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Crítica:

El origen del superhéroe

Ante el estreno de Batman begins, la primera pregunta que surge en la mente es por qué alguien como Christopher Nolan, autor de la excelente Memento y de la notable Insomnia, se atreve con una nueva adaptación del cómic del hombre murciélago. Sobre todo cuando aún están recientes cuatro entregas de sus aventuras, dos de ellas dirigidas por un nombre tan incontestable como Tim Burton. La respuesta, evidentemente, es clara: porque Nolan piensa que tiene virtudes que aportar a la tipología del personaje y al círculo vital donde éste se desarrolla. Y a fe que, a lo largo de buena parte de la película, lo demuestra.

Los 50 primeros minutos de Batman begins, los que ilustran el origen del protagonista, cómo un niño rico que hereda un imperio empresarial termina pasándose al lado claro de la vida y convirtiéndose en el azote de los villanos de una gran ciudad, son magníficos. Incluso el público que no sea demasiado fanático de los cómics sabrá captar la esencia de un personaje que, por momentos, resulta apasionante y de una película que despliega un ideario de plena actualidad a través del dibujo de unos malvados (cuyos discursos parecen réplicas de los de Osama Bin Laden) que resultan mucho más peligrosos y mucho menos infantiloides que el Joker o el Pingüino de los filmes de Burton.

BATMAN BEGINS

Dirección: Christopher Nolan. Intérpretes: Christian Bale, Michael Caine, Katie Holmes, Liam Neeson. Género: acción. EE UU, 2005. Duración: 140 minutos.

Fría iconografía

Sin embargo, es enfundarse Christian Bale el disfraz de Batman, y la película se viene abajo porque se convierte en más de lo mismo. Resulta sorprendente cómo la gran mayoría del cine de aventuras, acción y ciencia-ficción de Hollywood, llegado un punto del metraje de sus productos, sólo es capaz de ofrecer un clónico tras otro, con secuencias absolutamente intercambiables y personajes que sólo muestran un esbozo de lo que podrían dar de sí. Podemos hablar de Matrix, de Blade, de X-Men, de Misión imposible o de Elektra, pero parece que el combate de artes marciales, la persecución en coche más o menos evolucionado (aquí, el batmóbil), la lucha-desenlace entre protagonista y antagonista y el epílogo abierto parecen inevitables.

Aun así, hay algo más que distingue (para bien) a Batman begins de otros productos semejantes: que frente a la estética gótica de las dos adaptaciones de Burton, Batman (1989) y Batman vuelve (1992), Nolan ha sabido aportar una iconografía distinta, mucho más fría y menos esteticista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de junio de 2005