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El humanista que huye de las certezas y opta por la crisis

Su figura despierta un gran respeto en su profesión. A Antonio Fernández Alba no le valen las comodidades. Huye de las certezas, de lo que muchos dan rápidamente por válido y suele retar a quienes tiene alrededor con otras miradas, las que le proporciona una visión crítica constante de lo que le rodea, que casa perfectamente con la forma de ver la vida de amigos suyos, como el filósofo Emilio Lledó, que junto a Claudio Guillén y Luis Mateo Díez han impulsado su candidatura a la Real Academia Española (RAE).

El crítico Luis Fernández Galiano destaca de él, su "constante visión crítica del trabajo que realiza". Lo define como "un humanista, ante todo, que se niega a aceptar los estados de la cuestión y que opta por un panorama en crisis permanente", dice. "Además", agrega Fernández Galiano, "no concibe su profesión desde el espectáculo, sino que es un auténtico protagonista sin llegar a formar parte del mismo".

Pero su visión crítica y provocadora es positiva, con confianza en cosas que puede deparar el futuro. Desconfía de las zanjas constantes que exigen a las ciudades que se abran las carnes para instalar en sus organismos cables, artilugios para convivir con las nuevas tecnologías, pero tiene fe también en lo que suponen unas buenas olimpiadas a tiempo. "

Muchas veces sirven para replantear las ciudades, como fueron los casos espectaculares de Múnich y Barcelona".

Bien mirado, hasta las zanjas pueden resultar creativas en lo que se refiere al lenguaje. La gente jura más. "Consiguen que la fábrica constante de lenguaje que son las ciudades no cese. La agresividad se manifiesta de muchas formas. Ante tantas agresiones, sus habitantes sienten la necesidad de destruir cosas, también", afirma el recién elegido académico.

Tres vueltas

La elección de Fernández Alba fue rápida. En segunda vuelta lo pudieron escoger dos tercios de los 29 asistentes, entre los que había algunos poco habituales. Para ser elegido en primera vuelta se necesita la misma proporción pero del total de miembros de la institución, 41. Algo que no se logró entre los que acudieron ayer más los votos de cinco ausentes que lo enviaron por correo. Pero ni una, ni dos, ni tres votaciones -en la tercera vuelta con la mitad más uno de los presentes, 15 en el caso de ayer- bastaron para cubrir la plaza del sillón a, vacante desde la muerte de Domingo Yundurain.

Los tres aspirantes, los poetas Luis Alberto de Cuenca y Guillermo Carnero y el economista experto en nuevas tecnologías, José Terceiro, quedaron fuera. "Donde hay más de una candidatura, es difícil conseguir los votos necesarios teniendo en cuenta que ha habido algunos en blanco y algunos nulos, también", aseguró ayer el secretario de la Academia, Guillermo Rojo. ¿Es muy normal lo de los votos nulos? "Siempre puede haber algún despiste, son cosas que pasan", dijo Rojo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de diciembre de 2004