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Crítica:

Mujeres en el fascismo español

La dictadura de Franco condenó a la mayoría de españolas a un papel subordinado y reducido al ámbito doméstico y las dirigentes de la Sección Femenina fueron las encargadas de difundir esa ideología. La historiadora Kathleen Richmond analiza sus trayectorias.

Su misión fue modelar y sustentar el perfil ideológico de la nueva mujer nacida con el régimen franquista. Una mujer sin pasado y sin derechos, a la que al tiempo que se la modernizaba con normas de higiene y consejos de lactancia, se la recluía en el hogar y se la invitaba a la sumisión. La Sección Femenina de Falange actuó a lo largo de su historia como la correa de transmisión de los valores morales y políticos del franquismo. Esa subordinación ideológica permitió a sus mandos sobrevivir hasta las mismas puertas de la transición.

Pero la profesora Kathleen Richmond, al bucear en sus contenidos ideológicos, recuerda que además de jugar el papel asignado, la Sección Femenina trató de mantener un espacio propio dentro del pugilato de fuerzas ideológicas que sirvieron a Franco y que, a la vez, se beneficiaron de la dictadura. Aunque la Sección Femenina defendió a ultranza el papel de la mujer como madre y su función procreadora -siguiendo la corriente alemana de traer al mundo hijos sanos y fuertes-, encarnó cierta corriente modernizadora frente al oscurantismo de la jerarquía religiosa. Frente al velo, las medias, la rebeca veraniega para ir a misa y el obligado paseo por la playa envuelta en albornoz, la Sección Femenina promovió el ejercicio físico y la gimnasia, aunque fuera con pololos. Por el contrario, Pilar Primo de Rivera y sus colaboradoras negaron a la mujer el derecho a elegir y cerraron las puertas del mercado laboral a la casada.

LA SECCIÓN FEMENINA DE LA FALANGE, 1934-1959

Kathleen Richmond

Traducción de

José Luis Gil Aristu

Alianza. Madrid, 2004

277 páginas. 17 euros

Richmond se adentra en el interior de esta ambigua organización en la que Pilar Primo de Rivera trató de llevar a cabo el encargo de su hermano José Antonio de crear una rama femenina dentro de Falange y analizar sus símbolos y sus señas de identidad y sus semejanzas y diferencias con la etiqueta fascista genérica. Concebido inicialmente como un ensayo académico, Kathleen Richmond, vinculada a la Universidad de Salamanca y catedrática y miembro del equipo directivo del instituto de enseñanza media Sandown, en la isla de Whight, ha enriquecido su trabajo con entrevistas realizadas en los años noventa a algunas de las afiliadas de la primera Sección Femenina; Vicky Eiroa, Mercedes Sanz Bachiller, Marichu de la Mora (escasamente citada a pesar de su destacado papel de colaboradora de Pilar Primo de Rivera en los años de la guerra civil), Lula de Lara, Mercedes Formica, Teresa Loring y Mónica Plaza, entre otras. Al mismo tiempo, ha conversado con dirigentes de los últimos tiempos, como Adelaida del Pozo. La combinación de fuentes orales y escritas constituye el núcleo duro de este ensayo que además de analizar la verdadera influencia de la Sección Femenina en la dictadura franquista y su paralelismo con la rama femenina del nacionalsocialismo alemán, explora la procedencia social y las concepciones sexuales de los mandos de la organización. La inclusión de algunas fotografías de la época contribuye a dar un acertado toque de evocación de ese tiempo felizmente ido. Aunque la conclusión final depende de la óptica del lector, al final sobrevuela la paradoja de que a pesar de negar a la mujer proyección exterior, muchas de las primeras regidoras de la Sección Femenina lograron su dimensión pública gracias a pilotar esta organización.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de julio de 2005

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