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"Mandela evitó un baño de sangre", afirma John Carlin

El periodista británico recoge en un libro sus crónicas del fin del 'apartheid'

En 15 años el periodismo de John Carlin se ha convertido en historia. Corresponsal de diversos medios internacionales en Suráfrica de 1989 a 1995, Carlin (Londres, 1956) es autor de unas magníficas crónicas -para escribir algunas de las cuales hubo de jugarse literalmente la vida- que documentan el fin del régimen del apartheid y el advenimiento de la democracia. Una selección de esos textos, un testimonio que conserva toda la emoción de aquellos tiempos convulsos pero esperanzadores, han aparecido en forma de libro bajo el título de Heroica tierra cruel (Seix Barral), coincidiendo con el décimo aniversario del cambio en Suráfrica. "No hubo un baño de sangre entonces por la ausencia de racismo de los negros hacia los blancos y por la inmensa grandeza de Mandela", afirma Carlin.

El periodista arriesgó mucho durante su cobertura de los hechos y el propio Mandela rinde tributo a su valor en el prólogo de Heroica tierra cruel. Por las páginas del libro desfilan los 25 de Upington, declarados culpables de la muerte de un policía y condenados 14 a la horca, De Klerk, Winnie Mandela, Desmond Tutu, una anciana asesinada a la que arrancaron un trozo para muthi -brujería-, afrikaners seguidores del terrible Terre-Blanche... Los artículos consagrados a la Tercera Fuerza, el terrorismo organizado desde dentro de las fuerzas de seguridad blancas a fin de enfrentar a negros contra negros (esencialmente los zulúes del partido derechista Inkatha contra el Congreso Nacional Africano -CNA- de Mandela), se cuentan entre los mejores. "Ése fue mi gran tema, un asunto muy escurridizo y peligroso", explica Carlin. "La gente que estaba detrás eran como fantasmas. Tuve muchas reuniones clandestinas con verdaderos asesinos. Hubo un coronel de los servicios secretos, al que entrevisté en Pretoria, que llevaba gafas oscuras y luego me dijeron que si en el curso de la conversación se las quitaba era la señal para matar inmediatamente a su interlocutor. A ese tipo lo juzgaron luego por más de 100 cargos de asesinato. Años después, gente de los servicios dijeron a conocidos míos: 'Pensamos seriamente en matar a John'". Carlin recalca que en su vida nunca ha corrido tanto peligro como en Suráfrica aquellos años. "Esa época, cuando se liberó a Mandela hubo una tremenda violencia, con masacres terribles a cargo de las hordas de Inkatha. Yo iba a los sitios y hablaba con la gente. Había mucho riesgo. Una vez estuvieron a punto de despedazarme a lanzazos".

Carlin reconoce que tuvo mucha suerte con el timing de su estancia en Suráfrica. "De hecho fui porque el anterior corresponsal se aburría porque no pasaba nada, la situación parecía estancada. Y entonces, en mi primera semana, Botha tuvo un infarto, llegó De Klerk y empezó a derrumbarse el apartheid; luego, en febrero de 1990, liberaron a Mandela". Cuando salió de prisión "su poder era absoluto, era Dios, y sin embargo siguió con el mensaje conciliador. Había tantas expectativas que parecía imposible que Mandela estuviera a la altura de su mito. Lo increíble es que lo superó con creces".

Cuando Carlin, que prepara un libro sobre el Real Madrid, habla de aquella época evidencia una honda nostalgia. "Es cierto que ahora Suráfrica no es ni mucho menos un paraíso terrenal, pero entonces, en aquellos días, todos llegamos a vislumbrar ese paraíso. El de la Suráfrica de entonces era un mundo moralmente más simple, los ideales eran más puros, había una causa definida. Fue un lujo estar en un tiempo y un lugar en el que las cosas se veían tan claramente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004