59º Festival de cine de Cannes

Moretti provoca división de opiniones

'El caimán', la película sobre Silvio Berlusconi, fue recibida con pitos y aplausos

Había tanta expectación ante la película de Nanni Moretti como decepción hubo al acabar el pase de prensa, donde fue recibida con pitos y aplausos. Decepcionó a la mayoría porque, a fin de cuentas, El caimán no habla tanto del ex presidente del Gobierno italiano Silvio Berlusconi como del propio Moretti, que se reserva como actor la última parte del filme, dando rienda suelta a su conocida egolatría. La otra película a concurso, Las luces del suburbio, de Aki Kaurismaki, tercera de su trilogía sobre perdedores, tampoco estuvo a la altura de lo esperado, a pesar de que este finlandés conserva la energía poética de sus filmes anteriores, aunque algo desmayada.

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Antes de la proyección de El caimán, a las ocho de la mañana, había en la calle más gente de la habitual pidiendo entradas. Docenas de cinéfilos con cara de pena preguntan cada día si te sobra une place, o la solicitan mostrando cartelones con el título de la película que quieren ver. Puede que la de Moretti se haya llevado la palma en este sentido, a poca distancia de X-Men: the last stand, otra sorprendente película comercial de palomitas exhibida en la sección oficial, fuera de concurso.

Con la sala abarrotada y por lo tanto con público muy diverso, El caimán no levantó las risas prometidas, salvo algunas aisladas en los primeros momentos, como si fuera obligatorio encontrarle la gracia. Según avanzaba la proyección, el presunto tono burlesco del filme desconcertaba más que divertía, y la prometida crítica sobre el personaje de Berlusconi seguía sin aparecer.

De lo que en realidad trata El caimán es de un mísero productor de películas de serie B o Z -Maciste contra Freud, La mujer policía con tacones de punta, Mocasines asesinos-, que está arruinado tras su último fracaso profesional, en trance de separación de su mujer, perdido en la vida, y al que inesperadamente una joven le ofrece el guión de una película sobre Berlusconi. El productor, sin ni siquiera leerlo, se pone manos a la obra. A pesar de su entusiasmo por volver a hacer cine -cualquier película-, surgen en su camino todo tipo de problemas: la televisión no quiere participar en el proyecto, el actor elegido para interpretar al caimán se retira antes del rodaje, un financiero polaco da también marcha atrás, mientras él continúa atormentado con sus problemas familiares; de sopetón, el hombre descubre que la joven guionista es amante de otra mujer, y queda desconcertado... Un cúmulo de dispersiones.

Cuando por fin aparece el actor que debe interpretar al Berlusconi de la película dentro de la película, éste no es otro que el propio Nanni Moretti, que opina negativamente del guión aunque no lo haya leído, como asegura Moretti que muchos críticos han hecho con sus propias películas. Este Berlusconi de ficción, que en nada se parece físicamente al real, pronuncia enfáticamente un aburrido monólogo en el que da cuenta de los propios fantasmas de Moretti: "Lo único que sabe hacer la izquierda es odiarme" o "la izquierda es triste y hace triste a la gente"...

Cine dentro del cine -la película soñada por el mal productor, el guión de la chica lesbiana, y, por encima de todo, la película del propio Moretti-, que no conduce a algún lugar claro ni mucho menos interesante, como si el haber usado la figura de Berlusconi sólo haya sido una gracieta para que el autor de Caro diario vuelva a hablarnos de sí mismo.

Aki Kaurismaki, tras Nubes pasajeras y El hombre sin pasado, culmina en Las luces del suburbio su acercamiento al mundo de personajes perdedores. Con idéntico hieratismo en los actores, sequedad en la puesta en escena y ausencia de emociones, cuenta la historia de un hermético vigilante nocturno seducido por una fría mujer que le engaña para robar las joyas que él protege. Culpado del robo del que es inocente, el muchacho sufre en silencio la condena.

Pero si difícil o inútil es intentar contar una película, con el cine de Kaurismaki es tarea imposible: hay que dejarse fascinar por el poderío de sus imágenes, enfrascarse en su poética extraña, difícil, ajena, que puede llegar a fascinar. Lástima que en el caso de Las luces del suburbio quede en el espectador la impresión de que la película está inacabada. Sabe a poco y no sólo por su escasa hora y 20 minutos de duración.

A señalar como curiosidad que el filme comienza con el tango Volver cantado por Carlos Gardel. Kaurismaki, gran aficionado al tango, hizo que todo el equipo de su película bailara uno antes de subir las escalinatas del palacio del festival; incluso intentó que Gilles Jacob, el presidente de Cannes, les acompañara. Pasado el ecuador de esta edición, sigue siendo el Volver de Almodóvar la película mejor situada en las votaciones de los críticos. Pero aún quedan posibles sorpresas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0022, 22 de mayo de 2006.

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