lidiado espantosamente mal. Entró seis veces al caballo, le pegaron muy duro. No se entregó, y dobló las manos en dos ocasiones.

El cuarto recibió dos varas larguísimas. Murió en los medios. El quinto, con 600 kilos de peso, exhibía un trapío armónico. Un bello toro. Le dieron cuatro varas, tres de ellas fortísimas. El toro embestía; y tan embestía que el torero se dio cuenta a última hora de que podía haber hecho una faena muy apañadita.

El sexto era toro corraleado, puesto que el año pasado vino como sobrero. Le dieron una vara muy fuerte y una segunda vara no menos fuerte. Toro andarín, en continuo bamboleo de cabeza, gazapón. Con poca clase, basto. Embestía con la cara alta. El torero no supo dominarlo en ningún instante.

De los toreros, poco que hablar. Uceda Leal en su primero estuvo valiente aunque le faltó mando. La cuarta tanda y última de derechazos fue la mejor. Destacamos dos buenos muletazos. Como había empezado con pase de rodillas en el centro del ruedo, el toro le arrolló. En ese toro dejó a la vista demasiadas precauciones y muchas dudas. Acabó macheteándolo y aquí acabó su actuación.

Dávila Miura dejó la impronta de su toreo campero; pero sin acabar de cruzarse. En el quinto toro se fue dando cuenta, muy tarde, de que podía haberle sacado partido. Mientras el torero iba creyendo que el toro iba a servirle, juntó demasiadas dudas y aquello acabó de esfumarse por completo.

Fernando Robleño dejó una tarjeta con demasiados medios pases. Derechazos y naturales, pero sin cruzarse nunca y la mayoría de los pases con una carencia total de mando. Sin calidad alguna. En el sexto no supo dominar al toro. La franela fue un manojo de tropiezos por falta de dominio. El torero puso voluntad y poco más.

Vale repetir que los toros estuvieron por encima de los toreros. ¡Qué sería del rey sin los labradores!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de julio de 2006