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El enviado de la ONU abre la negociación sobre el estatuto final de Kosovo

Albaneses y serbios defienden posiciones irreconciliables sobre el futuro de la conflictiva provincia

Pristina recibió ayer al enviado especial de la ONU para Kosovo, el diplomático finlandés Martti Ahtisaari, con cortes de luz y calefacción, con temperaturas bajo cero, con un congreso sobre el héroe nacional albanés, Skanderbeg, y con posiciones en principio irreconciliables entre albaneses y serbios sobre el futuro de esta provincia administrada por Naciones Unidas. La llegada de Ahtisaaridentro de una gira que le llevará también a Belgrado es considerada por la ONU como el principio de las negociaciones para el estatuto definitivo de este territorio.

Los albaneses representan el 90% de los 1,8 millones de habitantes de Kosovo y los serbios el 8%, aunque éstos consideran que Kosovo alberga la cuna de su Iglesia y de su cultura.

En las últimas semanas se han producido una serie de incidentes, entre ellos la explosión el jueves de una bomba en un mercado visitado por serbios que hirió a cuatro niños o la aparición de controles irregulares por parte de hombres armados en el sur y oeste de la provincia. La llegada de Ahtisaari ha puesto a las tropas internacionales de Kfor (17.000 efectivos, 800 de ellos españoles) en estado de alerta. El programa del ex presidente finlandés, que ya participó en 1999 en las negociaciones para poner fin a los bombardeos de la OTAN contra Yugoslavia y que tiene fama de mediar con habilidad en los conflictos más espinosos (y éste lo es), se mantiene casi en secreto por motivos de seguridad.

"Esta visita representa el comienzo del proceso negociador. Eso no quiere decir que las partes vayan a sentarse inmediatamente. La primera fase se basará sobre todo en contactos, tanto aquí como en Belgrado, y también con el Consejo de Seguridad", asegura una fuente de Naciones Unidas. Las únicas declaraciones en Pristina de Ahtisaari, que mantendrá una oficina en Viena, ayer fueron en finlandés y se limitó a asegurar: "Vengo a decir buenos días a mis interlocutores".

Sentar a las partes en estos momentos no sería muy productivo: mientras los albaneses exigen la independencia -una resolución en este sentido fue aprobada por la inmensa mayoría de los partidos políticos en el Parlamento provisional-, los serbios moderados tanto en Belgrado como en Kosovo defienden la partición y un estatuto especial para las iglesias, entre las que se encuentra el Patriarcado de Pec, mientras que los radicales llegan a hablar de guerra en caso de que se produzca la independencia. La mayoría de analistas considera que esta última es la única opción, aunque con condiciones. A través del Consejo de Seguridad, la comunidad internacional tiene la última palabra.

"Nuestra posición no es nueva y es muy clara: independencia total para Kosovo", aseguraba ayer en su despacho del Parlamento Fatmir Sejdu, dirigente de la Liga Democrática de Kosovo, el partido del presidente, Ibrahim Rugova. "Creemos que sería demasiado peligroso que la situación se prolongase indefinidamente por lo que debemos avanzar con rapidez", agrega Sejdu, partidario de que las tropas de Kfor sigan en la provincia. Rame Buja, diputado del PDK, partido de la oposición que surgió de la guerrilla del ELK, afirma que "actualmente no hay problemas de seguridad, pero las cosas pueden cambiar si las negociaciones se prolongan". La posición serbia no puede estar más alejada. "Kosovo forma parte de Serbia. No sólo de su historia, sino de su presente y su futuro", dijo ayer en Belgrado el presidente serbio, Vojislav Kostunica.

La situación económica en Kosovo es un desastre: las cifras optimistas hablan de un 60% de paro, mientras que los cortes de electricidad son constantes (anoche, con temperaturas bajo cero, Pristina llevaba 24 horas sin electricidad ni calefacción). La inversión industrial es mínima en una provincia que siempre fue la más pobre de la antigua Yugoslavia. Con una población en un 60% menor de 25 años, el descontento es creciente.

Con su movimiento "No negociación, autodecisión", el ex portavoz del ELK y dirigente estudiantil Albine Kurti ha llenado de pintadas Kosovo -incluyendo los muros de la sede de la Misión de la ONU, UNMIK-. Ayer dio un mitin en la Facultad de Derecho de Pristina ante un público que le aplaudió intensamente. Excelente orador, está ganando protagonismo entre los jóvenes con un discurso basado en la idea de que Kosovo "no debe mostrarse servil ante la comunidad internacional" y tiene que declarar su independencia sin depender de nadie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de noviembre de 2005