Irán espera un gesto de EE UU tras suspender su programa nuclear

Teherán no renuncia a su derecho a fabricar combustible atómico

Irán espera un gesto de EE UU tras anunciar ayer que suspende "todas sus actividades de conversión de uranio". Con esta medida, fruto de un laborioso acuerdo con la UE, Teherán intenta probar que no desea dotarse de armas atómicas, tal como le acusan Israel y EE UU. Sin embargo, el responsable del programa iraní dejó claro que su país no renuncia a fabricar combustible nuclear, lo que significa que la decisión es temporal.

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"No pueden seguir usando esto como pretexto y deberían cambiar de actitud", declaró en referencia a las autoridades de EE UU el portavoz de Exteriores iraní, Hamid Reza Asefí. Sus palabras pusieron de relieve algo que los observadores políticos vienen señalando desde hace tiempo: más allá del avance nuclear o de un triunfo diplomático, lo que el Gobierno iraní está buscando es legitimidad internacional. Y ésta sólo será plena si logran dar un vuelco a sus (malas) relaciones con Washington, que rompió lazos con Teherán en 1980 a raíz de la toma de su Embajada.

"Para negociar con EE UU debemos estar seguros de que ha cambiado su actitud hacia Irán", respondió Asefí a los periodistas. La Casa Blanca siempre se ha mostrado escéptica con la mediación europea y prefería la vía de las sanciones en el Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, en un giro inesperado, el pasado viernes, George W. Bush alabó el esfuerzo de Tony Blair junto a Francia y Alemania en busca de un acuerdo. Washington, que siempre ha desconfiado del régimen islámico iraní, desea que Teherán renuncie de forma total y definitiva a fabricar su propio combustible nuclear. Bajo los términos del entendimiento alcanzado con los europeos, los iraníes se han comprometido a suspender la producción "durante el tiempo de las negociaciones para alcanzar un acuerdo a largo plazo (...) que dé garantías objetivas de que el programa nuclear tiene fines exclusivamente pacíficos".

"El acuerdo dice que los europeos apoyarán que Irán acceda al club del ciclo combustible", interpretó Hasan Rohaní, el jefe de los negociadores iraquíes para temas nucleares, en su comparecencia ante los medios. La insistencia iraní en este punto no es baladí. Teherán defiende que el Tratado de No Proliferación (TNP) no prohíbe que los países firmantes enriquezcan uranio para obtener el combustible para su programa energético.

Aumento de las sospechas

Fuentes diplomáticas europeas no se atreven a negar ese derecho, pero el texto firmado ayer resulta algo más ambiguo. De acuerdo con la copia en inglés, los Gobiernos de Francia, Alemania y el Reino Unido, con el apoyo de los representantes de la UE, "reconocen el derecho de Irán bajo el TNP ejercido conforme a sus obligaciones bajo el tratado, sin discriminación".

El problema surge con los niveles de enriquecimiento. No es lo mismo enriquecer uranio al 30% que al 90%. En este último caso, el producto obtenido se convierte en materia prima para la fabricación de armas nucleares. Las sospechas sobre que Irán estaría trabajando en ese sentido se fundan en que entre 1986 y 2002 escondió parte de su programa nuclear al Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y, una vez descubierto, hay elementos que no encajan con el uso civil.

Así lo han revelado las inspecciones llevadas a cabo en la central de Kalaye, las instalaciones de Nantaz, el proyecto de Arak, las estructuras de Lavizán-Shián, los centros de investigación nuclear de Teherán, Isfahán y Lashkar-abad, y en la base militar de Parchín.

Durante este último año, el comportamiento de Irán no ha hecho sino aumentar las sospechas. Tras haberse comprometido con Europa a cesar el enriquecimiento de uranio (Declaración de Teherán, octubre de 2003), las inspecciones del OIEA, las más extensas e intrusivas practicadas a un Estado del TNP, revelaron que Irán seguía ensamblando las centrifugadoras que se usan en ese proceso y convirtiendo uranio en el gas que se inyecta en ellas para lograrlo.

En su informe presentado ayer en Viena, el OIEA recuerda que Teherán ha cometido "numerosas violaciones" de sus obligaciones derivadas del TNP, pero reconoce que no se han encontrado pruebas de que materias radiactivas fueran utilizadas con fines militares, según informa France Press. El organismo internacional, sin embargo, añade que no puede "concluir que no existen actividades nucleares no declaradas en Irán" e indica que seguirá sus investigaciones.

"Anoche informamos al OIEA que suspenderíamos dos cosas a partir del 22 de noviembre: la producción y el montaje de componentes [de las centrifugadoras] y la conversión de uranio", subrayó Rohaní para solventar cualquier duda. El responsable iraní respondió que el plazo de la suspensión "es absolutamente ilimitado", pero aseguró haber "convenido con los europeos que las discusiones deben avanzar". "Les hemos dicho que la duración debe ser razonable y nos han respondido que será un asunto de meses, no de años".

De momento, el preacuerdo ha permitido alejar la amenaza de que el OIEA remita el caso al Consejo de Seguridad de la ONU cuando se reúna el próximo día 25. Y si sus inspectores, cuatro de los cuales ya se encuentran en Irán, verifican el compromiso, es más que probable que este dossier desaparezca de la agenda del OIEA, tal como reclamaba Teherán. En una segunda fase, que se iniciará el 15 de diciembre, Irán y la UE negociarán ese acuerdo a largo plazo que incluye cooperación económica, tecnológica y nuclear.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 15 de noviembre de 2004.

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