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La aventura vital y literaria de Terenci Moix asombra a los egipcios

Las jornadas de homenaje al escritor concluyen hoy en El Cairo

Los egipcios que ayer asistieron a la primera de las sesiones en torno a la obra de Terenci Moix que se celebran en El Cairo organizadas por el Institut Ramon Llull quedaron algo perplejos e incluso alucinados ante la desmesurada aventura vital y literaria del escritor catalán. Antes, Josep Maria Benet i Jornet trazó en la conferencia inaugural, Terenci Moix en Camelot, una conmovedora y brillante evocación del escritor.

Es verdad que los conferenciantes -la mayoría, buenos amigos suyos- no les han ahorrado nada, ni siquiera que Terenci Moix alardeaba de haberse "tirado" a Terence Stamp. Así, cuando el dramaturgo Josep Maria Benet i Jornet rememoraba el teatral intento de suicidio de Terenci Moix al romper con el actor Enric Majó, que incluyó esgrimir un cuchillo ante su madre, o recordaba un episodio masturbatorio del escritor cerca de las ruinas de Cnossos, se pudo ver a los árabes del auditorio aferrarse a su aparato de traducción, como no dando crédito. Y eso que aún falta por hablar Maruja Torres.

"La homosexualidad expresada sin remilgos es lo que más nos sorprende a los árabes de los libros de Terenci Moix", señaló Islam Abd el Fatah, un simpático joven cairota licenciado en Filología Islámica que participa en las jornadas y está realizando un estudio sobre la obra del escritor. "La verdad, no estamos acostumbrados". Es curioso ese remilgo; cualquiera diría que no conocieron a Lawrence de Arabia. Por cierto, ayer trascendió que el Ramon Llull financiará la traducción, por primera vez, al árabe de alguna obra de Terenci Moix sin especificar.

Otro ejemplo de los problemas de los árabes para lidiar con Terenci Moix lo ofreció la exégesis que hizo el responsable de aceptar la donación de libros del escritor a la Biblioteca de Alejandría, Taher Khalifa, de un fragmento de El amargo don de la belleza que leyó Román Gubern (que ha viajado por primera vez a Egipto también de la mano -póstuma- de Terenci Moix). Consideró el erudito egipcio, tras comparar a Terenci Moix con los sabios de Bonaparte, nada menos, que la experiencia que sacudió al escritor en su viaje iniciático a Tell-el Amarna (y que de hecho incluyó escarceos con algunos fellahs) fue de índole religiosa y le abrió el acceso al monoteísmo. Una interpretación que dejó aún más de piedra a la estatua de Demetrios Phalerus del vestíbulo.

Tras la intensa jornada emocional del domingo, en la que se hizo la donación de libros de Terenci Moix al fondo de la Biblioteca de Alejandría y se esparcieron las cenizas del autor en la bahía de la ciudad, parecía que los actos de El Cairo discurrirían por caminos más sobrios y académicos. Pero no ha sido así. Y eso que por suerte a ninguno de los amigos de Terenci Moix se le puso en marcha el camello de peluche que ha causado furor en la expedición (casi todo el mundo lleva uno), porque canta el hit árabe de Hakim, "Intenté olvidarte, pero no puedo, no puedo".

La conferencia inaugural de Benet i Jornet, una conmovedora y brillante evocación de Terenci Moix que el dramaturgo y amigo del escritor ha extraído de las memorias que escribe, volvió a poner al borde de las lágrimas a parte del auditorio. No sólo a los amigos de Terenci Moix: una mujer madura de la colonia española en El Cairo explicaba luego cómo había reconocido en el mundo barcelonés del escritor retazos de su propia vida.

El dramaturgo se movió entre el retrato del amigo y el estudio literario del autor de No digas que fue un sueño. No ahorró críticas a determinadas actitudes de Terenci Moix ante la popularidad y el dinero (dijo que se pasó al castellano para ganarse bien la vida), y le recriminó su frivolidad y su hedonismo, ese ir al fondo del placer sin cortapisa -incluido el fumar- que finalmente le mató, "y nos dejó sin él". Terenci Moix, dijo, "era compulsivo, la furia de sus pasiones, siempre irrefrenable". Fue imposible no pensar en uno de los poemas de Kavafis leídos la tarde anterior al esparcir las cenizas, Comprensión, que Anna Maria Moix eligió por lo que representa a su hermano: "En el fondo de mi vida joven y disoluta / hallaron forma las imágenes de mi poesía (...) Por ello mis enmiendas fueron tan inconstantes, / mis resoluciones de continencia, de cambiar, / duraban dos semanas como máximo".

El título de la conferencia de Benet i Jornet, Terenci Moix en Camelot, aludía al Shangri La que el escritor construyó para sus amigos en Ventalló, donde se reunían y compartían momentos inolvidables. En aquel reino de la amistad en tecnicolor, en aquel Camelot, dijo Benet i Jornet trasladando el universo de Terenci Moix al ciclo artúrico, más allá de Tebas y del Cecil Hotel, "Terenci era el rey. Y el rey nos espera en Avalón".

Isis de luto

También ayer, en la sede del Instituto Cervantes, Inés González y Núria Espert dieron una conferencia sobre Terenci Moix, el viajero exquisito, en la que evocaron los viajes del escritor. La charla estuvo apoyada por un audiovisual con imágenes de Moix en sus periplos, desde 1968 hasta 1999 -en 1986 con Antonio Gala, en 1992 para ver la restauración de la tumba de Nefertari-. Ver a Terenci Moix vivo, moviéndose y hablando de nuevo aquí, junto al Nilo, provocó una honda emoción en los presentes.

El último viaje de Terenci Moix fue precisamente a Alejandría, para contemplar las obras de la Biblioteca. No pudo entonces ver la maravillosa estatua negra de Isis semidesnuda, que es una de las joyas del museo. Sacada de las aguas de Aboukir, representa todo el misterio y la sensualidad de la antigua Alejandría que tanto le atrajo. Para los viajeros, sin Terenci Moix es, en su rotunda belleza de basalto, una imagen de luto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de diciembre de 2005

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