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Bush intenta frenar el desencanto militar

El presidente defiende al jefe del Pentágono por las críticas a la guerra de Irak de varios generales retirados

Washington
Con sus índices de popularidad cayendo en picado, en su punto más bajo desde que asumió la presidencia, George Bush interrumpió sus vacaciones familiares en Camp David y acudió a Washington para apoyar a su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, censurado duramente por un grupo de generales retirados que cuestionan la guerra de Irak y piden la dimisión del jefe del Pentágono, al que califican de incompetente y arrogante. Bush, en una inusual declaración escrita, cerró filas en torno a Rumsfeld, expresándole todo el apoyo presidencial y rindiéndole homenaje por su "liderazgo enérgico y decidido" durante este "histórico y desafiante momento para nuestra nación".

Hace tres años que cayó Bagdad e Irak se hunde cada día más en la violencia y el caos. Para las tropas, las malas noticias no sólo se producen en el teatro de operaciones iraquí. En Washington, un grupo de generales retirados cuestionan la guerra al exigir la cabeza del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, al que acusan de incompetente y arrogante. El comandante en jefe de todos los Ejércitos, George Bush, interrumpió sus vacaciones familiares en Camp David para cerrar filas en torno a Rumsfeld e hizo algo poco usual, una declaración escrita: "Tiene todo mi apoyo".

Con el mensaje, el presidente quería además evitar que llegaran al campo de batalla señales de desaliento. Una vez más, Bush ha manifestado la lealtad que le une a sus más estrechos colaboradores y su resistencia a cambiar la composición de su equipo por presiones exteriores, al renovar su confianza en el secretario de Defensa.

Como ya ha hecho en otras ocasiones, el presidente de Estados Unidos parece decidido a dejar pasar la tormenta política y mediática suscitada por las críticas, algo nuevo, de un grupo de militares retirados y no sacrificar a un colaborador, a quien amigablemente llama Don en la declaración emitida desde Camp David. En ella rinde homenaje a Rumsfeld por su "liderazgo enérgico y decidido". "Hoy hablé con Don Rumsfeld sobre las operaciones militares en marcha en el guerra global contra el terrorismo. Le reiteré mi fuerte respaldo a su liderazgo durante este histórico y desafiante momento para nuestra nación", dice Bush en su declaración. "El enérgico y firme liderazgo del secretario Rumsfeld es exactamente lo que se necesita en este período crítico. Tiene todo mi apoyo y mi más profundo aprecio".

Baja popularidad de Bush

A poco más de seis meses de las legislativas de noviembre, los índices de aprobación de Bush siguen cayendo en picado; se encuentran en un 36%, su punto más bajo desde que asumió la presidencia, debido al creciente descontento público con la guerra en Irak.

El número de ex mandos militares que han criticado al jefe del Pentágono por sus "errores" en el desarrollo de la guerra de Irak en las últimas semanas se eleva ya a siete, seis de los cuales han pedido su renuncia. De especial importancia son las críticas realizadas por el general de dos estrellas John Batiste, que fuera responsable de la Primera División de Infantería durante su despliegue en 2004 y 2005 en Irak. A la vuelta de aquel país árabe renunció a colocarse la tercera estrella en su uniforme y a convertirse en el número dos del Ejército de Tierra, porque no quería estar bajo el mando de Rumsfeld.

Según Batiste, se necesita "un liderazgo nuevo que respete a los militares, de igual forma que ellos esperan que les respeten los militares, y que entienda lo que es trabajar en equipo", declaró Batiste a la CNN. Rumsfeld, 73 años, es un civil entre militares.

Al igual que el resto de antiguos mandos, el general de dos estrellas considera que Bush ha violado principios fundamentales en su manejo de la guerra de Irak, tales como la unidad de mando y el empleo de tropas suficientes para la batalla. A pesar de que las críticas provienen sólo de siete de los 9.000 generales retirados y en servicio que existen en el Ejército de Estados Unidos, las peticiones de estos generales -Paul Eaton, Anthony Zinni, Gregory Newbold, John Riggs, Charles Swannack, Robert Scales, que no ha pedido la renuncia, además de Batiste-, han generado una tormenta en torno al siempre polémico Rumsfeld.

Al menos dos veces durante el escándalo de las torturas a los prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, Rumsfeld presentó su dimisión al presidente, que no la aceptó. Los senadores republicanos John McCain y Chuck Hagel expresaron en diciembre de 2004 su falta de confianza en el secretario de Defensa de Bush. En esta ocasión, Rumsfeld no ha puesto su cargo a disposición de la Casa Blanca. En una entrevista en la cadena árabe Al Arabiya, el jefe del Pentágono declaró: "Si hubiera que hacer caso a dos o tres personas que no están de acuerdo de entre los miles de generales que existen y cambiar al secretario de Defensa de Estados Unidos, esto sería como un tiovivo".

En apoyo de Rumsfeld, además del comandante en jefe Bush, han salido Richard Myers, militar retirado que fue jefe del Estado Mayor, y el también retirado Tommy Franks, comandante en las guerras de Afganistán e Irak. Pero los analistas consideran que Bush no puede dejar pasar por alto las críticas de los generales. "Es un referéndum en el punto medio de la presidencia de Bush", dice en The Washington Post Michael O?Hanlon, de la Brookings Institution, y añade que para el presidente es "impensable" imaginar el Pentágono sin Rumsfeld.

Para el general retirado Charles Broker, es "inusual" que un grupo de militares, aunque en el retiro, hagan semejantes críticas de forma pública. En su opinión, la experiencia de Vietnam, en la que los errores causados por el liderazgo civil condujeron a la derrota militar y a años de erosión en la moral de las tropas, ha hecho posible que ahora un grupo de oficiales se hayan decidido a hablar de forma más contundente y agresiva.

Contundente, Charles Swannack, comandante que dirigió la 82ª División Aerotransportada en Irak, asegura que se necesitan "líderes militares que entiendan los principios de la guerra y los apliquen sin miramientos", añadió. Eaton, a cargo entre 2003 y 2004 de la formación de las fuerzas militares iraquíes, publicó un demoledor artículo en The New York Times en el que exponía que "Rumsfeld ha puesto el Pentágono a merced de su ego, una visión del mundo más propia de la Guerra Fría y una confianza sin base en que la tecnología puede reemplazar a los soldados".

En Irak sin un plan

El general Anthony Zinni, que ya se había manifestado en este sentido a principios de mes, ha reiterado su solicitud en coincidencia con otros ex mandos del Pentágono que piensan que Rumsfeld "está loco" si no presta atención a las objeciones a la estrategia y las tácticas de EE UU en el golfo Pérsico. "El mayor error de Rumsfeld fue que desechó 10 años de planificación para ocupar Irak, y fuimos allí sin un plan", dijo Zinni, que estuvo al frente del Mando Central desde 1997 a 2000. En su opinión, el secretario de Defensa tiene "un estilo prepotente y una falta de disposición a escuchar" el consejo de los mandos militares.

Zinni recordó que el general Eric Shinseki dijo al Congreso que para la operación se necesitarían por lo menos 300.000 soldados. Rumsfeld refutó esa idea y EE UU invadió Irak con unos 160.000 soldados.

Tres años después, Estados Unidos mantiene en Irak más de 130.000 soldados, han llegado en ataúdes envueltos en banderas más de 2.300 cadáveres y no existe un calendario de salida del país.

El caso del prisionero Qahtani

¿Supervisó o autorizó Donald Rumsfeld el interrogatorio de un detenido en la base estadounidense de Guantánamo? Según un informe elaborado por el inspector general del Ejército en diciembre de 2005 y desvelado por la revista electrónica Salon.com, sí lo hizo. El informe contiene un testimonio del teniente general Randall M. Schmidt, que afirma que Rumsfeld estuvo "personalmente implicado" en el interrogatorio del detenido Mohamad al Qahtani.

La organización de defensa de los Derechos Humanos Human Rights Watch (HRW) ha recogido el testigo y reclama al Gobierno de EE UU que nombre un fiscal especial para investigar la responsabilidad de Rumsfeld, entre otros, en el caso de Al Qahtani.

Para HRW, el actual Fiscal General, Alberto Gonzales, estuvo personalmente implicado en el diseño de políticas de interrogatorios cuando era asesor legal de la Casa Blanca, lo que le descalifica para realizar un trabajo independiente

Qahtani fue sometido a malos tratos físicos y psíquicos desde mediados de noviembre de 2002 hasta principios de enero de 2003, según HRW. Durante seis semanas, afirma la organización, se le impidió dormir, fue obligado a permanecer en posturas dolorosas, a realizar ejercicios, a permanecer en pie y se le prohibió ir al baño en varias ocasiones, entre otras humillaciones.

"Llegados a este punto, la cuestión no es si Rumsfeld debería dimitir, sino si debería ser imputado", declaró la responsable de Terrorismo y Antiterrorismo de HRW, Joanne Mariner, en un comunicado. Según el testimonio del general Schmidt, Rumsfeld "hablaba semanalmente" con el general Geoffrey Miller, un alto responsable en Guantánamo en 2002 y principios de 2003, sobre el detenido y estuvo "personalmente implicado en el interrogatorio de esta persona".

RUMSFELD, EN APUROS

- Uno de los críticos es el general Batiste, jefe de la Primera División de Infantería en 2004 y 2005

- "Su mayor error fue que desechó 10 años de planificación para ocupar Irak", dice el general Zinni

- Los analistas creen que Bush no puede dejar pasar por alto las críticas de los generales retirados

- Rumsfeld presentó su dimisión dos veces; ahora no lo ha hecho

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de abril de 2006

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