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LA INVESTIGACIÓN DEL 11-M

Un argelino condenado por terrorismo islamista es el séptimo suicida del 11-M

El CNI alertó de la desaparición de Allekema Lamari de Lavapiés cinco días antes del atentado

El argelino Allekema Lamari, de 39 años, es el séptimo suicida muerto en la explosión del piso de Leganés (Madrid), ocurrida el pasado mes de abril cuando la policía cercó a los presuntos autores del 11-M, según confirmó ayer el Ministerio del Interior, que le considera el emir del grupo. Agentes de la Policía Científica viajaron a Argel para obtener pruebas de ADN de los familiares del islamista radical. Los resultados señalan, con un margen de error cero, a Lamari como el séptimo terrorista cuyo cadáver seguía sin identificar. El CNI alertó de su desaparición cinco días antes del 11-M.

En septiembre de 2003 anunció un gran atentado con un coche bomba, según el CNI

La identidad del séptimo suicida era hasta ahora uno de los enigmas sin resolver del 11-M y podía condicionar el enfoque de las investigaciones en función del perfil de este hombre sin rostro, cuyo cuerpo quedó irreconocible. Pero las sospechas iniciales se han confirmado: se trata de Allekema Lamari, un viejo conocido de la policía y de los jueces de la Audiencia Nacional por sus numerosos antecedentes como islamista radical. Un tipo de gran peso y predicamento entre los salafistas y ex miembros del Grupo Islámico Armado (GIA), en el que militó durante años.

Emir del grupo

El hecho de que Lamari formara parte del comando terrorista es importante porque es, sin duda, el hombre más experimentado y con mayor capacidad de liderazgo de todos los suicidas muertos en Leganés y del resto de los detenidos por su presunta participación en el 11-M. Quizá debido a esta circunstancia ocupó el papel de emir (jefe) del grupo, según apuntaron ayer fuentes policiales. "Faltaba un tipo más experimentado que los demás y aquí lo tenemos", señaló ayer a este periódico el comisario de policía que participó en su detención en Valencia en 1997. Mandos de la Unidad Central de Información Exterior de la policía que dirigen la investigación del 11-M coincidieron en la relevancia que la personalidad de Lamari aporta al comando terrorista.

Allekema Lamari dirigió una célula del GIA argelino desarticulada en esa ciudad en 1997, a la que se le incautaron armas y propaganda de diversos grupos radicales. Fue procesado por el juez Baltasar Garzón y condenado a 14 años de prisión, aunque el Tribunal Supremo redujo su condena a nueve. El argelino cumplió cinco años y medio de la pena en la prisión de A Lama ( Pontevedra) y se trasladó a vivir una temporada a Tudela (Navarra), donde trabajó en el campo y mantuvo contactos con otras células salafistas de la comunidad foral.

A partir del año 2003 reapareció en Madrid y frecuentó el barrio de Lavapiés, la zona en la que se captaron a numerosos miembros del comando que protagonizó el 11-M. Desde entonces, era un personaje vigilado y observado intermitentemente por la policía y el CNI.

El pasado 6 de marzo, cinco días antes del ataque terrorista contra los trenes de Atocha, la unidad antiterrorista del CNI elaboró una nota interna en la que informó de la desaparición del barrio madrileño de Lavapiés de Lamari y de cinco radicales de su grupo, según fuentes del centro. El mismo 11 de marzo, agentes del CNI vigilaban en Valencia a varios ex miembros del GIA y los fotografiaron en un parque.

La desaparición de Lamari y su grupo se consideró interesante porque un confidente del CNI en Lavapiés informó que se había esfumado hacia varios días y que nadie conocía su paradero.

El 16 de marzo, cinco días después del ataque terrorista, el CNI elaboró un informe en el que responsabilizó a Lamari de los atentados del 11-M. En esa nota se asegura que el argelino "tenía las suficientes dotes de liderazgo y grado de fanatismo" para dirigirlo. Los agentes del CNI reclamaron su detención "urgente y prioritaria". Las sospechas del CNI sobre Lamari venían de lejos, porque el 6 de noviembre de de 2003, un año después de que el argelino saliera de prisión, elaboraron un informe en el que aseguraban que este inmigrante nacionalizado español comentó el plan de "elementos argelinos que podrían cometer un atentado en España". Lamari, siempre según la versión del CNI, habló entonces de "un gran objetivo" o un coche bomba pilotado por un terrorista suicida.

La pista de Lamari quedó grabada en un libro. Cuando se registró el piso de Leganés, en el número 40 de la calle de Carmen Martín Gaite, donde se suicidaron los siete terroristas, se hallaron dos huellas del pulgar de su mano izquierda entre las 217 encontradas entre los escombros. La marca del argelino apareció en un libro de rezos coránicos que le envió por correo en 1998 a la prisión su amigo sirio Safwan Sabagh, propietario de un asador de pollos en Valencia. Éste fue detenido el pasado mes de agosto y puesto en libertad.

El mismo ADN se localizó en el coche Skoda Fabia, encontrado por la policía el pasado 13 de junio en las cercanías de la estación de ferrocarril de Alcalá de Henares. La identificación del cadáver de Lamari se ha determinado con un margen de error "cero", según una nota del Ministerio del Interior. Las pruebas llevadas a cabo por dos biólogos se basaron en la saliva de Mohamed y Teldja, los padres de Allekema.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de octubre de 2004