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Reportaje:

El retorno del gran obelisco de Aksum

Italia devuelve a Etiopía el viejo monumento arrebatado por Mussolini

El gran obelisco ha vuelto a casa. Una operación espectacular que ha afrontado enormes retos técnicos, incluido el uso de un gigantesco avión de carga Antonov-125, ha permitido el regreso a su lugar de origen, tras un exilio de 68 años, de uno de los monumentos más significativos de Etiopía, arrebatado en 1937 por las tropas fascistas italianas. El milenario obelisco de Aksum, un bloque esculpido de 24 metros de altura y 160 toneladas de peso, considerado un símbolo del país y un tesoro nacional, concluyó ayer un largo viaje de retorno después de años de negociaciones diplomáticas.

Para transportarlo desde Roma hasta la ciudad de Aksum, al norte de Etiopía, ha sido preciso trocear el inmenso monolito en tres secciones. El primer trozo -el de en medio- fue enviado el martes y el superior el viernes. Con la llegada ayer del tercero, todo el obelisco de 1.700 años, decorado y considerado un ejemplo sin par de la arquitectura del otrora poderoso reino axumita o reino de Aksum, descansa de nuevo en su patria.

La caída de un rayo sobre el monolito en 2002 hizo que se hablara de "la maldición del obelisco"

Miles de personas con rosas y banderas recibieron con júbilo ayer el obelisco volador, para cuyo regreso ha sido necesario ampliar la pista del aeropuerto y reforzar dos puentes. El obelisco fue transportado luego en tres camiones a la zona arqueológica de Aksum, inscrita en la lista del patrimonio mundial de la Unesco, donde se encuentran otros monumentos similares.

Los soldados de Mussolini se habían llevado el obelisco aplanando 400 kilómetros de terreno entre Aksum y el puerto de Massaua, en el mar Rojo, desde donde se transportó por barco hasta Italia. El Duce, deseoso de emular a los césares que trasladaron los obeliscos egipcios y de vengar la derrota del cuerpo expedicionario italiano en Adowa, en 1896, lo hizo instalar en Roma, delante del Ministerio de Asuntos Africanos (Piazza di Porta Capena). Tras la caída del fascismo, Italia se comprometió a devolver el monolito, embarazosa reliquia colonial, pero el asunto parecía tan complicado como el de los mármoles del Partenón o el busto de Nefertiti. El acuerdo definitivo con el Gobierno de Berlusconi no ha sido fácil y ha provocado polémica en Italia. La caída de un rayo sobre el monumento en 2002 fue para algunos un mal presagio y se llegó a hablar de "la maldición del obelisco". Desde un punto de vista más práctico, el desmantelamiento y traslado ha posibilitado la restauración de la pieza.

A diferencia de los obeliscos egipcios, símbolos solares erigidos en los templos a la gloria de los faraones, los obeliscos etíopes -que pueden ser igual de grandes- son enormes estelas funerarias que representan fachadas de casas, con puerta y ventanas esculpidas. Su cúspide es redondeada. El devuelto por Italia fue levantado por Ezana (320-350), el más notable de los soberanos de Aksum, destructor de Kush y primero en convertirse al cristianismo.

Aksum, la antigua Axomis griega, se convirtió en la capital religiosa de Etiopía. Sus reyes ostentaban el título de negusa nagast, "rey de reyes", y remontaban su linaje a Salomón y la reina de Saba. Este linaje fue adoptado por los emperadores de Etiopía hasta Haile Selassie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de abril de 2005