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PREMIOS NACIONALES DE HISTORIA Y DE FOTOGRAFÍA

Santos Juliá, intérprete de las 'dos Españas'

El libro galardonado revisa el papel de los intelectuales desde el siglo XIX hasta la transición

Santos Juliá fue galardonado ayer con el Premio Nacional de Historia 2005 por su obra Historias de las dos Españas, un análisis sobre el papel de los intelectuales en los siglos XIX y XX. El historiador, columnista político de EL PAÍS, ha dedicado una gran parte de sus trabajos de investigación a cuatro temas básicos: Madrid, el PSOE, Manuel Azaña y los intelectuales, además de otras cuestiones de la historia contemporánea española. Por su parte, Ouka Leele fue galardonada con el Premio Nacional de Fotografía por sus personales aportaciones cromáticas, compositivas y narrativas que tienden a cuestionar los límites del lenguaje de la fotografía, según explicó el jurado.

Ayer por la mañana, poco después de recibir la noticia de la concesión del premio, Santos Juliá ya tenía la voz ronca. "De tanto hablar", dijo. Pero la voz reflejaba también felicidad. El jurado, presidido por Rogelio Blanco, director general del Libro, y compuesto por Carlos Seco Serrano, Alfonso Rodríguez Gutiérrez de Ceballos, Juan Velarde, José Álvarez Junco, María Dolores Cabañas, Manuel Pérez Ledesma, Carmen Labrador y Julio Valdeón, premiado en la edición anterior, galardonó con el Premio Nacional de Historia su libro Historias de las dos Españas (publicado por Taurus), un profundo análisis sobre el papel que han jugado los intelectuales desde el siglo XIX hasta la transición política. El premio está dotado con 15.000 euros.

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Santos Juliá (El Ferrol, A Coruña, 1940) es autor, entre otros libros, de La izquierda del PSOE: (1935-1936); Orígenes del Frente Popular en España: Madrid, 1931-1934; Manuel Azaña. Una biografía política; Madrid. Historia de una capital; Los socialistas en la política española: 1879-1982, y Violencia política en la España del siglo XX.

Con Historias de las dos Españas fueron seis los años de trabajo duro, pero muy satisfactorio, recordó ayer el historiador. "Ha sido un libro de reposo. Escribía y lo dejaba reposar. He rebatido, hablado y discutido con mis colegas cada capítulo. Es una obra con la que he disfrutado durante mucho tiempo. No he intentado probar cosas, sino descubrirlas para mí mismo. La recompensa de un investigador es de orden interior, de probar que el trabajo no es una condena, sino un gusto. Pero, claro, que los colegas lo reciban de esta manera me afecta muy especialmente y me provoca un placer grande", explicaba Santos Juliá, catedrático en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, director del Departamento de Historia Social y Pensamiento Político en dicha universidad, y columnista político de EL PAÍS.

Historias de las dos Españas surgió, señaló ayer su autor, a raíz de la investigación realizada en torno al papel de los intelectuales y su presencia en la esfera pública desde el 98 hasta la actualidad. "En esa investigación fue apareciendo el que una parte importante del discurso de los intelectuales giraba en torno al tema de la nación, al llamado desde finales del XIX 'el problema de España' y que es específico de nuestro país. Me sorprendió, sobre todo, su duración de casi dos siglos". Es con el desastre del 98 cuando se agudiza esa conciencia problemática de España y que va dividiendo a los intelectuales en dos grupos bien diferentes: liberales ilustrados frente a católicos tradicionales, nuevos frente a viejos. Ahí están el intelectual de la protesta (Unamuno), el maestro o educador (Ortega), el constructor del Estado (Azaña) o el intelectual católico, como Balmes o Menéndez Pelayo. "Son muchas las historias que van jalonando estos dos siglos, de ahí el título, y esas historias forman parte del relato ante el problema de España", dice su autor.

Según Santos Juliá, esa división dura hasta los años cincuenta cuando surge una nueva generación de intelectuales. "Los intelectuales representaron la historia como la escisión entre dos Españas, una escisión que finalmente se cerró con la generación de Sánchez Ferlosio, Alfonso Carlos Comín o Carlos Barral y otros muchos más, cuando se presentan como hijos de vencedores y vencidos, cerrando ese relato, eliminando la escisión entre vencedores y vencidos y manifestando su interés, no ya por la identidad nacional, sino por la democracia, las libertades y el Estado de derecho".

Santos Juliá califica de "peligroso e inquietante" el último discurso del cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, en donde relacionaba la identidad española con la religión católica, y venía a decir que si España no es católica, terminaría por desaparecer. "Este discurso, en pleno siglo XXI, nos retrotrae de nuevo a las dos Españas", se lamenta el historiador y catedrático. "No creo que este discurso sea el de la Iglesia en su conjunto, pero sí de un sector muy importante del episcopado español", añade preocupado el historiador.

Santos Juliá cree que desde mediados de los ochenta y principios de los noventa, años en los que se produjo la caída de los regímenes comunistas, ha regresado de nuevo a la vida política e intelectual el problema de las identidades colectivas. El historiador cree que su obra puede servir para el debate actual sobre la nación y también sobre el papel de la Iglesia católica. "Historias de las dos Españas es un trabajo de investigación realizado desde el presente. En este sentido, aborda algo el debate en el presente, un debate que sigue interesando. El tema de las identidades nacionales es permanente. Pero hay que tener en cuenta que en la historia cada uno es sólo responsable de lo que hace, pero es imprescindible e importante conocer lo que hicieron otros".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de noviembre de 2005