EL DEFENSOR DEL LECTOR
Columna
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Problemas de física

En la última página del 6 de mayo se publicó la orden dada por un jefe de la CIA al agente Gary Schroen días después del 11-S: "Tu misión es encontrar a Bin Laden, matarlo y traernos su cabeza en una caja de hielo líquido, para que yo se la lleve después al presidente".

El día de la publicación estaba junto a un profesor universitario de Física cuando éste leyó la frase. "Voy a tener que enviarte una carta", dijo. "Cómo se os ocurre hablar de hielo líquido. El hielo es precisamente el agua cuando deja de ser líquida y pasa a ser sólida". No tuve más remedio que asentir e improvisar una excusa.

Pero resulta que el hielo líquido es un producto que se puede comprar y sirve para conservar, como se deduce de la frase del espía. Es conocido en los medios pesqueros y varios investigadores trabajan en España sobre sus aplicaciones. Uno de ellos es Santiago Aubourg, del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo.

"Lo que se conoce como hielo líquido es una mezcla de agua salada y cristales microscópicos de hielo, que se encuentran en suspensión", explica Aubourg. Con ella se baña el pescado después de ser extraído del mar para conservarlo a temperaturas que van de 1 a 1,5 grados bajo cero. Así, el producto se mantiene fresco más días que con otros productos y se evita la congelación. "La ventaja de esta mezcla es que logra un enfriamiento más rápido que con el hielo tradicional y las partículas de hielo que contiene, muy pequeñas, no causan daño alguno", precisa el investigador.

La locución hielo líquido, por tanto, no es ya una punible aberración, sino un oxímoron, ideado probablemente por un agudo responsable de mercadotecnia y no por un poeta. La podemos sumar a otras expresiones contradictorias como pequeño gigante, realismo mágico, caos controlado y todas esas impublicables que tanto divierten en las reuniones.

Al hilo de esta queja, he recuperado una anterior remitida por otro profesor de Física. Días después de que el fuego destruyera en Madrid el edificio Windsor fue publicado un gráfico (reproducido arriba) que "viola alguna que otra ley de la física", en palabras utilizadas por Juan Miguel Campanario, de la Universidad de Alcalá de Henares, que remitió al diario un minucioso análisis sobre el gráfico y la teoría del reflejo que lo sustentaba.

Dicha teoría fue difundida después de que se conociera que una pareja había grabado en vídeo a dos personas con casco que estaban dentro del edificio en llamas cuatro horas después de iniciado el incendio. "Si el esquema que publica el diario es correcto en todo lo demás y representa más o menos adecuadamente las alturas de los edificios y de los puntos 1, 2 y 3, y la fachada del Windsor es plana, es físicamente imposible que los videoaficionados hayan grabado un reflejo del punto 3", aseguraba Campanario.

Un rayo de luz que partiera de los bomberos y se reflejara en la fachada del Windsor habría seguido el camino que muestra el gráfico de la derecha y habría sido imposible que lo captara la videocámara, que era manejada muchos metros más abajo. "Ese rayo no es libre para elegir su camino, sino que, le guste o no, debe obedecer las leyes de la física. Al contrario de lo que sucede con las leyes humanas, la física no necesita jueces ni policías para hacer cumplir sus leyes", subrayaba el profesor. Por tanto, a partir de los datos disponibles entonces, lo más probable ya era que las imágenes captadas mostraran personas situadas dentro del edificio, y no un reflejo de bomberos trabajando fuera. Tres meses después del incendio, la policía ha concluido su investigación y ha descartado la teoría del reflejo.

¿Cómo pudo publicarse un gráfico con ese error? Cuando alguna fuente facilita una información sobre hechos que se ven afectados por leyes humanas, es habitual que quien la elabora consulte la norma en cuestión y, si es preciso, contacte con un experto que la conozca bien para asesorarse. Por ejemplo, en otra información sobre el incendio del Windsor, referida a los responsables del siniestro, se recurría a expertos en la normativa correspondiente para elaborar la relación de los que pueden acabar pagando por él. Si se hubiera procedido igual al abordar la teoría del reflejo es más que probable que se hubiera evitado el error.

A la hora de elaborar informaciones, por tanto, conviene no olvidar que las leyes de la naturaleza se han de tener tan en cuenta como las humanas. O más, porque dejan mucho menos espacio a la interpretación.

En defensa de 'loor'

La semana pasada incluí en esta columna las preferencias de un lector por la expresión en olor de multitud frente a en loor de multitud y recogí un comentario al respecto que Fernando Lázaro Carreter publicó en 1990. El autor de la frase que daba pie al tema es Leontxo García, el especialista en ajedrez del diario, que ha querido identificarse y defender el uso de loor. Éste es el párrafo que ha remitido:

"Por una vez, y con mucha humildad, me atrevo a disentir de mi admirado Lázaro Carreter, quien tanto me enseñó. Que una palabra sea inusual, como él subraya a propósito de loor (elogio), no quiere decir que no convenga promover su uso en determinadas circunstancias. Pensemos, por ejemplo, en un estudiante de nuestro idioma que se encuentra con la expresión en olor de multitudes: dado que las multitudes suelen oler mal, le asaltarán las dudas sobre su significado. Yo la elegí con premeditación para la entradilla de mi crónica sobre el recibimiento del ajedrecista Bobby Fischer en Islandia porque, muy modestamente, deseaba aportar un poco de sentido común en el uso del idioma, que últimamente echo en falta cuando veo algunas decisiones de la Real Academia. Por poner un ejemplo, bendecir el uso de en loor de multitudes me parece mucho más lógico que aceptar overbooking a pesar de que existe sobreventa".

Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector por carta o correo electrónico (defensor@elpais.es), o telefonearle al número 91 337 78 36.

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