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Entrevista:GIORGIO FALETTI | Escritor

"Nadie escribe libros para no venderlos"

El club de los best seller tiene nuevo socio. Se trata del italiano Giorgio Faletti, que con su debut como novelista, titulado Yo mato (Grijalbo), ha vendido dos millones de ejemplares. Un hombre que ha pasado de ser cómico y músico a meter miedo y a describir la crueldad y la maldad de un asesino en serie en Montecarlo. Ese cambio de línea lo ha hecho con un protagonista, emparentado con recientes personajes literarios y cinematográficos, que ha hecho que Faletti sea considerado "el padre del spaghetti thriller". El caso de Faletti (Astia, 1950) es el del nacimiento de un fenómeno literario. El de alguien que desde 2002 vende millones de ejemplares del libro con el que debutó mientras de su segunda novela, Niente di vero tranne gli occhi (Nada es verdad excepto los ojos), ha vendido 800.000 ejemplares en seis meses. Así, este cómico reconvertido en escritor ha iniciado su conquista por idiomas como el alemán, el inglés y el japonés, mientras la productora Filamuro / Aurelio de Laurentiis ha adquirido los derechos de Yo mato para el cine.

"El género negro es el único que evoluciona por el avance de la sociedad, donde cambia tanto el modo de cometer delitos como de investigarlos"

Pregunta. ¿Qué se siente al vender dos millones de libros?

Respuesta. ¡Es un milagro! Aún no me lo creo y pienso que me están grabando del programa de cámara oculta Bromas aparte, y en cualquier momento me dirán: "¡Eh, esto es una broma!".

P. ¿Qué opina de los best seller?

R. Nadie escribe libros para no venderlos. Yo soy un autor de un género literario en el que no soy Hemingway, ni me propongo serlo. No he pretendido otra cosa que lo que soy. Y hay buena y mala literatura de entretenimiento.

P. ¿Cómo está la novela negra?

R. Es el único género que evoluciona por el avance de la tecnología y la sociedad. Evoluciona tanto la manera de cometer delitos como las investigaciones y maneras de perseguir al criminal.

P. ¿A qué atribuye su éxito?

R. En parte ha sido la sorpresa de que la gente me viera en otro registro. El de que un cómico y músico muy popular decidiera escribir un psicothriller.

P. ¿Y literariamente?

R. El policiaco es un género en el que los anglosajones se basan en la trama, el método y la historia, y los europeos, en el estudio del personaje y el estilo. Yo mato es una vía intermedia. Y ha gustado tanto que ya me llaman "el padre del spaghetti thriller", y eso me divierte. Aunque si consiguiera hacer al menos la mitad de lo que hizo Sergio Leone en el cine sería feliz.

P. ¿A la gente le gustan esas descripciones tan detalladas o morbosas de la crueldad y la maldad?

R. No lo sé. En la literatura la crueldad y la maldad están filtradas por el ejercicio literario. En realidad el malo en la literatura es un poco romántico, cosa que no es en la vida real. Lo que más me interesa es que el lector sienta al final compasión por el asesino.

P. ¿Por qué?

R. Es una actitud diferente, aunque no innovadora, ahí está Hannibal Lecter, de Thomas Harris, que resulta simpático a pesar de sus crímenes. Quiero llevar al público por ese camino y no por el de la condena sin paliativos. No quiere decir que lo justifique, pero puedo entender sus motivaciones.

P. La música es clave en la novela, es refugio y salvación y el asesino la usa para dar pistas.

R. Es la única cosa en la vida que siempre te acompaña aunque no quieras. Seres como los de mi novela encuentran en ella una conexión extraña entre el mundo y ellos. Quizá toca cuerdas dentro de nosotros que no se pueden tocar de otro modo.

P. Ahora su nombre está unido al de escritores de best seller como Dan Brown, Ken Follet o Stephen King, ¿qué opina de ellos?

R. Hay una distinción: el éxito de Brown y su El Código da Vinci es el del tema y el momento. El de Follet es el éxito de un escritor. Hay que esperar a la próxima novela de Brown; y esa consideración vale para mí también. En cuanto a King, tiene títulos muy buenos como It. Es que el éxito de un autor sirve a todos, al escritor, al editor, al librero y al público.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de marzo de 2005