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Agustín Sánchez Vidal desentraña "el genoma del universo" en 'La llave maestra'

El escritor inaugura con la novela una nueva colección en el sello Suma de Letras

Es una novela con intriga histórica, personajes reconocibles y reinterpretados -como Felipe II y su red de espías-, y escenarios llenos de vericuetos y trampas, como ese cuartel general del imperio y eje del universo que era el monasterio de El Escorial, el cual, según Agustín Sánchez Vidal, sabio profesor universitario metido ahora a novelista de quitar el aliento con La llave maestra, "era como la Casa Blanca, la Biblioteca del Congreso y el Instituto de Massachusetts, pero todo junto". Con su debut en el género, inaugura la nueva andadura del sello Suma de Letras, que se lanza al mundo de la "novela comercial", como explicó su directora, Ana Rosa Semprún, con una colección en tapa dura.

La clave para escribir La llave maestra se la dio una pequeña noticia que leyó hace diez años en un periódico: "Decía que una mujer estadounidense, de origen sefardí, había llegado a Toledo con la llave de la casa de sus antepasados, que habían huido de España en el siglo XV. El caso es que encontró la casa, metió la llave y la puerta se abrió", explica Sánchez Vidal, profesor de la Universidad de Zaragoza, experto en cine, gran conocedor de Buñuel, autor de un libro fundamental sobre uno de los tríos creativos más fascinantes de la historia: Lorca, Buñuel, Dalí. El enigma sin fin (Planeta).

Los tres eran caballeros de la Orden de Toledo, una ciudad que el autor conoce en su superficie y en sus tripas y que también fascina a Carlos Saura, que presentó junto a él la novela y con quien colaboró en el guión de Buñuel y la mesa del Rey Salomón. Toledo y El Escorial son dos escenarios clave en la novela, que transcurre en tiempos paralelos: "Existe una trama histórica y otra actual porque, sobre todo, la obra trata de dar respuestas a enigmas de hoy", asegura Sánchez Vidal.

"¿Qué quedará para la historia de nuestra época? ¿La elección del nuevo Papa o que existen teléfonos móviles con los que se pueden rodar películas?", se pregunta Sánchez Vidal, teniendo en cuenta que la información se ha convertido en el gran tótem de nuestro tiempo

. El uso de la historia, en su nueva novela y en toda su vida, es absolutamente práctico: "No me interesa la historia que no aporta nada a nuestro tiempo", afirma. "Pero La llave maestra no es una obra histórica, trata de descifrar el genoma del universo".

Ambicioso, dirán muchos. Y tanto. Además, sin complejos. Que quieren vender su novela como una obra comercial, pues muy bien. "Eso ni le quita ni le añade; en todo caso, le añade. Yo no he querido hacer un best seller con receta precocinada. No he leído El nombre de la rosa, ni El código Da Vinci", confiesa, "no se puede pretender fabricar un best seller, eso es algo que decide el público".

Elementos fascinantes no le faltan. A la red de espías de Felipe II, la mayor de toda su época, le acompañan la figura cúbica en Juan de Herrera, los enigmas de Salomón y un criptógrafo de estos tiempos, rebotado de Ekelon, "esa buitrera", dice Sánchez Vidal, donde trabajan 48.000 personas en Estados Unidos descifrando enigmas y códigos históricos ocultos, entre satélites espías y tecnología punta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de abril de 2005