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CARTAS AL DIRECTOR

Carta abierta de los padres de Jokin

Hay mensajes que hablan de su sonrisa; otros, de su forma de ser; hay quien ha escrito que Jokin, nuestro hijo, era "el más legal de la cuadrilla". No pasa un día sin que junto al lugar que él eligió para irse alguien deje una flor nueva, un mensaje recién escrito. Todos sin excepción hablan del mismo chaval sano y honesto que nosotros conocimos. Un muchacho que, lejos de vivir apartado del resto, se relacionaba con total normalidad. Hace dos años, en 2º de ESO, fue elegido delegado de curso por sus propios compañeros. Más tarde, cuando ya el acoso se estaba produciendo, no le faltaron invitaciones para cambiarse de cuadrilla, para dejar de lado a unos amigos que tanto le estaban haciendo sufrir. Pero él no lo hizo. Jokin era leal. Tan leal que de sus labios jamás se escapó acusación alguna. Por eso ahora pedimos respeto para él. Que no se repita tras su muerte el linchamiento que sufrió en vida.

A medida que vamos conociendo más detalles, más datos sobre las humillaciones, vejaciones y agresiones que sufrió Jokin en su último año de vida, vamos teniendo más claro que nuestro hijo no se suicidó; a nuestro hijo lo suicidaron. Para hablar de suicidio tendríamos que estar ante una decisión libremente tomada, sin injerencias externas. Pero día a día vamos teniendo más claro que Jokin tomó la decisión que tomó empujado por las humillaciones, por los insultos, por las palizas que venía padeciendo. Nuestro hijo tenía 14 años. No quería ser un chivato. Y veía que quienes tenían el deber de protegerlo, quienes sí sabían lo que estaba pasando, miraban para otro lado y lo dejaban abandonado a su suerte, a su mala suerte. Por eso decimos que su decisión no puede considerarse en ningún caso una decisión libre. Por eso decimos que a nuestro hijo Jokin lo suicidaron.

La semana pasada trascendió a la prensa que, durante una reunión celebrada en el instituto Talaia, la dirección del centro transmitió a los padres de los alumnos de 3º y 4º de ESO que una de sus principales preocupaciones hasta el momento había sido la de reconfortar a la familia de Jokin. Queremos hacer saber que esa afirmación es absolutamente falsa. Hasta el día de hoy no hemos recibido nada, solamente la visita de la sicóloga del centro. Ni un telegrama, ni una carta; mucho menos una visita o un abrazo por parte de la dirección del mismo. No hemos sabido nada del director desde el día siguiente a la muerte de Jokin. Una actitud que en nada se parece a las innumerables muestras de adhesión y de dolor que seguimos recibiendo de los vecinos de Hondarribia, de la comarca del Bidasoa y de tantos otros lugares de dentro y fuera de Euskadi, que aprovechando este escrito queremos agradecer profundamente. Como decíamos al principio, no pasa un día sin que junto a la muralla de nuestro pueblo no aparezca un ramo de flores, una hoja de papel con un mensaje en honor a la memoria de nuestro hijo.

Nuestro único objetivo es buscar la verdad. Queremos saber qué pasó, cómo sucedieron los hechos, por qué nuestro hijo sufrió tanto. Queremos saber por qué tantas compañeras y compañeros suyos nos dicen ahora una y otra vez "lo de Jokin se sabía". Vamos a llegar hasta el final. Aunque sólo sea para que estos hechos no se vuelvan a repetir jamás. Aunque sólo sea para que otros padres no sufran lo que nosotros estamos sufriendo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004