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El polígono industrial de Nàquera vierte desde hace tres años aguas residuales al subsuelo

La Confederación Hidrográfica del Júcar concluirá en pocos días una investigación de oficio

El polígono industrial de Nàquera vierte, al menos desde hace tres años, aguas residuales al subsuelo. Los vertidos, observados por varios vecinos, fueron confirmados ayer por la Confederación Hidrográfica del Júcar, que instruye desde junio una investigación de oficio al haber constatado claros indicios de los mismos. El polígono, que tiene una extensión de un millón y medio de metros cuadrados y en el que operan de momento 50 empresas, no está conectada a ninguna depuradora. El Ayuntamiento firmó recientemente un convenio para levantar una nueva en el plazo de dos años.

"Hasta dentro de dos años", momento en el que está previsto que comience a funcionar la depuradora, "tendremos un problema grave", afirmó ayer Manuel Alcalde, Comisario de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ).

Nàquera (El Camp de Túria) tiene un censo de poco más de 3.700 habitantes, aunque su población se multiplica en los meses de verano. El polígono industrial se encuentra en el extremo suroeste del término municipal, a cuatro kilómetros del centro urbano. A pocos kilómetros de allí comienza la zona protegida del Parque Natural de la Serra Calderona.

La investigación de la CHJ comenzó en junio, después de que el personal de la Guardería de Aguas observara sobre el terreno indicios de los vertidos. La Guardería se ha entrevistado desde entonces con los propietarios de las empresas para valorar la toxicidad de los residuos y los sistemas de autodepuración con los que, en su caso, cuentan las empresas. El informe de la investigación estará concluido la semana que viene. A partir de entonces el organismo procederá previsiblemente a abrir expedientes sancionadoras. Las empresas que garanticen el almacenamiento de las aguas contaminadas y su posterior traslado, por medio de cubas, a una depuradora, podrán continuar abiertas. Las que no, deberán cesar su actividad.

Responsabilidad municipal

"Los ayuntamientos no deberían dar licencia de actividad [a las empresas] sin contar previamente con la infraestructura" necesaria para tratar las aguas contaminadas, señaló ayer, utilizando el sentido común, el comisario de Aguas de la CHJ.

Preguntado ayer por el destino de las aguas del polígono, el alcalde de Nàquera, Ricardo Arnal, del Partido Popular, contestó que los residuos "irán a una fosa séptica", con la que contaría cada nave industrial, y serían evacuadas más tarde "por alguna de las empresas que se encargan de esos trabajos". El alcalde no supo citar a ninguna empresa en concreto de las que se estarían encargando de trasladar los residuos.

Varios vecinos aseguran haber observado los vertidos en distintos lugares en torno al polígono. Uno de ellos es la cuneta de la carretera Nàquera-Montcada, que tiene una profundidad de unos 40 centímetros y una anchura de medio metro. Las fuentes afirman haber visto, en numerosas ocasiones, colmada de aguas contaminadas.

El alcalde declaró que, de ser cierto, los vertidos "serían una barbaridad". ¿No deberían haberse realizado la conexión entre el polígono y la depuradora en el momento de la urbanización de la zona, acometida mediante Planes de Actuación Integrada? "¿Qué quieres?", preguntó ayer Ricardo Arnal, "¿que te diga que sí? Pues sí, debió haberse hecho entonces".

El polígono de Nàquera, con sus dimensiones actuales, se proyectó y se urbanizó entre 1999 y 2003, bajo el gobierno municipal de Salvador Pérez, también del PP, al que algunas fuentes apuntan hoy como rival interno del alcalde Ricardo Arnal.

La urbanización de al menos 426.000 metros cuadrados del polígono recayó en Prosunaq Gestión, SL. La sociedad (ver EL PAÍS 17-5-2003) era entonces propiedad, entre otros, y a través de empresas interpuestas, de Gil Garrido García y del aparejador municipal, Juan Carlos Piquer Valverde, quien a su vez es primo de Mercedes Alemany Piquer, esposa del alcalde Salvador Pérez.

Los terrenos sobre los que se levantó el polígono industrial se destinaban previamente al cultivo de naranjas, almendras y algarrobas. El metro cuadrado se pagaba, como mucho, a 24 euros. El precio del suelo industrial, una vez urbanizados los terrenos, se ha multiplicado por diez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de septiembre de 2005