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Carmen Balcells reivindica la lectura como un acto "libre y solitario"

La agente literaria fue investida ayer doctora 'honoris causa' por la Autónoma de Barcelona

Fue una ceremonia austera. No hubo togas ni birretes, como establecen las reglas de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en la investidura, ayer, de Carmen Balcells (Santa Fe de Segarra, Lleida, 1930) como doctora honoris causa. Pero la ausencia de parafernalia no restó emoción a un acto lleno de humor, de calidez y de amor por la literatura. La escritora Carme Riera -una de las "clientes" de la agente literaria, que es como ella llama a sus representados- glosó con cariñosas palabras la figura de la feliz doctoranda. Ella aceptó el título con la lectura de una especie de contradiscurso -se saltó continuamente con divertidos excursos la conferencia impresa- en el que reivindicó la lectura como un acto "libre y solitario".

Arropada por toda su familia -en la primera fila se sentaban, orgullosos, su esposo, Lluís Palomares, y su único hijo, Lluís Miquel, que empujó con suavidad la silla de ruedas de su madre hasta el interior de la sala de actos del rectorado mientras los asistentes la recibieron en pie y con calurosos aplausos- y numerosos amigos, muchos de ellos escritores, Carmen Balcells, perito mercantil, fue investida doctora honoris causa por el rector, Lluís Ferrer, a propuesta del Departamento de Filología Española de la Facultad de Filosofía y Letras. Vestida con una larga túnica blanca -es su color preferido para la ropa-, sobre la que resaltaba un largo collar de cuentas negro, a juego con los pendientes y el anillo, la "superagente" -el simpático calificativo corresponde a Manuel Vázquez Montalbán, que fue otro de sus clientes, y no es baladí, ya que en el catálogo Balcells figuran nada menos que cinco premios Nobel- escuchó emocionada la intervención de Carme Riera.

La escritora mallorquina repasó la trayectoria de la doctoranda, con frecuentes guiños amistosos hacia su amiga y representante. Bromeó, por ejemplo, con el nombre del pueblecito en el que nació, Santa Fe de Segarra, "hoy más conocido", dijo la autora, "por Santa Fe de la Balcells". Recorrió la infancia de "aquella niña espabilada, rubia y con tirabuzones", la adolescencia de la muchacha con inquietudes ya en Barcelona, sus primeros pasos azarosos en el mundo de las letras como corresponsal en la capital catalana de la agencia literaria de Vintila Horia mientras se ganaba la vida de verdad como secretaria del gremio de fabricantes de maquinaria textil, y la fundación, en 1960, de su despacho de representación con Luis Goytisolo como primer cliente.

Riera habló del gran éxito de la Agencia Balcells, "la más importante de las letras hispánicas", con 300 clientes de renombre, pero subrayó que los auténticos méritos de su creadora para recibir el doctorado honoris causa se resumían en tres: su "extraordinaria" labor en favor de la literatura y su difusión; la defensa de los derechos de los escritores, y, sobre todo, "su absoluta fe en la palabra escrita" y "su defensa apasionada de la literatura".

Balcells -ante un auditorio en el que había escritores como Ana María Matute, Eduardo Mendoza, Javier Cercas, Alfredo Bryce Echenique, Juan Marsé, Félix de Azúa y Andreu Martín; la viuda de Vázquez Montalbán, Anna Sallés, y editores como Josep Maria Castellet, Claudio López Lamadrid, Jesús Badenes, Riccardo Cavallero y Daniel Fernández- reivindicó la lectura como un "acto libre y solitario" y distinguió entre la literatura que permite descubrir "un mundo de sueños y de emociones" frente a "los libros oficiales", que aportan el conocimiento académico.

Cuando acabó, su dulce mirada azul se posó en el señor canoso con bastón de la primera fila, su esposo. "¿Lo he hecho bien?", le preguntó bajito.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de diciembre de 2005